La dirección editorial de Farsolandia se permite fijar una posición sensata sobre el justo despido de la columnista que, en un acto de inteligencia alienígena, logró descubrir que la familia Santos, la política y el periodismo son una sagrada trilogía llamada poder.
De acuerdo con el Manual de rectificación y credibilidad de don Laureano Gómez, supremo abanderado de las ideas de avanzada, la crisis se debió manejar así:
1. La reaccionaria columna no se publica y la redactora recibe una sanción jurídica. Control ético del gremio.
2. La contumelia artera y comunista se denuncia enfáticamente por la multimedia (diario, canal, revistas, sitios Web). La fuerza mediática pone al descubierto las conductas culposas y protervas del libelo infamatorio.
3. Los directores de los grandes medios, en un gesto de solidaridad, le cierran sus puertas con un titular de ignominia.
4. El Tiempo se declara víctima abusada por un tenebroso complot contra la objetividad, el culto a la verdad, la libertad de prensa y el derecho a la información.
5. La SIC le entrega a El Tiempo el premio Mártir de la libertad de expresión. Colombia marcha en un acto de desagravio moral.
6. La gacetillera traidora es reemplazada por el eminentísimo prohombre Ilmo. Sr. Dr. D. José Galat, para que defienda la vigencia de los principios inmutables.
7. Un mes después, la nota del conato de escándalo se publica en la sección de obituarios, sepulcro de la mentira.
viernes, 30 de octubre de 2009
lunes, 10 de agosto de 2009
Yankees, welcome home
“…El presidente de los Estados Unidos es nuestro tótem y las bases militares son templos sagrados en cuyos altares oficiaremos el ritual de bienvenida a los marines…”.
El soberano dogma fue promulgado por un miembro del Centro Cultural Rafael Videla. Mi carcajada sonora y vigorosa aplaudió el sarcástico apunte. El ilustre personaje será premiado con la observación de mi colección de gorras made in USA. El colega contemplará un ejemplar original The big red one usado por la heroica Primera División de Infantería U. S. ARMY EST 1775.
La veneración por el invasor, emanada de una elevada conciencia vernácula, generó una trifulca esquinera y beoda. Infortunadamente, las fuerzas del orden no llegaron para someter a garrote a la turba insolente. Tuve que usar un argumento patriótico para llamarlos a la cordura: “Eviten ese frondio exceso de chauvinismo sabatino porque en Turbaco (Bolívar) tuvieron la gentileza de celebrarle el cumpleaños a Barack Obama”. Afortunadamente, el agrio licor republicano los tenía en el punto donde el brindis de chichería los vuelve conservadores.
Aproveché ese estado etílico para orientar sus vituperios hacia el ideal supremo. Les demostré la diferencia radical que existe entre la sublime civilización anglosajona y la vulgar mediocridad de los gamonales lupanarios enquistados en Sudamérica. Los zurdos, alcoholizados por su atrofiada servidumbre al leninismo, soltaron sus consignas repetidas en el nefasto primero de mayo.
Mi apostólica paciencia les explicó el porqué se gestó la maravillosa incursión yankee. Sencillo: La operación militar extranjera celebrará el Bicentenario de la Independencia Nacional. Me costó horas enseñarles los motivos que tuvo el Tío Sam para enviar sus portaaviones a instaurar el orden moral en estos chircales del soborno.
La primera razón es que la CIA no está recibiendo los dólares que la exportación de cocaína le produce a las Farc.
El dinero sucio, necesario para financiar operaciones limpias contra los talibanes, se perdió entre las arcas corruptas de Hugo Chávez. El homúnculo castrista se dedicó a sobornar las venas abiertas de Correa, Morales y Ortega. Por esos ductos circula la viciada hemoglobina proletaria.
Aquellos indígenas, ataviados con trapos presidenciales, predican que la litolatría es un retorno victorioso a los rituales cavernarios precolombinos. Los bastardos del libertinaje libertario de Bolívar esclavizan a las hordas del bochinche con la demagogia espuria de la argucia. Los hematófagos latinos destazan los estómagos de sus pueblos con raciones de suero.
Los mayordomos, administradores corruptos de las fanegadas sembradas por la revolución del desempleo, pusieron el grito en el televisor. Las bataclanas de Venezuela, Ecuador y Bolivia aullaron porque el patrón llegará para pedirles cuentas. Las repúblicas cocaleras esquilmaron al Imperio americano…Y la Sargentona de Miraflores se puso histérica.
Ella necesita un remedio para sus olvidos de pollo porque es una gallina que está perdiendo la memoria. Ya no se acuerda que le pasó a los forajidos Manuel Antonio Noriega, Salvador Allende y Saddam Hussein, entre otros fanfarrones. La retórica levantisca de esos truhanes sirvió para aumentar el presupuesto militar de los Estados Unidos. El gasto de pólvora en gallinazos se invirtió en teñir de gloria las garras del águila calva.
El recordatorio, para el mulato venezolano, es un aviso premonitorio. Su guardia jenízara lo venderá y lo entregará para solaz de la soldadesca, al estilo romano.
Expuesto el punto de la discordia es necesario salir del párrafo de los traidores para ingresar en las líneas de los matachines. Lo cual incluye cruzar la talanquera de la platanera para llegar a las maniguas de Farsolandia.
Allí, la gente de bien, clama por una invasión del sentido común apoyada por un pizca de sinceridad. A Colombia sólo se le pide que sea verdad la mentira. Por favor, coherencia entre el fraude y el sofisma. La coloquial y atrofiada cuna de Pacho Santander celebra el bicentenario de la infamia (año 199) con una marcha repleta de boñiga académica.
¿Quién sería el genio que determinó el rumbo de la manipulada Ruta Libertadora? El Ministerio de Cultura logró desbarrancar la poca identidad que había en esas trochas. Los caminos de herradura aún conservan el olor sudoroso de los libertadores de América, pero los perfumaron con meadas y papayeras.
La señora ministra y sus negros asesores decidieron adulterar la ruta e impunemente variaron los recorridos. El simulacro de cabalgata partió de Pore (Casanare) el 20 de julio.
El criminal hecho liquidó a mi egregia profesora de Historia Patria. Todavía la recuerdo cuando le enseñó a un condiscípulo el heroico trayecto. La delicada pedagoga tomó una regla de madera y le dijo: “Señor, estire la mano y repita después de mí…La Campaña Libertadora de 1819 partió del pueblo de Mantecal, Estado de Apure, en Venezuela, el día 27 de mayo…”.
El golpazo hizo retorcer a Pombo. El eco onomatopéyico aún suena en mis oídos. Cada sitio fue memorizado por un grito de colegial dolor. “…Guasdualito, Arauca, Pastora, Siramón, Betoyes, Tame, Corozal, Chire, Moreno, Brito, Pore, Nunchía, Morcote, Paya, Páramo de Pisba, Socha, Belén, Cerinza, Santa Rosa de Viterbo, Pantano de Vargas, Toca, Tunja, Puente de Boyacá, Ventaquemada, Chocontá y Santafé…”.
El sacrificio de la docente, para formar al estudiante, resultó inútil. Sus familiares me llamaron para notificarme el deceso de la maestra. Ella escuchó la transmisión de Señal Colombia y decidió morirse…“Horrores prefiriendo a pérfida salud”, así canta el himno de Núñez.
Los periodistas, que cubrían el evento caballar, apoyaron sus lamentables informes con los comentarios analfabetas de chinas valentonas disfrazadas de monigotes. Ellas repetían las retahílas aprendidas en las escuelas públicas donde se venera la mentira fundida en bronces de plazoleta. La genial estrategia militar de pasar por Pisba asesinó a la mitad del ejército sin disparar un cartucho. Fue una soberbia demostración del trastorno mantuano. Los lugareños de Socotá afirman: “Sumercé, a los soldados llaneros los mató el mal del páramo o sea quedaron emparamados”.
El irrespetuoso y grotesco carnaval finalizó con una peregrinación de semovientes. Los bridones esqueléticos, tras sucesivos relevos, relincharon fatigados. Las romerías de buhoneros y calentanos descalzos querían palmotearles las grupas en un gesto propio de un espectáculo circense. La fiesta cumbre del malabar histórico ocurrió el pasado siete de agosto, en el Puente de Boyacá.
Los organizadores del fracaso institucional querían celebrar los 190 años de la legendaria batalla. Las muchedumbres se quedaron con los crespos hechos. El presidente Uribe no asistió porque su Seguridad Democrática no le permitió untarse de carnestolendas.
El altar de la Patria fue profanado por las jaurías de lobos que se dedicaron a fagocitar sus viandas sabaneras. La Yurleidis y el Brayan Alexander llevaron a su Jeison a que hiciera popó debajo del puente. Las aguas del río Teatinos se llevaron la fetidez de una historia redactada por embusteros amnésicos y relatada por mitómanos.
Los mamertos callaron. Un bravío grito de independencia emergió de sus gargantas: “Yankees, welcome home”.
El soberano dogma fue promulgado por un miembro del Centro Cultural Rafael Videla. Mi carcajada sonora y vigorosa aplaudió el sarcástico apunte. El ilustre personaje será premiado con la observación de mi colección de gorras made in USA. El colega contemplará un ejemplar original The big red one usado por la heroica Primera División de Infantería U. S. ARMY EST 1775.
La veneración por el invasor, emanada de una elevada conciencia vernácula, generó una trifulca esquinera y beoda. Infortunadamente, las fuerzas del orden no llegaron para someter a garrote a la turba insolente. Tuve que usar un argumento patriótico para llamarlos a la cordura: “Eviten ese frondio exceso de chauvinismo sabatino porque en Turbaco (Bolívar) tuvieron la gentileza de celebrarle el cumpleaños a Barack Obama”. Afortunadamente, el agrio licor republicano los tenía en el punto donde el brindis de chichería los vuelve conservadores.
Aproveché ese estado etílico para orientar sus vituperios hacia el ideal supremo. Les demostré la diferencia radical que existe entre la sublime civilización anglosajona y la vulgar mediocridad de los gamonales lupanarios enquistados en Sudamérica. Los zurdos, alcoholizados por su atrofiada servidumbre al leninismo, soltaron sus consignas repetidas en el nefasto primero de mayo.
Mi apostólica paciencia les explicó el porqué se gestó la maravillosa incursión yankee. Sencillo: La operación militar extranjera celebrará el Bicentenario de la Independencia Nacional. Me costó horas enseñarles los motivos que tuvo el Tío Sam para enviar sus portaaviones a instaurar el orden moral en estos chircales del soborno.
La primera razón es que la CIA no está recibiendo los dólares que la exportación de cocaína le produce a las Farc.
El dinero sucio, necesario para financiar operaciones limpias contra los talibanes, se perdió entre las arcas corruptas de Hugo Chávez. El homúnculo castrista se dedicó a sobornar las venas abiertas de Correa, Morales y Ortega. Por esos ductos circula la viciada hemoglobina proletaria.
Aquellos indígenas, ataviados con trapos presidenciales, predican que la litolatría es un retorno victorioso a los rituales cavernarios precolombinos. Los bastardos del libertinaje libertario de Bolívar esclavizan a las hordas del bochinche con la demagogia espuria de la argucia. Los hematófagos latinos destazan los estómagos de sus pueblos con raciones de suero.
Los mayordomos, administradores corruptos de las fanegadas sembradas por la revolución del desempleo, pusieron el grito en el televisor. Las bataclanas de Venezuela, Ecuador y Bolivia aullaron porque el patrón llegará para pedirles cuentas. Las repúblicas cocaleras esquilmaron al Imperio americano…Y la Sargentona de Miraflores se puso histérica.
Ella necesita un remedio para sus olvidos de pollo porque es una gallina que está perdiendo la memoria. Ya no se acuerda que le pasó a los forajidos Manuel Antonio Noriega, Salvador Allende y Saddam Hussein, entre otros fanfarrones. La retórica levantisca de esos truhanes sirvió para aumentar el presupuesto militar de los Estados Unidos. El gasto de pólvora en gallinazos se invirtió en teñir de gloria las garras del águila calva.
El recordatorio, para el mulato venezolano, es un aviso premonitorio. Su guardia jenízara lo venderá y lo entregará para solaz de la soldadesca, al estilo romano.
Expuesto el punto de la discordia es necesario salir del párrafo de los traidores para ingresar en las líneas de los matachines. Lo cual incluye cruzar la talanquera de la platanera para llegar a las maniguas de Farsolandia.
Allí, la gente de bien, clama por una invasión del sentido común apoyada por un pizca de sinceridad. A Colombia sólo se le pide que sea verdad la mentira. Por favor, coherencia entre el fraude y el sofisma. La coloquial y atrofiada cuna de Pacho Santander celebra el bicentenario de la infamia (año 199) con una marcha repleta de boñiga académica.
¿Quién sería el genio que determinó el rumbo de la manipulada Ruta Libertadora? El Ministerio de Cultura logró desbarrancar la poca identidad que había en esas trochas. Los caminos de herradura aún conservan el olor sudoroso de los libertadores de América, pero los perfumaron con meadas y papayeras.
La señora ministra y sus negros asesores decidieron adulterar la ruta e impunemente variaron los recorridos. El simulacro de cabalgata partió de Pore (Casanare) el 20 de julio.
El criminal hecho liquidó a mi egregia profesora de Historia Patria. Todavía la recuerdo cuando le enseñó a un condiscípulo el heroico trayecto. La delicada pedagoga tomó una regla de madera y le dijo: “Señor, estire la mano y repita después de mí…La Campaña Libertadora de 1819 partió del pueblo de Mantecal, Estado de Apure, en Venezuela, el día 27 de mayo…”.
El golpazo hizo retorcer a Pombo. El eco onomatopéyico aún suena en mis oídos. Cada sitio fue memorizado por un grito de colegial dolor. “…Guasdualito, Arauca, Pastora, Siramón, Betoyes, Tame, Corozal, Chire, Moreno, Brito, Pore, Nunchía, Morcote, Paya, Páramo de Pisba, Socha, Belén, Cerinza, Santa Rosa de Viterbo, Pantano de Vargas, Toca, Tunja, Puente de Boyacá, Ventaquemada, Chocontá y Santafé…”.
El sacrificio de la docente, para formar al estudiante, resultó inútil. Sus familiares me llamaron para notificarme el deceso de la maestra. Ella escuchó la transmisión de Señal Colombia y decidió morirse…“Horrores prefiriendo a pérfida salud”, así canta el himno de Núñez.
Los periodistas, que cubrían el evento caballar, apoyaron sus lamentables informes con los comentarios analfabetas de chinas valentonas disfrazadas de monigotes. Ellas repetían las retahílas aprendidas en las escuelas públicas donde se venera la mentira fundida en bronces de plazoleta. La genial estrategia militar de pasar por Pisba asesinó a la mitad del ejército sin disparar un cartucho. Fue una soberbia demostración del trastorno mantuano. Los lugareños de Socotá afirman: “Sumercé, a los soldados llaneros los mató el mal del páramo o sea quedaron emparamados”.
El irrespetuoso y grotesco carnaval finalizó con una peregrinación de semovientes. Los bridones esqueléticos, tras sucesivos relevos, relincharon fatigados. Las romerías de buhoneros y calentanos descalzos querían palmotearles las grupas en un gesto propio de un espectáculo circense. La fiesta cumbre del malabar histórico ocurrió el pasado siete de agosto, en el Puente de Boyacá.
Los organizadores del fracaso institucional querían celebrar los 190 años de la legendaria batalla. Las muchedumbres se quedaron con los crespos hechos. El presidente Uribe no asistió porque su Seguridad Democrática no le permitió untarse de carnestolendas.
El altar de la Patria fue profanado por las jaurías de lobos que se dedicaron a fagocitar sus viandas sabaneras. La Yurleidis y el Brayan Alexander llevaron a su Jeison a que hiciera popó debajo del puente. Las aguas del río Teatinos se llevaron la fetidez de una historia redactada por embusteros amnésicos y relatada por mitómanos.
Los mamertos callaron. Un bravío grito de independencia emergió de sus gargantas: “Yankees, welcome home”.
jueves, 16 de julio de 2009
Bullaranga de animal grande
Farsolandia, en uso de sus facultades legales de orate circense, tipificó un sanguluto verbal. Las discusiones provinciales pasarán a formar parte integral del primer dogma nacional, el absurdo.
El primer caso, lo ilustran las diatribas entre los cuidadores de un narco-zoológico y los cazadores de hipopótamos en el río grande de la Magdalena. Los monteros usaron el sagrado derecho del fusil para defender el ecosistema calentano. Lo increíble es que sean atosigados con el corito celestial: “Hijueputas”. ¿Por qué no llamarlos hijuepótamos?
Los defensores de los pesados artiodáctilos deberían estar persiguiendo a los criminales (sus patrones) que tienen a más de 1.000 especies nativas al borde de la extinción.
¿Por qué será que los hijos de Farsolandia siempre se dan en la jeta por defender las pezuñas extranjeras?
Bienestar Social puede entregar esas bestias foráneas al apetito voraz de los famélicos desplazados del parque Tercer Milenio. Haga patria, cómase un hipopótamo.
La congregación pro Hippopotamus amphibius harían bien en entender que el Creador del universo estableció el hábitat africano para esos herbívoros corpachones. Además, sus ataques a las piraguas mantienen un control natural sobre las etnias de ébano.
Mi tesis conservacionista le súplica a los importadores de fauna silvestre que no vayan a aclimatar yaks tibetanos en el Nevado del Cocuy ni ornitorrincos en la laguna de Chingaza.
Mi planteamiento espera también un agravio eco-semántico que ningún mulero caldense pueda traducir a la infamia sonora. Así, la comisión de lexicografía de la Academia Colombiana será enriquecida por el insulto y denigrada por el elogio.
Quizás ese modelo lingüístico inspire al técnico del equipo América, Diego Édison Umaña, para modificar su singular invitación al Pascual Guerrero de Cali: “Americanos, va la madre si no llenamos el estadio”. Aplausos para el estratega de la sonora afrenta.
El denigrante epíteto que usará Umaña contra las progenitoras vallunas tiene una validez legendaria. Las reyertas callejeras recogen el vademécum de las enfermedades venéreas y las juntan con el oficio de las ex vírgenes vestales. Ahí, justamente, nace la típica, ibérica y legendaria “mentada de madre”.
Desde luego no tan altisonante como en las dehesas de Muequetá. Allí, el dialecto sabanero quedó preñado por las jergas fulleras. Hoy, en Bogotá, se escuchan frases criptográficas que surgen sin piedad del pudor comunicativo de los traquetos. Esos truhanes, según número de cédula, hacen fila en las taquillas del estadio El Campín para reclamar su derecho a ser estafados por el sistema financiero y el Estado corruptor.
La patria de Santander, una celestina complaciente, invitó a los guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes jailosos para que confesaran su vergüenza de tipo plantígrado. Ellos aceptaron haber sido vacunados por parte del criador de porcinos don DMG. (Denme millones, güevones).
Farsolandia y su folclor demosófico tienen tres nuevos cantos para novelizar su desgracia. Los fanáticos “americanos” aprendieron que el berrido del arriero los orienta en sus afectos futboleros. Los pescadores antioqueños crían hipopótamos nacionalizados en fincas ganaderas. Y los mafiosos ponen cara de marrano cuando reclaman las migajas legalizadas por el atraco de la república de Uribe Babá… Nos mordió Pepe, el hipopótamo.
El primer caso, lo ilustran las diatribas entre los cuidadores de un narco-zoológico y los cazadores de hipopótamos en el río grande de la Magdalena. Los monteros usaron el sagrado derecho del fusil para defender el ecosistema calentano. Lo increíble es que sean atosigados con el corito celestial: “Hijueputas”. ¿Por qué no llamarlos hijuepótamos?
Los defensores de los pesados artiodáctilos deberían estar persiguiendo a los criminales (sus patrones) que tienen a más de 1.000 especies nativas al borde de la extinción.
¿Por qué será que los hijos de Farsolandia siempre se dan en la jeta por defender las pezuñas extranjeras?
Bienestar Social puede entregar esas bestias foráneas al apetito voraz de los famélicos desplazados del parque Tercer Milenio. Haga patria, cómase un hipopótamo.
La congregación pro Hippopotamus amphibius harían bien en entender que el Creador del universo estableció el hábitat africano para esos herbívoros corpachones. Además, sus ataques a las piraguas mantienen un control natural sobre las etnias de ébano.
Mi tesis conservacionista le súplica a los importadores de fauna silvestre que no vayan a aclimatar yaks tibetanos en el Nevado del Cocuy ni ornitorrincos en la laguna de Chingaza.
Mi planteamiento espera también un agravio eco-semántico que ningún mulero caldense pueda traducir a la infamia sonora. Así, la comisión de lexicografía de la Academia Colombiana será enriquecida por el insulto y denigrada por el elogio.
Quizás ese modelo lingüístico inspire al técnico del equipo América, Diego Édison Umaña, para modificar su singular invitación al Pascual Guerrero de Cali: “Americanos, va la madre si no llenamos el estadio”. Aplausos para el estratega de la sonora afrenta.
El denigrante epíteto que usará Umaña contra las progenitoras vallunas tiene una validez legendaria. Las reyertas callejeras recogen el vademécum de las enfermedades venéreas y las juntan con el oficio de las ex vírgenes vestales. Ahí, justamente, nace la típica, ibérica y legendaria “mentada de madre”.
Desde luego no tan altisonante como en las dehesas de Muequetá. Allí, el dialecto sabanero quedó preñado por las jergas fulleras. Hoy, en Bogotá, se escuchan frases criptográficas que surgen sin piedad del pudor comunicativo de los traquetos. Esos truhanes, según número de cédula, hacen fila en las taquillas del estadio El Campín para reclamar su derecho a ser estafados por el sistema financiero y el Estado corruptor.
La patria de Santander, una celestina complaciente, invitó a los guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes jailosos para que confesaran su vergüenza de tipo plantígrado. Ellos aceptaron haber sido vacunados por parte del criador de porcinos don DMG. (Denme millones, güevones).
Farsolandia y su folclor demosófico tienen tres nuevos cantos para novelizar su desgracia. Los fanáticos “americanos” aprendieron que el berrido del arriero los orienta en sus afectos futboleros. Los pescadores antioqueños crían hipopótamos nacionalizados en fincas ganaderas. Y los mafiosos ponen cara de marrano cuando reclaman las migajas legalizadas por el atraco de la república de Uribe Babá… Nos mordió Pepe, el hipopótamo.
lunes, 29 de junio de 2009
Uribe está culeco
El huevero mayor de Farsolandia sólo produce gallinaza.
En el Foro Internacional de Responsabilidad Social, Uribe el mayordomo de los mandatarios, recibió una frase síntesis de la desgracia nacional: “Presidente, usted tiene huevo”. Liliana Pardo, autora del momento, le entregó un huevo y agregó: “A nombre del movimiento Tiene Huevo Presidente, porque usted tiene huevo y se lo tiene merecido”.
Así se incubó otro instante patético en la nidada histriónica donde la mediocridad se cloquea. Al infamante percance, entre huevones, no le bastó con el ridículo público sino con la internacionalización del huevar. La huevonada le dio la vuelta al gallinero porque Álvaro cacarea su reelección.
A Uribe le faltaron huevos para manejar la situación. Si es un tirano, como lo tildan en la izquierda oligárquica del Polo, debió convertir en tortilla a la heroica criatura.
Si quería dárselas de pedagogo, pues zámpele un bofetón de padre y señor mío por irrespetuosa. Déle zurriago o en su defecto machete para estar a tono con las fiestas del San Pedro.
Si la opción era demostrar tolerancia, la salida digna requería nombrarla asesora de sus críos, Tomás y Jerónimo. El par de sujetos son conocidos en el bajo mundo con los alías de Tom y Jerry porque les encanta montar empresas de huevas.
Si necesitaba ratificar su dudosa condición de ser humano habría hecho bien al quitarse sus alas de pájaro (paramilitar) y aletear cual terodáctilo hambriento.
Si deseaba demostrar que el yoga combate la iracundia, bien podría haberla atragantado con el apéndice de la gallina. Eso es parte de la propedéutica democrática: Amordazar.
Nada. Uribe nunca coincide con el libreto de las comedias electorales. Cuando se espera un crimen espontáneo se ciñe a la babosada. Y cuando las babas reclaman la dignidad varonil del berrido, él sale con alegatos frondíos.
El incidente entrará a la historia de las nidadas porque huevonear es parte de las ponedoras muiscas. Si al menos el huevote hubiera ocultado una granada, pero sólo tenía una yema política. El obsequio me indicó que Uribe no es un déspota del tipo Juan Vicente Gómez porque este colgaba a los cuatreros de los huevos.
El bochornoso espectáculo no me aclaró una duda. ¿Autócrata o pollo capón? La respuesta la tiene la intrépida huevera. Ella posee más huevos que los terroristas de las Farc y menos que los estudiantes de la Universidad Nacional, modelo 1967.
La dueña de la huevería logró favorecer al sector avícola de la recesión económica de Farsolandia, que técnicamente no existe, porque los hueveros promociona sus ventas con el anuncio: “Cómpreme el huevo de Uribe”.
Los restaurantes de la plaza del Siete de Agosto ya ofrecen la mazamorra de criadilla y el caldo de raíz con revueltos al estilo la Casa de Nariño.
En Palacio, el Batallón Guardia Presidencial le rinde honores a la bandera cuando los gallos de la Candelaria cantan: “Uribe tiene huevo de avestruz”.
En el Foro Internacional de Responsabilidad Social, Uribe el mayordomo de los mandatarios, recibió una frase síntesis de la desgracia nacional: “Presidente, usted tiene huevo”. Liliana Pardo, autora del momento, le entregó un huevo y agregó: “A nombre del movimiento Tiene Huevo Presidente, porque usted tiene huevo y se lo tiene merecido”.
Así se incubó otro instante patético en la nidada histriónica donde la mediocridad se cloquea. Al infamante percance, entre huevones, no le bastó con el ridículo público sino con la internacionalización del huevar. La huevonada le dio la vuelta al gallinero porque Álvaro cacarea su reelección.
A Uribe le faltaron huevos para manejar la situación. Si es un tirano, como lo tildan en la izquierda oligárquica del Polo, debió convertir en tortilla a la heroica criatura.
Si quería dárselas de pedagogo, pues zámpele un bofetón de padre y señor mío por irrespetuosa. Déle zurriago o en su defecto machete para estar a tono con las fiestas del San Pedro.
Si la opción era demostrar tolerancia, la salida digna requería nombrarla asesora de sus críos, Tomás y Jerónimo. El par de sujetos son conocidos en el bajo mundo con los alías de Tom y Jerry porque les encanta montar empresas de huevas.
Si necesitaba ratificar su dudosa condición de ser humano habría hecho bien al quitarse sus alas de pájaro (paramilitar) y aletear cual terodáctilo hambriento.
Si deseaba demostrar que el yoga combate la iracundia, bien podría haberla atragantado con el apéndice de la gallina. Eso es parte de la propedéutica democrática: Amordazar.
Nada. Uribe nunca coincide con el libreto de las comedias electorales. Cuando se espera un crimen espontáneo se ciñe a la babosada. Y cuando las babas reclaman la dignidad varonil del berrido, él sale con alegatos frondíos.
El incidente entrará a la historia de las nidadas porque huevonear es parte de las ponedoras muiscas. Si al menos el huevote hubiera ocultado una granada, pero sólo tenía una yema política. El obsequio me indicó que Uribe no es un déspota del tipo Juan Vicente Gómez porque este colgaba a los cuatreros de los huevos.
El bochornoso espectáculo no me aclaró una duda. ¿Autócrata o pollo capón? La respuesta la tiene la intrépida huevera. Ella posee más huevos que los terroristas de las Farc y menos que los estudiantes de la Universidad Nacional, modelo 1967.
La dueña de la huevería logró favorecer al sector avícola de la recesión económica de Farsolandia, que técnicamente no existe, porque los hueveros promociona sus ventas con el anuncio: “Cómpreme el huevo de Uribe”.
Los restaurantes de la plaza del Siete de Agosto ya ofrecen la mazamorra de criadilla y el caldo de raíz con revueltos al estilo la Casa de Nariño.
En Palacio, el Batallón Guardia Presidencial le rinde honores a la bandera cuando los gallos de la Candelaria cantan: “Uribe tiene huevo de avestruz”.
lunes, 8 de junio de 2009
Apostillar, la pústula del trámite
La nueva teoría del fracaso farsolandés se llama: Apostillar. El Diccionario de la lengua española (RAE vigésima segunda edición) dice: “Apostillar: Poner apostillas”. Y, ¿qué son apostillas? Esa palabra no aparece en tan sabio lexicón. (Por algo somos latinos). Existen significados para apostillarse: Llenarse de postillas. Postilla: Acotación o glosa de un texto. Postilla: Costra.
En síntesis, estoy como el Ministerio de Relaciones Exteriores. No se cómo empezar a descifrar el significado de aquello que no existe, pero que sirve porque no se necesita. Quizás la vaina esté por el lado de la tal apostilla de La Haya. En francés: apostille que es un método simplificado de legalización de documentos.
La idea le corresponde a los criaderos de lagartos llamados consulados. Allí los funcionarios estatales viven para agachar el espinazo y crearle postillas (costras) al presupuesto nacional.
La mediocridad diplomática se da silvestre en la caótica Colombia. Es vital tener a un pariente lejos del país para estar a la moda. Mientras tanto la familia del exiliado planea la fuga hacia la civilización, Estados Unidos y Europa. El plan incluye un sometimiento radical a la tramitomanía para legalizar lo legal.
Obviamente, Farsolandia logró un registro mundial en pereques y talanqueras. La mejor ayuda para el desterrado consiste en destrozarle la esperanza. No podrá cambiar de nacionalidad sin que sus familiares sean torturados con la eficiencia criolla.
Pasos para apostillar. 1. Telefónicamente comuníquese con una máquina que habla gangueando para que su cita sea asignada. Las primeras 15 marcaciones le sonarán ocupadas como muestra del ágil servicio.
2. Asista a la cita. Haga una interminable fila. Busque en el listado su número de cédula y código asignado por el aparato gangoso. Si por milagro sus números aparecen en la lista, cuya letra obliga a la revisión con microscopio, págueles una misa a las benditas almas del purgatorio por los favores recibidos.
3. Al entrar hay que repetir la búsqueda del código tres veces consecutivas para justificar la presencia de los policías.
4. Si logra ingresar hará otra fila para que un funcionario reciba sus documentos. En este instante triste aparece una secretaria para revisar que los papeles cumplen con los requisitos para apostillar. En caso contrario deberá volver a empezar porque nadie le explicó el cómo funciona la estulticia nacional. Si todo está en orden un burócrata le preguntará para qué país van y usted contestará un cuestionario. Luego deberá soportar 45 minutos de la venganza tecnológica. El sistema operativo del computador no funciona y el ingeniero salió…a tomar chicha recalentada.
5, 6, 7 y adivine. Fila para pagar los 25.000 pesos por cada comprobante apostillado. Espere turno preasignado para que dos empleados le reciban sus títulos. Sí, dos inútiles sueldos. Aguarde hasta que le llamen y le entreguen una hoja impresa. No olvide revisar los datos. El error lo devolverá al paso uno sin anestesia.
8. Los certificados de estudio deben ser autenticados y tener el aval de la Oficina de Registro y Notariado porque sin ese retroceso criminal no son válidos. La vigencia del proceso es de tres meses. Si deja vencer los términos no habrá misericordia.
Conclusión, los colombianos expatriados deben recordar que el Estado del cual huyeron es su enemigo vitalicio. Si regresan háganlo como don Pablo Morillo y su ejército expedicionario. Levanten patíbulos desde Cartagena hasta Popayán para colgar de las fauces a los reptiles que se alimentan de los trámites costra.
En síntesis, estoy como el Ministerio de Relaciones Exteriores. No se cómo empezar a descifrar el significado de aquello que no existe, pero que sirve porque no se necesita. Quizás la vaina esté por el lado de la tal apostilla de La Haya. En francés: apostille que es un método simplificado de legalización de documentos.
La idea le corresponde a los criaderos de lagartos llamados consulados. Allí los funcionarios estatales viven para agachar el espinazo y crearle postillas (costras) al presupuesto nacional.
La mediocridad diplomática se da silvestre en la caótica Colombia. Es vital tener a un pariente lejos del país para estar a la moda. Mientras tanto la familia del exiliado planea la fuga hacia la civilización, Estados Unidos y Europa. El plan incluye un sometimiento radical a la tramitomanía para legalizar lo legal.
Obviamente, Farsolandia logró un registro mundial en pereques y talanqueras. La mejor ayuda para el desterrado consiste en destrozarle la esperanza. No podrá cambiar de nacionalidad sin que sus familiares sean torturados con la eficiencia criolla.
Pasos para apostillar. 1. Telefónicamente comuníquese con una máquina que habla gangueando para que su cita sea asignada. Las primeras 15 marcaciones le sonarán ocupadas como muestra del ágil servicio.
2. Asista a la cita. Haga una interminable fila. Busque en el listado su número de cédula y código asignado por el aparato gangoso. Si por milagro sus números aparecen en la lista, cuya letra obliga a la revisión con microscopio, págueles una misa a las benditas almas del purgatorio por los favores recibidos.
3. Al entrar hay que repetir la búsqueda del código tres veces consecutivas para justificar la presencia de los policías.
4. Si logra ingresar hará otra fila para que un funcionario reciba sus documentos. En este instante triste aparece una secretaria para revisar que los papeles cumplen con los requisitos para apostillar. En caso contrario deberá volver a empezar porque nadie le explicó el cómo funciona la estulticia nacional. Si todo está en orden un burócrata le preguntará para qué país van y usted contestará un cuestionario. Luego deberá soportar 45 minutos de la venganza tecnológica. El sistema operativo del computador no funciona y el ingeniero salió…a tomar chicha recalentada.
5, 6, 7 y adivine. Fila para pagar los 25.000 pesos por cada comprobante apostillado. Espere turno preasignado para que dos empleados le reciban sus títulos. Sí, dos inútiles sueldos. Aguarde hasta que le llamen y le entreguen una hoja impresa. No olvide revisar los datos. El error lo devolverá al paso uno sin anestesia.
8. Los certificados de estudio deben ser autenticados y tener el aval de la Oficina de Registro y Notariado porque sin ese retroceso criminal no son válidos. La vigencia del proceso es de tres meses. Si deja vencer los términos no habrá misericordia.
Conclusión, los colombianos expatriados deben recordar que el Estado del cual huyeron es su enemigo vitalicio. Si regresan háganlo como don Pablo Morillo y su ejército expedicionario. Levanten patíbulos desde Cartagena hasta Popayán para colgar de las fauces a los reptiles que se alimentan de los trámites costra.
viernes, 29 de mayo de 2009
LOS AXIOMAS DEL COLOMBIANO RASO
La idiosincrasia de la colombianidad logró pervertir el libre albedrío en su fase operativa. El mal averió la conducta en grado superlativo. El fenómeno afecta las decisiones del sentido común sin importar los códigos éticos. La epidemia fue gestada por el estupro étnico caribe precolombino-íbero-morisco con el África subsahariana. La emergencia requiere soluciones inmediatas.
Mis amigos, en un gesto patriótico, iniciaron una cruzada para denunciar y exterminar al antagonista número uno del progreso mundial: La colombianada. Me uno a su gesta con un resumen axiomático de las manías que convirtieron la nacionalidad en una acusación inapelable: ¡Es colombiano!
1. La mediocridad. Es el patrimonio cultural e inmaterial de la Colombia mestiza.
2. La filosofía del subdesarrollo. El rebuscador piensa que la trácala, la trapisonda, el sofisma, la marrullería, el incumplimiento, el resabio, la malicia indígena y la falacia ladina son sinónimos de una inteligencia superior.
3. El indio taimado. Herencia muisca que indica la proximidad de una soberana calamidad. Requisito sine qua non para ejercer la preconcebida prerrogativa de gestar el meollo del caos.
4. Hacer la maña. Comportamiento perverso que inmoviliza al individuo y su adelanto social en un altanero círculo de vicios.
5. La tecnología chapucera. El técnico “todero” predica que las máquinas bien hechas se hubieran podido falsear. Las piezas de segunda y robadas ahorran los costos de producción.
6. El desecho foráneo. La moda decadente que llegue con décadas de tardanza a Farsolandia es una meta de avanzada.
7. La argucia de la justificación. Argumento que invita al parroquiano a idear un concepto inválido para instituir la derrota como el primer triunfo moral de su especie. (“Nos faltaron cinco centavos para el peso”).
8. La mecánica de la falsificación. Cualquier aparato en funcionamiento se debe convertir en una pieza inútil, costosa y ofensiva. El colombiano llama a ese adefesio recursividad.
9. La calumnia. Es el mayor logro de la credibilidad nativa. Esta imputación falaz es el arma de las sirvientas, pero es válida en los estrados judiciales.
10. La disculpa falaz. Teoría retardataria usada por los gremios del desastre. Este segmento poblacional ama el imperativo del error protervo. Fontaneros, zapateros, talabarteros, electricistas, mecánicos, obreros, carpinteros, sastres y demás tarmanganis son la obra manual de la anarquía. Ellos tienen una sola respuesta para explicar su perpetua capacidad para incumplir, desgraciar y mentir: “Fue que, que fue que…”. El único remedio es el fusilamiento in situ.
11. El soborno. Es la primera ley del Estado legalista. Es el alimento jurídico. El pasaporte al delito. La cédula del delincuente.
12. El Síndrome del Avispado. Esta patología es propia de la desgracia paisa y calentana. Los portadores del virus dicen que estafar al turista es una victoria económica. La estulticia folclórica insiste en que el ingenio vernáculo es digno de exportar. (Por algo las potencias mundiales los fumigan con glifosato).
13. La trilogía perversa. Mensajeros, porteros y secretarias son los líderes de la resistencia pasiva, los enemigos vitalicios del éxito empresarial. Mientras la dictadura de ese triduo nefasto exista, la aldea del TransMilenio será un proyecto de barrio.
14. Las frases del servicio al cliente. Son las normas diseñadas para desvertebrar a la esperanza: “Haga la colita”, “venga por la mañanita, “aguarde tantito”, “saque una fichita”, “le falta un sellito” y etcétera. El diminutivo anuncia la debacle.
15. Los verbos inolvidables. El uso de la sinonimia es obligatoria en la involución de la materia: Alterar, contrahacer, adulterar, desnaturalizar, falsear y corromper.
16. Los mandamientos de la moza (en colombiano, “ley mosaica”) fueron resumidos en versión popular.
a). Amarás la chambonada sobre todas las cosas bien hechas.
b). Asistirás a las fiestas de balde. Llegarás con unos compinches borrachos, vomitados y manilargos.
c). Conjugarás el verbo “moteliar” en Melgar. Esta etapa determina el paso del onanismo hacia el sátiro energúmeno.
d). Robarás al Estado y a tu prójimo como a ti mismo.
e). La ensalada del melón de árbol: “No dar papaya y no perder papaya”. Es la máxima de la civilización del machete.
17. El servilismo. Acto socarrón previo a una venganza romana.
18. La paradoja del mentiroso: “Mienten cuando dicen la verdad”.
19. El aullido del lobo. Condición arribista del traqueto espurio donde impera el embuste escandaloso.
20. El tiempo futuro. Mañana es la historia de Farsolandia porque la única memoria que se conserva es la amnesia.
Mis amigos, en un gesto patriótico, iniciaron una cruzada para denunciar y exterminar al antagonista número uno del progreso mundial: La colombianada. Me uno a su gesta con un resumen axiomático de las manías que convirtieron la nacionalidad en una acusación inapelable: ¡Es colombiano!
1. La mediocridad. Es el patrimonio cultural e inmaterial de la Colombia mestiza.
2. La filosofía del subdesarrollo. El rebuscador piensa que la trácala, la trapisonda, el sofisma, la marrullería, el incumplimiento, el resabio, la malicia indígena y la falacia ladina son sinónimos de una inteligencia superior.
3. El indio taimado. Herencia muisca que indica la proximidad de una soberana calamidad. Requisito sine qua non para ejercer la preconcebida prerrogativa de gestar el meollo del caos.
4. Hacer la maña. Comportamiento perverso que inmoviliza al individuo y su adelanto social en un altanero círculo de vicios.
5. La tecnología chapucera. El técnico “todero” predica que las máquinas bien hechas se hubieran podido falsear. Las piezas de segunda y robadas ahorran los costos de producción.
6. El desecho foráneo. La moda decadente que llegue con décadas de tardanza a Farsolandia es una meta de avanzada.
7. La argucia de la justificación. Argumento que invita al parroquiano a idear un concepto inválido para instituir la derrota como el primer triunfo moral de su especie. (“Nos faltaron cinco centavos para el peso”).
8. La mecánica de la falsificación. Cualquier aparato en funcionamiento se debe convertir en una pieza inútil, costosa y ofensiva. El colombiano llama a ese adefesio recursividad.
9. La calumnia. Es el mayor logro de la credibilidad nativa. Esta imputación falaz es el arma de las sirvientas, pero es válida en los estrados judiciales.
10. La disculpa falaz. Teoría retardataria usada por los gremios del desastre. Este segmento poblacional ama el imperativo del error protervo. Fontaneros, zapateros, talabarteros, electricistas, mecánicos, obreros, carpinteros, sastres y demás tarmanganis son la obra manual de la anarquía. Ellos tienen una sola respuesta para explicar su perpetua capacidad para incumplir, desgraciar y mentir: “Fue que, que fue que…”. El único remedio es el fusilamiento in situ.
11. El soborno. Es la primera ley del Estado legalista. Es el alimento jurídico. El pasaporte al delito. La cédula del delincuente.
12. El Síndrome del Avispado. Esta patología es propia de la desgracia paisa y calentana. Los portadores del virus dicen que estafar al turista es una victoria económica. La estulticia folclórica insiste en que el ingenio vernáculo es digno de exportar. (Por algo las potencias mundiales los fumigan con glifosato).
13. La trilogía perversa. Mensajeros, porteros y secretarias son los líderes de la resistencia pasiva, los enemigos vitalicios del éxito empresarial. Mientras la dictadura de ese triduo nefasto exista, la aldea del TransMilenio será un proyecto de barrio.
14. Las frases del servicio al cliente. Son las normas diseñadas para desvertebrar a la esperanza: “Haga la colita”, “venga por la mañanita, “aguarde tantito”, “saque una fichita”, “le falta un sellito” y etcétera. El diminutivo anuncia la debacle.
15. Los verbos inolvidables. El uso de la sinonimia es obligatoria en la involución de la materia: Alterar, contrahacer, adulterar, desnaturalizar, falsear y corromper.
16. Los mandamientos de la moza (en colombiano, “ley mosaica”) fueron resumidos en versión popular.
a). Amarás la chambonada sobre todas las cosas bien hechas.
b). Asistirás a las fiestas de balde. Llegarás con unos compinches borrachos, vomitados y manilargos.
c). Conjugarás el verbo “moteliar” en Melgar. Esta etapa determina el paso del onanismo hacia el sátiro energúmeno.
d). Robarás al Estado y a tu prójimo como a ti mismo.
e). La ensalada del melón de árbol: “No dar papaya y no perder papaya”. Es la máxima de la civilización del machete.
17. El servilismo. Acto socarrón previo a una venganza romana.
18. La paradoja del mentiroso: “Mienten cuando dicen la verdad”.
19. El aullido del lobo. Condición arribista del traqueto espurio donde impera el embuste escandaloso.
20. El tiempo futuro. Mañana es la historia de Farsolandia porque la única memoria que se conserva es la amnesia.
martes, 19 de mayo de 2009
El nudo corredizo
TransMilenio es la venganza capitalina sobre los provincianos arribistas. El vergonzoso sistema para empaquetar, encajonar y asfixiar gente es la versión desmejorada de los funcionales trenes que aprovisionaban los campos de Auschwitz, en Polonia.
El perverso medio sólo beneficia a los dueños de un vehículo porque les ahorra dos horas de sueño, 15 mil pesos de parqueadero, tres galones de gasolina y les evita la calvicie prematura por la cantaleta conyugal en un semáforo dañado. Esas ventajas soberanas tienen ñapa: Llegan temprano a la oficina. Hasta ahí, la fantasía del corral rojo es insustituible.
El resto es la epistemología del tumulto aplicada a las corralejas.
La fila, para comprar una tarjeta-pasaje, avanza tan rápido como la cajera lo permita. Luego, la masa desbocada intenta ingresar al vagón-paradero por cuatro registradoras. Dos son de salida. De las otras dos, una no lee las tarjetas. La que funciona es usurpada por una señora embarazada, gorda e hinchada. Ella intenta meter un caminador, con su respectivo sute amarrado al tetero, tres jotos boyacenses, un pañolón y cuatro chinos menesterosos.
Cuando el técnico desarregla el problema, los avispados pasan sin pagar. Los colados atraviesan el primer obstáculo junto a la turba jadeante. Ellos se instalan sobre la mancha amarilla para violar la prohibición. El letrero dice: “Dejar salir primero es entrar más rápido”. La lectura es decodificado por la colombianada. “Entrar más rápido es no salir primero”.
En este punto del impacto, las muchedumbres chocan sus fuerzas derrotadas contra las necesidades del salario mínimo. Ahí se desencadena el averno. Surge el demonio cavernícola criado con enjuagadura láctica de mamut siberiano.
Él puede, a punta de codazos, ingresar. Es el gesto brutal, fuerza tele somática que traspasa la materia. La bestia energúmena aúlla victoriosa cuando se aferra a la varilla central. Allí estorbará el paso a los bultos ingresados a la brava.
No puede ser posible. Ya escribí una página y aún no me subo al bus. Suplico a la ira santa para que mi Dios bendito borre, con el fuego aplicado a la impía Sodoma, la estación, los portales y toda mentira motorizada que atente contra la evolución móvil. La respuesta del Altísimo es redentora: “Toma tu cruz y sígueme”.
El mandato es inapelable. Simplemente permito a la inercia que me comprima en el vientre de la próxima máquina. Dentro suceden vainas raras.
Una señorita, palabras en desuso del castellano moderno, me mira risueña y me dice: “Señor, le está sonando el celular”. La contemplo agradecido: “Ala, hazme el favor de contestar porque no puedo bajar los brazos”. La muy servicial réplica: “Y si es su novia qué le digo”. Dile: “Que estoy atorado en un ergonómico TransMilenio. Mi amada comprenderá el porqué soy candidato al martirologio romano”. La ninfa intenta sacar el teléfono y se sonroja. “Uy, padre perdone...”. Los batracios del lado sonríen maliciosos. No falta el comentario soez que ameritaría unos gargarismos con alquitrán ardiendo.
En la siguiente estación se comprimen siete personas en un metro cuadro. Entre los asfixiados sobresale un obrero mediapala en celo. El sujeto, con cara de Tribilín, le habla a su damisela: “Ustedes, las mujeres, son como las rosas: lindas por fuera y por dentro repletas de espinas”. Teofrasto de Ereso, padre de la botánica, me clama para que le azote el cogote con un rosal. El diálogo romancero, y sus frases sin lógica vegetal, me obligó a descender una parada antes de lo habitual.
Esta vez fui misericordiosamente expulsado a un atestado cajón donde un estudiante forcejeaba con un truhán. Le había robado la billetera. Los chismosos solidarios le pedían socorro a un policía desarmado. Al fin pude salir (por la puerta de entrada) de aquel túnel infame donde se gesta el mito de la caverna.
Infortunadamente me quedé en la frontera sur de Chapinero. Los antros tenebrosos tenían sus escondrijos abiertos. Las callejeras usaron el protocolo debido a las braguetas bravas para saludarme. Los guapos me hicieron una calle de honor. Seguramente, Dios quiso premiar mi obediencia, con una catequesis sobre el salmo 91, por usar la desgracia motorizada: “…Pues ha dado a su ángeles la orden de protegerte en todos tus caminos…”.
Al llegar a la congestionada 63 se me acercó un apache. “Oiga, llave. Le vendo un lavamanos”. La pieza de porcelana era una antigüedad. El armatoste, un digno representante del patrimonio arquitectónico de Teusaquillo, le doblaba el espinazo.
El rufián, molesto con mi inquisidora mirada, se alebrestó y me amenazó: “Pues se bajó del billete porque necesito para un TransMilenio”. Le contesté, entre asombrado y colérico: “Usted, garnúplea de quinta, piensa atracarme con un lavamanos…”. El malandrín refutó: “Voy de patecabra y tal”.
Afortunadamente, mi renitis alérgica se había convertido en gripe. Le informé al ratero: “Tengo la peste porcina” y le solté un abundante estornudo en su demacrado rostro. La sabandija huyó dando brincos y alaridos. El fugitivo gritaba: “Me pringó el marrano”. No se queje, sabandija mugrienta, y báñese la jeta…en el lavamanos.
En conclusión, el único sistema de transporte masivo que funciona en estas breñas andinas es el mulero. Desde el siglo XVI, la voz del progreso es el patrimonio de la arriería: ¡Uiste! ¡Uiste, mula! ¡Atájenla! ¡Santa Bárbara bendita! ¡Viene TransMilenio!
El perverso medio sólo beneficia a los dueños de un vehículo porque les ahorra dos horas de sueño, 15 mil pesos de parqueadero, tres galones de gasolina y les evita la calvicie prematura por la cantaleta conyugal en un semáforo dañado. Esas ventajas soberanas tienen ñapa: Llegan temprano a la oficina. Hasta ahí, la fantasía del corral rojo es insustituible.
El resto es la epistemología del tumulto aplicada a las corralejas.
La fila, para comprar una tarjeta-pasaje, avanza tan rápido como la cajera lo permita. Luego, la masa desbocada intenta ingresar al vagón-paradero por cuatro registradoras. Dos son de salida. De las otras dos, una no lee las tarjetas. La que funciona es usurpada por una señora embarazada, gorda e hinchada. Ella intenta meter un caminador, con su respectivo sute amarrado al tetero, tres jotos boyacenses, un pañolón y cuatro chinos menesterosos.
Cuando el técnico desarregla el problema, los avispados pasan sin pagar. Los colados atraviesan el primer obstáculo junto a la turba jadeante. Ellos se instalan sobre la mancha amarilla para violar la prohibición. El letrero dice: “Dejar salir primero es entrar más rápido”. La lectura es decodificado por la colombianada. “Entrar más rápido es no salir primero”.
En este punto del impacto, las muchedumbres chocan sus fuerzas derrotadas contra las necesidades del salario mínimo. Ahí se desencadena el averno. Surge el demonio cavernícola criado con enjuagadura láctica de mamut siberiano.
Él puede, a punta de codazos, ingresar. Es el gesto brutal, fuerza tele somática que traspasa la materia. La bestia energúmena aúlla victoriosa cuando se aferra a la varilla central. Allí estorbará el paso a los bultos ingresados a la brava.
No puede ser posible. Ya escribí una página y aún no me subo al bus. Suplico a la ira santa para que mi Dios bendito borre, con el fuego aplicado a la impía Sodoma, la estación, los portales y toda mentira motorizada que atente contra la evolución móvil. La respuesta del Altísimo es redentora: “Toma tu cruz y sígueme”.
El mandato es inapelable. Simplemente permito a la inercia que me comprima en el vientre de la próxima máquina. Dentro suceden vainas raras.
Una señorita, palabras en desuso del castellano moderno, me mira risueña y me dice: “Señor, le está sonando el celular”. La contemplo agradecido: “Ala, hazme el favor de contestar porque no puedo bajar los brazos”. La muy servicial réplica: “Y si es su novia qué le digo”. Dile: “Que estoy atorado en un ergonómico TransMilenio. Mi amada comprenderá el porqué soy candidato al martirologio romano”. La ninfa intenta sacar el teléfono y se sonroja. “Uy, padre perdone...”. Los batracios del lado sonríen maliciosos. No falta el comentario soez que ameritaría unos gargarismos con alquitrán ardiendo.
En la siguiente estación se comprimen siete personas en un metro cuadro. Entre los asfixiados sobresale un obrero mediapala en celo. El sujeto, con cara de Tribilín, le habla a su damisela: “Ustedes, las mujeres, son como las rosas: lindas por fuera y por dentro repletas de espinas”. Teofrasto de Ereso, padre de la botánica, me clama para que le azote el cogote con un rosal. El diálogo romancero, y sus frases sin lógica vegetal, me obligó a descender una parada antes de lo habitual.
Esta vez fui misericordiosamente expulsado a un atestado cajón donde un estudiante forcejeaba con un truhán. Le había robado la billetera. Los chismosos solidarios le pedían socorro a un policía desarmado. Al fin pude salir (por la puerta de entrada) de aquel túnel infame donde se gesta el mito de la caverna.
Infortunadamente me quedé en la frontera sur de Chapinero. Los antros tenebrosos tenían sus escondrijos abiertos. Las callejeras usaron el protocolo debido a las braguetas bravas para saludarme. Los guapos me hicieron una calle de honor. Seguramente, Dios quiso premiar mi obediencia, con una catequesis sobre el salmo 91, por usar la desgracia motorizada: “…Pues ha dado a su ángeles la orden de protegerte en todos tus caminos…”.
Al llegar a la congestionada 63 se me acercó un apache. “Oiga, llave. Le vendo un lavamanos”. La pieza de porcelana era una antigüedad. El armatoste, un digno representante del patrimonio arquitectónico de Teusaquillo, le doblaba el espinazo.
El rufián, molesto con mi inquisidora mirada, se alebrestó y me amenazó: “Pues se bajó del billete porque necesito para un TransMilenio”. Le contesté, entre asombrado y colérico: “Usted, garnúplea de quinta, piensa atracarme con un lavamanos…”. El malandrín refutó: “Voy de patecabra y tal”.
Afortunadamente, mi renitis alérgica se había convertido en gripe. Le informé al ratero: “Tengo la peste porcina” y le solté un abundante estornudo en su demacrado rostro. La sabandija huyó dando brincos y alaridos. El fugitivo gritaba: “Me pringó el marrano”. No se queje, sabandija mugrienta, y báñese la jeta…en el lavamanos.
En conclusión, el único sistema de transporte masivo que funciona en estas breñas andinas es el mulero. Desde el siglo XVI, la voz del progreso es el patrimonio de la arriería: ¡Uiste! ¡Uiste, mula! ¡Atájenla! ¡Santa Bárbara bendita! ¡Viene TransMilenio!
martes, 10 de febrero de 2009
Paremiología cachaca
El arte de mamar gallo con la sabiduría popular es un elegante pasatiempo de cachifos y cofradías. Dentro de esa línea conceptual, el refranero nacional permite jugar con los dichos al redactar desde lo popular hasta lo culto.
Este defensor del folclor capitalino decidió hacer un aporte, en el dialecto chapineruno, para la voz griega paromia. La negrilla muestra el adagio original. Se sugiere leer en tono rolo para que suenen las erres.
Tanto jode el perro con la cotiza que al fin se la jarta
El exceso de retozo canino con la sandalia rústica finaliza con una deglución voraz.
Toro viejo cuando se encarama preña
Bovino añejo cuando copula fecunda.
Caballo grande ande o no ande
Equino descomunal desplácese o no desplácese.
Los errores de los médicos se tapan con tierra
Los yerros de los galenos se cubren con el polvo telúrico.
Reunión de zorras, perdición de gallinas
Congregación de cánidos astutos, degollina avícola.
Una cosa piensa el burro, y otra el que lo arrea
Una idea cavila el humilde borrico, y otra el que trajina con las bestias.
A caballo regalado, no se le mira el colmillo
A solípedo de cuello y cola poblados de cerdas largas, objeto de donación, no se le observa la pieza dental incisiva.
Es más constante que un coto
Tan perseverante como un bocio.
Carne de cura da locura
La corporeidad del presbítero produce privación del juicio.
Más contento que marrano estrenado lazo
Está poseído por la intensa euforia porcina en debut de soga.
Las cabras tiran para el monte
Los caprinos domésticos son proclives a frecuentar la región boscosa y montaraz.
Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente
Crustáceo decápodo que sueña es acarreado por la acometida de las mareas. En algunos casos, el vulgo impertinente agrega que el durmiente es sodomizado por batracios sátiros.
Cachetada en cuero ajeno no duele
Bofetón en cutis impropio no genera hematoma.
Al mejor cazador se le va el conejo
Al campeón de la cinegética se le fuga el gazapo.
Bebe más que macho asoleado
Supera en abundantes libaciones al mulo insolado.
Maldición de gallinazo no me cae en el espinazo
Anatema de zamuro no me golpea la estructura vertebral.
Barriga llena, aguanta azote
Aparato digestivo ahíto, soporta el restallar del látigo.
Cuando el pobre lava la camisa, ese día llueve
Si el menesteroso enjuaga la franela, el chaparrón es repentino.
Al que Dios le quiere dar, no es menester cavar
Al que el Altísimo, según su santa voluntad, le quiere otorgar no le toca perforar tremendo y profundo socavón.
Soldado avisado no muere en guerra
Conscripto informado no fenece en cruenta lid.
Casado pero no capado
El sujeto de condición conyugable estable no está emasculado.
El que nace para buey del cielo le caen los cachos
El personaje parido para ser bóvido capado del éter le descienden las cornamentas.
En boca cerrada no entra mosca
En cavidad bucal hermética no ingresa díptero braquícero.
En la tierra del ciego, el tuerto es rey
En la parte superficial del planeta donde nadie ve, el de la vista torcida es un monarca.
Estoy tan lleno como garrapata de yegua vieja
Me encuentro tan atiborrado como ácaro ovalado en pellejo de semoviente vetusto.
Hijo de tigre sale pintado
El descendiente de un felino carnívoro y feroz hereda sus rayas.
Más dormido que pata hinchada
El dormilón supera el onírico estado del miembro inferior inflamado.
No crea que el indio sea pobre porque la maleta es de hojas
No conjetures que el aborigen sea paupérrimo porque la valija es de folios.
Vaca chiquita siempre es ternera
La vaquillona, por su pequeña alzada, tiende a ser becerra.
Tras que éramos muchos y parió mi abuela
El celo demográfico nos tenía agobiados y la ascendiente dio a luz.
Tras de corneado apaleado
Después de ser atropellado por un cornúpeta furioso, lo aporrearon.
Tiene más carne un zancudo en la punta del ala
Posee más tejido cárnico un artrópodo en el extremo del apéndice utilizado para el vuelo.
Los secretos en reunión son de mala educación
Los arcanos en asamblea son de pésima crianza.
Quien con el lobo se junta a aullar aprende
Aquél que se regodea con canis lupus adquiere amplia experiencia en ulular.
Pueblo pequeño infierno grande
Aldea minúscula averno gigante.
La leche fortalece y la chicha embrutece
El líquido perlático de la consorte del toro vigoriza y el vino de maíz atrofia el uso de la razón.
Este defensor del folclor capitalino decidió hacer un aporte, en el dialecto chapineruno, para la voz griega paromia. La negrilla muestra el adagio original. Se sugiere leer en tono rolo para que suenen las erres.
Tanto jode el perro con la cotiza que al fin se la jarta
El exceso de retozo canino con la sandalia rústica finaliza con una deglución voraz.
Toro viejo cuando se encarama preña
Bovino añejo cuando copula fecunda.
Caballo grande ande o no ande
Equino descomunal desplácese o no desplácese.
Los errores de los médicos se tapan con tierra
Los yerros de los galenos se cubren con el polvo telúrico.
Reunión de zorras, perdición de gallinas
Congregación de cánidos astutos, degollina avícola.
Una cosa piensa el burro, y otra el que lo arrea
Una idea cavila el humilde borrico, y otra el que trajina con las bestias.
A caballo regalado, no se le mira el colmillo
A solípedo de cuello y cola poblados de cerdas largas, objeto de donación, no se le observa la pieza dental incisiva.
Es más constante que un coto
Tan perseverante como un bocio.
Carne de cura da locura
La corporeidad del presbítero produce privación del juicio.
Más contento que marrano estrenado lazo
Está poseído por la intensa euforia porcina en debut de soga.
Las cabras tiran para el monte
Los caprinos domésticos son proclives a frecuentar la región boscosa y montaraz.
Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente
Crustáceo decápodo que sueña es acarreado por la acometida de las mareas. En algunos casos, el vulgo impertinente agrega que el durmiente es sodomizado por batracios sátiros.
Cachetada en cuero ajeno no duele
Bofetón en cutis impropio no genera hematoma.
Al mejor cazador se le va el conejo
Al campeón de la cinegética se le fuga el gazapo.
Bebe más que macho asoleado
Supera en abundantes libaciones al mulo insolado.
Maldición de gallinazo no me cae en el espinazo
Anatema de zamuro no me golpea la estructura vertebral.
Barriga llena, aguanta azote
Aparato digestivo ahíto, soporta el restallar del látigo.
Cuando el pobre lava la camisa, ese día llueve
Si el menesteroso enjuaga la franela, el chaparrón es repentino.
Al que Dios le quiere dar, no es menester cavar
Al que el Altísimo, según su santa voluntad, le quiere otorgar no le toca perforar tremendo y profundo socavón.
Soldado avisado no muere en guerra
Conscripto informado no fenece en cruenta lid.
Casado pero no capado
El sujeto de condición conyugable estable no está emasculado.
El que nace para buey del cielo le caen los cachos
El personaje parido para ser bóvido capado del éter le descienden las cornamentas.
En boca cerrada no entra mosca
En cavidad bucal hermética no ingresa díptero braquícero.
En la tierra del ciego, el tuerto es rey
En la parte superficial del planeta donde nadie ve, el de la vista torcida es un monarca.
Estoy tan lleno como garrapata de yegua vieja
Me encuentro tan atiborrado como ácaro ovalado en pellejo de semoviente vetusto.
Hijo de tigre sale pintado
El descendiente de un felino carnívoro y feroz hereda sus rayas.
Más dormido que pata hinchada
El dormilón supera el onírico estado del miembro inferior inflamado.
No crea que el indio sea pobre porque la maleta es de hojas
No conjetures que el aborigen sea paupérrimo porque la valija es de folios.
Vaca chiquita siempre es ternera
La vaquillona, por su pequeña alzada, tiende a ser becerra.
Tras que éramos muchos y parió mi abuela
El celo demográfico nos tenía agobiados y la ascendiente dio a luz.
Tras de corneado apaleado
Después de ser atropellado por un cornúpeta furioso, lo aporrearon.
Tiene más carne un zancudo en la punta del ala
Posee más tejido cárnico un artrópodo en el extremo del apéndice utilizado para el vuelo.
Los secretos en reunión son de mala educación
Los arcanos en asamblea son de pésima crianza.
Quien con el lobo se junta a aullar aprende
Aquél que se regodea con canis lupus adquiere amplia experiencia en ulular.
Pueblo pequeño infierno grande
Aldea minúscula averno gigante.
La leche fortalece y la chicha embrutece
El líquido perlático de la consorte del toro vigoriza y el vino de maíz atrofia el uso de la razón.
domingo, 1 de febrero de 2009
Barack os mama
El triunfo de la democracia estadounidense es el vicio de las ilusiones, un castigo de las muchedumbres. La malévola dictadura del gentío generó un episodio que difamó a la Historia con sus pequeñas anécdotas de cantina.
La posesión del señor Obama no me dejó más alternativa que rebautizar a la Casa Blanca con el mote de “La cabaña del tío Tom” porque las reformas continúan.
El presidente, de melanina carmelita y rasgos caucásicos-polinesios, mandó adornar la Oficina Oval con un cuadro de su héroe, el guerrero shaka zulú. Agregó a su biblioteca personal un ejemplar del libro Raíces firmado por Alex Haley. La filmoteca contará con una nueva copia de la cinta Mississipi en llamas. Además, el funcionario escuchará el poema tonal de Duke Ellington titulado Black, Brown and Beige (Negro, castaño y café con leche) que lo identifica plenamente.
Con esos cambios trascendentales, el mandatario mestizo quedó atrapado entre las retahílas y las promesas por predicar porque él es un isleño. Sólo sirve para pescar o remar según lo determinen las mareas del poder. La “Hermandad Blanca” no lo dejará gobernar al estilo cowboy.
Lo fascinante de este ocaso triste radica en el aporte del Ku klux Klan. Ellos, los genios de la economía informal, vendieron miles de juguetes para negros en un período de recesión global. La división de mercadeo logró embaucar a la raza de ébano con una jugada maestra del engaño consumista. Los usuarios del capirote blanco montaron un negocio de ocasión. Las negritudes compraron máscaras de caucho, afiches, boletas, banderas, camisetas, muñecos de vudú y toda una serie de artículos manufacturados con una efigie de rostro presidencial.
Los señores de la triple K les ofrecieron jarabes para la tos, les otorgaron citas para consultar especialistas por faringitis de turba desencadenada. El ardite racista les produjo millones de dólares libres de impuestos. Los yanquis convirtieron una desgracia continental en una fábrica de oro.
Y de ganga, les susurraron promesas de largo plazo como la pacificación del conflicto judío-filisteo, el cierre de la cárcel de Guantánamo y el retiro de las tropas de Irak. La realidad soltó tremenda carcajada.
Y antes del fin, una mirada el ridículo vernáculo.
La acomplejada Farsolandia no podía quedarse atrás en el concierto de los arrebatos foráneos. Los mostrencos levantaron palenques ante la fuerza mediática de la fantochada. Los negros de Puerto Tejada, en un acto de patriotismo caucano, celebraron la posesión de Obama como si fueran a ser poseídos por el semental hawaiano.
El espectáculo provincial muestra el revanchismo intolerable de una patria decadente. El arribismo folclórico decoró los cueros con The Star-Spangled Banner (la bandera llena de estrellas). Pobre terruño manoseado por los perjurios electorales del Tío Sam.
El mal ejemplo cundió por la inexplorada manigua nacional. La pasión idolatra le edificó altares al amo forastero y embriagó de espanglish el corazón desamparado del criollo farsolandés. Los desventurados anónimos vieron en Obama un ídolo para arrodillarse en nombre de la libertina Doctrina Monroe.
En síntesis, les vendieron la religión de la esperanza negra y la desidia moral compró un redentor para crucificar.
La posesión del señor Obama no me dejó más alternativa que rebautizar a la Casa Blanca con el mote de “La cabaña del tío Tom” porque las reformas continúan.
El presidente, de melanina carmelita y rasgos caucásicos-polinesios, mandó adornar la Oficina Oval con un cuadro de su héroe, el guerrero shaka zulú. Agregó a su biblioteca personal un ejemplar del libro Raíces firmado por Alex Haley. La filmoteca contará con una nueva copia de la cinta Mississipi en llamas. Además, el funcionario escuchará el poema tonal de Duke Ellington titulado Black, Brown and Beige (Negro, castaño y café con leche) que lo identifica plenamente.
Con esos cambios trascendentales, el mandatario mestizo quedó atrapado entre las retahílas y las promesas por predicar porque él es un isleño. Sólo sirve para pescar o remar según lo determinen las mareas del poder. La “Hermandad Blanca” no lo dejará gobernar al estilo cowboy.
Lo fascinante de este ocaso triste radica en el aporte del Ku klux Klan. Ellos, los genios de la economía informal, vendieron miles de juguetes para negros en un período de recesión global. La división de mercadeo logró embaucar a la raza de ébano con una jugada maestra del engaño consumista. Los usuarios del capirote blanco montaron un negocio de ocasión. Las negritudes compraron máscaras de caucho, afiches, boletas, banderas, camisetas, muñecos de vudú y toda una serie de artículos manufacturados con una efigie de rostro presidencial.
Los señores de la triple K les ofrecieron jarabes para la tos, les otorgaron citas para consultar especialistas por faringitis de turba desencadenada. El ardite racista les produjo millones de dólares libres de impuestos. Los yanquis convirtieron una desgracia continental en una fábrica de oro.
Y de ganga, les susurraron promesas de largo plazo como la pacificación del conflicto judío-filisteo, el cierre de la cárcel de Guantánamo y el retiro de las tropas de Irak. La realidad soltó tremenda carcajada.
Y antes del fin, una mirada el ridículo vernáculo.
La acomplejada Farsolandia no podía quedarse atrás en el concierto de los arrebatos foráneos. Los mostrencos levantaron palenques ante la fuerza mediática de la fantochada. Los negros de Puerto Tejada, en un acto de patriotismo caucano, celebraron la posesión de Obama como si fueran a ser poseídos por el semental hawaiano.
El espectáculo provincial muestra el revanchismo intolerable de una patria decadente. El arribismo folclórico decoró los cueros con The Star-Spangled Banner (la bandera llena de estrellas). Pobre terruño manoseado por los perjurios electorales del Tío Sam.
El mal ejemplo cundió por la inexplorada manigua nacional. La pasión idolatra le edificó altares al amo forastero y embriagó de espanglish el corazón desamparado del criollo farsolandés. Los desventurados anónimos vieron en Obama un ídolo para arrodillarse en nombre de la libertina Doctrina Monroe.
En síntesis, les vendieron la religión de la esperanza negra y la desidia moral compró un redentor para crucificar.
domingo, 23 de noviembre de 2008
Las piras de Midas
El síndrome piramidal es la enfermedad social de Farsolandia. Tres millones de ciudadanos honestos, trabajadores, inteligentes, inmaculados y temerosos de Dios se convirtieron en socios de la delincuencia organizada. La colaboración les costó 200 millones de dólares en pérdidas, sin contar el aporte DMG. Lo fenomenal es que las víctimas defienden a sus verdugos del vil cepo.
Si la tramoya vernácula se mantiene habrá que reformar la teología moral, los Diez Mandamientos y el democrático epígrafe del Capitolio Nacional: “Vox populi – vox Dei”, la voz del pueblo es la voz de Dios.
¿Pero cuál es el mandato que hace temblar al decoroso y recatado pudor nacional?
Ninguno. Excepto que los asesores financieros de los narcotraficantes, en un gesto ladino de condescendencia navideña, decidieron socializar la mitad de sus ganancias, producto del lavado de activos, con una muchedumbre ambiciosa y ostentosa.
La colombianada asustó al sistema bancario, única entidad con licencia para la ratería sistemática y el cobro jurídico. Las cuentas de los paupérrimos ahorradores se cerraron para guardar el dinero en la “Pirámide de Tutankamón” que traducido al lenguaje del vandalismo criollo se pronuncia: “Tutanguevón”.
El becerro dorado puso de manifiesto el poder corruptor del excremento del diablo, el oro. Los organismos de control guardaron un silencio infame porque el cohecho los untó de complicidad.
El ternero cebado los corneó. Ahora sí hay inconvenientes porque los banqueros no podrán acumular las millonarias ganancias establecidas por decreto para el año en curso. La riqueza pasó de Suiza a Suesca en un santiamén. Entonces, los patrones del mayordomo telefonearon a la Casa de Nariño para delatar la fuga de capital.
El jefe del inquilinato de Nariño recibió la llamada del hampa bancaria. Al señor Uribe sólo se le ocurrió pedirles, vía consejo comunal, el favor a los timadores para que devolvieran de buena fe lo que se robaron de mala fe. ¿Será que José Obdulio le aumentó la cuota de coscorrones? (Resulta muy ilustrativo que don Antonio Nariño fuera el Precursor del autopréstamo con la Caja de Diezmos (1792). Viva el bicentenario del fraude.
Si Farsolandia fuera una casalote, digna de ser habitada por algún vicio deplorable, no estaría alcahueteando el pago de los bienes hurtados.
El delito sí paga y el Estado ladrón se abalanzó contra la “gran familia, Dinero Mal Ganado (DMG)” para quebrarla. La maniobra a mansalva evitó que la mafia judeo-aurífera entrara a engrosar las cifras de los desempleados. El país de la farsa no permitirá que las lavanderas de dólares pierdan su empleo porque quién enjuagará los fondos de las campañas presidenciales y senatoriales, al estilo Samper-Botero.
Farsolandia, el Imperio de la Fraudulencia, desfalcará a los gremios del atraco clandestino para saciar la caja menor de los bancos y enmudecer las conciencias. El botín será repartido por bultos entre los incorruptibles funcionarios que acallarán el escándalo de la ruina.
Pregunta: ¿Por qué no se aplican las reglas del juego bancario, pero a la inversa? Cuando la banca nacional se quiebra por un autopréstamo a cada colombiano le sacan la sangre para pagar el escamoteo.
Ahora, que el honradísimo constituyente primario le entregó sus millones a las comercializadores ilícitas, ¿por qué los bancos no asumen la deuda y la pagan? Mijito, porque los banqueros tienen el cuello blanco del yuntero y no el cogote sudoroso del buey.
La histórica malversación del erario así lo demuestra. Algunos datos sueltos, sobre el vicio de la corruptela, dejan ver una marcada vocación por el arte de marranear al “caribajito”.
1923. Pedro A. López quebró el banco del mismo nombre. El hueco fiscal lo taparon con los 25 millones de dólares que pagó el Tío Sam por el potrero de Panamá.
1974. La sociedad elitista se enteró de las andanzas de Carlos Alberto Sánchez Rojas, el Conejo Millonario. El cuniculus se dedicó a roerle los bolsillos a la gente que meaba güisqui.
1980. El Campeonato Interno de las Defraudaciones se inició voraz. Los economistas gomelos lo bautizaron con el eufemismo de: “Crisis financiera de los 80”. Farsolandia, bajo la tutela del arriero de Amagá, tuvo que poner a flote a 17 notabilísimas instituciones crediticias que se hundían en el mar de la piratería.
Los dueños de las entidades, con patente de corso, se habían dedicado al autopréstamo, la captación ilegítima de dineros y a la lúdica bursátil para asaltar a una parte del sector empresarial. Los truhanes desvalijaron a más de 82.000 personas por un valor superior a los 10.000 millones de pesos.
El alto mundo de la estafa, para sus fines delictivos, contó con un equipo de ensueño: El Banco Nacional, el águila del Banco de Colombia, el Grupo Grancolombiano, el Banco del Estado, la Corporación Financiera Santa Fe y algunas compañías inmobiliarias que gestaron, con sus falsificaciones, una crisis monetaria digna promotora de un suicidio colectivo.
1982. Hubo otra inusual emergencia económica y el industrial de la estafa, Jaime Michelsen Uribe, fue culpado de inocencia comprobada.
1982. El gobierno de Betancur expidió el decreto 2920 que reglamentaba la captación de recursos públicos y “condenaba” a quienes, sin permiso de la Superbancaria, saquearan con descaro.
1983. Roberto Soto Prieto se robó 13,5 millones de dólares de las cuentas del Chase Manhattan Bank de Londres. El monto, propiedad del Banco de la República, desapareció. El benemérito señor Soto instituyó el atraco bancario por télex. Maniobra que apoyó su cuñado Antonio Cebollero.
1986. El Banco de los Trabajadores fue oficializado por causa de los honestos manejos de su accionista mayor Gilberto Rodríguez Orejuela, el brillante naire (cuidador de elefantes).
1986. Quiebra y nacionalización del Banco de Colombia y Granahorrar o “Granahorcar”.
1987. La Caja Vocacional, entidad promotora de la pastoral de la pobreza, realizó un desfalco de 3.000 millones de pesos entre sus ahorradores. El acto se justificó con las vacaciones de monseñor Abraham Gaitán Mahecha en Alemania.
1998. Granahorrar, quebrada por segunda vez, pasó al Estado.
1999. El gobierno de Andrés Patraña creó, a través de la Ley 510, una comisión para desinformar sobre la extraña crisis del sector financiero estatal. El Banco del Estado, el Banco Andino, el Banco del Pacífico y el Banco Central Hipotecario, entre otras pirámides legalizadas, alardearon de su capacidad para la falsificación, el peculado, los sobregiros y los autopréstamos. El desangre económico lo cauterizaron con lo establecido en el Manual del ordeño para ubres con cuatro por mil.
La bancarrota terminó intervenida y reparada. Al Banco del Pacífico le consignaron el impuesto predial de los bogotanos y las alcancías se rompieron hasta desaparecer en Ecuador.
2007. Farsolandia, el feudo del artificio, se graduó con honores en la Universidad del Salteador. El Gobierno, la Superintendencia Bancaria, los economistas, los jueces, los fiscales, la Policía y hasta el último colombiano fueron oportunamente alertados por los medios masivos de información sobre las captadoras ilegales de dinero, las pirámides.
Durante más de un año, la voluptuosa complacencia de la gran ramera estatal apoyada por la chichería del Jockey Club dejó engordar a la marrana. Al porcino le llegó su Nochebuena y la riqueza de la mafia se feriará entre los bolsillos de la corrupta clase dirigente. El avispado pueblo raso, patrocinador del lavado de activos y la estafa, mirará un chispero.
2008. Noviembre. Farsolandia allanó a las antilegales empresas captadoras de dinero legal porque un patirrajado se convirtió en un magnate internacional, DMG. Y esa vaina está prohibida por los herederos de Antonio Nariño, el Precursor de los petardistas.
Conclusiones:
-La naturaleza, en un acto de sabiduría ecológica, intentó acabar con Farsolandia. Mandó dos temporadas invernales en un semestre, sismos, erupciones volcánicas, desbordamientos de ríos, epidemias y derrumbes, pero nada detuvo el reinado de la silicona en Cartagena. La parranda sin tragedia no es folclórica.
-En diciembre habrá francachela y apareamiento desalmado en las piscinas de Melgar. En enero se sufrirá de amnesia. En febrero se planeará el próximo salteamiento general porque El Dorado no ha muerto, vive para sobornar a los probos políticos colombianos.
-El pueblo esquilmado candidatizó a David Murcia Guzmán (DMG) para presidente de la finca, ministro de Hacienda y asesor para la integración comercial de Latinoamérica. Según los putumayenses, el timo les trajo paz y abundancia material.
-Las gentes del común son dichosas de sentir el acicate en el lomo lacerado. Un ejemplo, ratifica la tesis.
Una señora nerviosa entró al expendio de periódicos a las 7:30 de una lluviosa noche del domingo 16 de noviembre de 2008. No Quería hablar. No sabía cómo expresarlo. Miró hacia los lados.
- Vecino, lo que pasa es que mi hija, la que vive en Sogamoso, me trajo el periódico El Tiempo del sábado.
- Y qué pasa, vecina.
- Usted me lo podría cambiar por mil pesos de pan.
- Sí, señora. Se lo cambio.
Gracias sumercé. Todo es culpa de lo que pasó en Sogamoso (Boyacá). Allá la platica de los trabajadores y pensionados de Acerías Paz del Río se esfumó por cuenta de las tales pirámides.
En marzo de 2007, la empresa brasileña Votorantin se hizo al control de Acerías Paz del Río al adquirir el 52 por ciento de las acciones de la empresa por un valor de 490,7 millones de dólares.
Votorantin pagó 131,42 pesos por cada acción frente a la base fijada en 52 pesos. Los beneficiarios de la venta de la planta industrial, ubicada en Belencito (Boyacá), se jugaron los réditos en pirámides.
La del trueque soltó la carcajada y agregó: “Ese billete se perdió porque los dueños de las captadoras se volaron del país”. La señora dio la espalda y se marchó dichosa por haber podido cambiar un periódico de ayer por un pan.
Si la tramoya vernácula se mantiene habrá que reformar la teología moral, los Diez Mandamientos y el democrático epígrafe del Capitolio Nacional: “Vox populi – vox Dei”, la voz del pueblo es la voz de Dios.
¿Pero cuál es el mandato que hace temblar al decoroso y recatado pudor nacional?
Ninguno. Excepto que los asesores financieros de los narcotraficantes, en un gesto ladino de condescendencia navideña, decidieron socializar la mitad de sus ganancias, producto del lavado de activos, con una muchedumbre ambiciosa y ostentosa.
La colombianada asustó al sistema bancario, única entidad con licencia para la ratería sistemática y el cobro jurídico. Las cuentas de los paupérrimos ahorradores se cerraron para guardar el dinero en la “Pirámide de Tutankamón” que traducido al lenguaje del vandalismo criollo se pronuncia: “Tutanguevón”.
El becerro dorado puso de manifiesto el poder corruptor del excremento del diablo, el oro. Los organismos de control guardaron un silencio infame porque el cohecho los untó de complicidad.
El ternero cebado los corneó. Ahora sí hay inconvenientes porque los banqueros no podrán acumular las millonarias ganancias establecidas por decreto para el año en curso. La riqueza pasó de Suiza a Suesca en un santiamén. Entonces, los patrones del mayordomo telefonearon a la Casa de Nariño para delatar la fuga de capital.
El jefe del inquilinato de Nariño recibió la llamada del hampa bancaria. Al señor Uribe sólo se le ocurrió pedirles, vía consejo comunal, el favor a los timadores para que devolvieran de buena fe lo que se robaron de mala fe. ¿Será que José Obdulio le aumentó la cuota de coscorrones? (Resulta muy ilustrativo que don Antonio Nariño fuera el Precursor del autopréstamo con la Caja de Diezmos (1792). Viva el bicentenario del fraude.
Si Farsolandia fuera una casalote, digna de ser habitada por algún vicio deplorable, no estaría alcahueteando el pago de los bienes hurtados.
El delito sí paga y el Estado ladrón se abalanzó contra la “gran familia, Dinero Mal Ganado (DMG)” para quebrarla. La maniobra a mansalva evitó que la mafia judeo-aurífera entrara a engrosar las cifras de los desempleados. El país de la farsa no permitirá que las lavanderas de dólares pierdan su empleo porque quién enjuagará los fondos de las campañas presidenciales y senatoriales, al estilo Samper-Botero.
Farsolandia, el Imperio de la Fraudulencia, desfalcará a los gremios del atraco clandestino para saciar la caja menor de los bancos y enmudecer las conciencias. El botín será repartido por bultos entre los incorruptibles funcionarios que acallarán el escándalo de la ruina.
Pregunta: ¿Por qué no se aplican las reglas del juego bancario, pero a la inversa? Cuando la banca nacional se quiebra por un autopréstamo a cada colombiano le sacan la sangre para pagar el escamoteo.
Ahora, que el honradísimo constituyente primario le entregó sus millones a las comercializadores ilícitas, ¿por qué los bancos no asumen la deuda y la pagan? Mijito, porque los banqueros tienen el cuello blanco del yuntero y no el cogote sudoroso del buey.
La histórica malversación del erario así lo demuestra. Algunos datos sueltos, sobre el vicio de la corruptela, dejan ver una marcada vocación por el arte de marranear al “caribajito”.
1923. Pedro A. López quebró el banco del mismo nombre. El hueco fiscal lo taparon con los 25 millones de dólares que pagó el Tío Sam por el potrero de Panamá.
1974. La sociedad elitista se enteró de las andanzas de Carlos Alberto Sánchez Rojas, el Conejo Millonario. El cuniculus se dedicó a roerle los bolsillos a la gente que meaba güisqui.
1980. El Campeonato Interno de las Defraudaciones se inició voraz. Los economistas gomelos lo bautizaron con el eufemismo de: “Crisis financiera de los 80”. Farsolandia, bajo la tutela del arriero de Amagá, tuvo que poner a flote a 17 notabilísimas instituciones crediticias que se hundían en el mar de la piratería.
Los dueños de las entidades, con patente de corso, se habían dedicado al autopréstamo, la captación ilegítima de dineros y a la lúdica bursátil para asaltar a una parte del sector empresarial. Los truhanes desvalijaron a más de 82.000 personas por un valor superior a los 10.000 millones de pesos.
El alto mundo de la estafa, para sus fines delictivos, contó con un equipo de ensueño: El Banco Nacional, el águila del Banco de Colombia, el Grupo Grancolombiano, el Banco del Estado, la Corporación Financiera Santa Fe y algunas compañías inmobiliarias que gestaron, con sus falsificaciones, una crisis monetaria digna promotora de un suicidio colectivo.
1982. Hubo otra inusual emergencia económica y el industrial de la estafa, Jaime Michelsen Uribe, fue culpado de inocencia comprobada.
1982. El gobierno de Betancur expidió el decreto 2920 que reglamentaba la captación de recursos públicos y “condenaba” a quienes, sin permiso de la Superbancaria, saquearan con descaro.
1983. Roberto Soto Prieto se robó 13,5 millones de dólares de las cuentas del Chase Manhattan Bank de Londres. El monto, propiedad del Banco de la República, desapareció. El benemérito señor Soto instituyó el atraco bancario por télex. Maniobra que apoyó su cuñado Antonio Cebollero.
1986. El Banco de los Trabajadores fue oficializado por causa de los honestos manejos de su accionista mayor Gilberto Rodríguez Orejuela, el brillante naire (cuidador de elefantes).
1986. Quiebra y nacionalización del Banco de Colombia y Granahorrar o “Granahorcar”.
1987. La Caja Vocacional, entidad promotora de la pastoral de la pobreza, realizó un desfalco de 3.000 millones de pesos entre sus ahorradores. El acto se justificó con las vacaciones de monseñor Abraham Gaitán Mahecha en Alemania.
1998. Granahorrar, quebrada por segunda vez, pasó al Estado.
1999. El gobierno de Andrés Patraña creó, a través de la Ley 510, una comisión para desinformar sobre la extraña crisis del sector financiero estatal. El Banco del Estado, el Banco Andino, el Banco del Pacífico y el Banco Central Hipotecario, entre otras pirámides legalizadas, alardearon de su capacidad para la falsificación, el peculado, los sobregiros y los autopréstamos. El desangre económico lo cauterizaron con lo establecido en el Manual del ordeño para ubres con cuatro por mil.
La bancarrota terminó intervenida y reparada. Al Banco del Pacífico le consignaron el impuesto predial de los bogotanos y las alcancías se rompieron hasta desaparecer en Ecuador.
2007. Farsolandia, el feudo del artificio, se graduó con honores en la Universidad del Salteador. El Gobierno, la Superintendencia Bancaria, los economistas, los jueces, los fiscales, la Policía y hasta el último colombiano fueron oportunamente alertados por los medios masivos de información sobre las captadoras ilegales de dinero, las pirámides.
Durante más de un año, la voluptuosa complacencia de la gran ramera estatal apoyada por la chichería del Jockey Club dejó engordar a la marrana. Al porcino le llegó su Nochebuena y la riqueza de la mafia se feriará entre los bolsillos de la corrupta clase dirigente. El avispado pueblo raso, patrocinador del lavado de activos y la estafa, mirará un chispero.
2008. Noviembre. Farsolandia allanó a las antilegales empresas captadoras de dinero legal porque un patirrajado se convirtió en un magnate internacional, DMG. Y esa vaina está prohibida por los herederos de Antonio Nariño, el Precursor de los petardistas.
Conclusiones:
-La naturaleza, en un acto de sabiduría ecológica, intentó acabar con Farsolandia. Mandó dos temporadas invernales en un semestre, sismos, erupciones volcánicas, desbordamientos de ríos, epidemias y derrumbes, pero nada detuvo el reinado de la silicona en Cartagena. La parranda sin tragedia no es folclórica.
-En diciembre habrá francachela y apareamiento desalmado en las piscinas de Melgar. En enero se sufrirá de amnesia. En febrero se planeará el próximo salteamiento general porque El Dorado no ha muerto, vive para sobornar a los probos políticos colombianos.
-El pueblo esquilmado candidatizó a David Murcia Guzmán (DMG) para presidente de la finca, ministro de Hacienda y asesor para la integración comercial de Latinoamérica. Según los putumayenses, el timo les trajo paz y abundancia material.
-Las gentes del común son dichosas de sentir el acicate en el lomo lacerado. Un ejemplo, ratifica la tesis.
Una señora nerviosa entró al expendio de periódicos a las 7:30 de una lluviosa noche del domingo 16 de noviembre de 2008. No Quería hablar. No sabía cómo expresarlo. Miró hacia los lados.
- Vecino, lo que pasa es que mi hija, la que vive en Sogamoso, me trajo el periódico El Tiempo del sábado.
- Y qué pasa, vecina.
- Usted me lo podría cambiar por mil pesos de pan.
- Sí, señora. Se lo cambio.
Gracias sumercé. Todo es culpa de lo que pasó en Sogamoso (Boyacá). Allá la platica de los trabajadores y pensionados de Acerías Paz del Río se esfumó por cuenta de las tales pirámides.
En marzo de 2007, la empresa brasileña Votorantin se hizo al control de Acerías Paz del Río al adquirir el 52 por ciento de las acciones de la empresa por un valor de 490,7 millones de dólares.
Votorantin pagó 131,42 pesos por cada acción frente a la base fijada en 52 pesos. Los beneficiarios de la venta de la planta industrial, ubicada en Belencito (Boyacá), se jugaron los réditos en pirámides.
La del trueque soltó la carcajada y agregó: “Ese billete se perdió porque los dueños de las captadoras se volaron del país”. La señora dio la espalda y se marchó dichosa por haber podido cambiar un periódico de ayer por un pan.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)