viernes, 9 de abril de 2021
viernes, 5 de marzo de 2021
Las quejas del infierno
Por Julio Ricardo Castaño Rueda
La consecuencia miserable, de aquel
desperfecto histórico, permitió la llegada de una horda de gamonales granadinos
al báratro. Esa chusma postiza sacrificó su doctrina anticristiana para
cauterizar las inquietudes del desenfreno, pieza vital de la mecánica de los
nueves círculos que Dante Alighieri, el poeta florentino, describiera en su
Divina comedia. De la celestial mascarada se pasó, en un santiamén, al trágico
sectarismo del notablato criollo. Las circunferencias séptima, octava y novena,
altares venerables de la violencia, el fraude y la traición, quedaron asignadas
a esa tenebrosa etnia criminal.
La riada de corruptos inundó, con la hedentina
de sus sofismas, los pestilentes rincones del hades. Caronte decidió ahogarse en
el Leteo, el río del olvido. Entonces, el desplazamiento forzado de las insignes
figuras del orco fue inevitable. Los divinos césares, Calígula y Nerón, el
impetuoso jinete, Gengis Kan, y el humanista Vlad III de Valaquia, el Empalador,
y un millar de libertinos protervos fueron degradados al oratorio de preparación
para niños de primera comunión. Nada ya, para el mal, fue bueno. La perversidad
socarrona de estos granujas logró adulterar, con su perniciosa manía del inciso
regulador, la totalidad de la más docta hamartiología (doctrina del pecado).
Los
caudillos de la demagogia atacaron con su repugnante protervia a los íncubos. La
alevosía de la ponzoña inoculada no tuvo piedad con los demonios desvalidos. Los
relapsos infectados debieron tramitar su ingreso al pailón mayor. La entrada
requiere de un soborno de bondad. Los desventurados hijos del maligno pagan su
extorsión moderadora para evitar una otitis diabólica cuando les nombran los
alias de Francisco de Paula, Simón José Antonio y Antonio Amador José, sujetos
viles. Estigmas de las caricaturas escolares de la patria en el catecismo de la
infamia nacional, trilogía de la crápula.
La catástrofe asfixió a Belcebú. Los
congresistas raizales, con la pertinacia de la abyección, le serrucharon la
butaca al supremo administrador de la mentira. Hoy, los abismos del tártaro
sufren un severo racionamiento de tinieblas. Las calderas de castigo no tienen
flatulencias para operar.
Las profanadas furias, Megera, Alecto y Tisífone, se
amancebaron con Judas Iscariote y venden indulgencias plenarias con certificados
falsos, pero autenticados por notarios eclesiales. Las doctrinas sobre la
inmortalidad negativa fueron perversamente negociadas a espaldas de Lucifer. El
prodigio de esa desgracia es la herencia bastarda de los tinterillos. Ellos
sindicalizaron a los esclavos de las horrendas dehesas del erebo y sembraron una
paz de sangre desde el vestíbulo del limbo hasta las cascadas del Aqueronte…
Atención, noticia de última hora. La guardia de don Adolfo incautó un peligroso
contrabando. Se trató de 5.000 kilogramos de camándulas bendecidas por san José
María Escrivá de Balaguer. Los sindicados son Laureano y Alberto, el Pacto de
Benidorm. El séquito de bolcheviques invitó a Satanás a brindar por el éxito del
operativo. Satán sufrió un ataque de apoplejía y murió. La gentuza le pasó un
tarro de diablo rojo con agua bendita.
domingo, 31 de mayo de 2020
Redacción endémica
![]() |
| La monotonía del redactor. Foto JRCR |
“Palabras vanas, ruido de campanas”
Por: Julio Ricardo Castaño Rueda
El presidente de la República de Colombia, Iván Duque, acudió a Nuestra
Señora del Rosario de Chiquinquirá como intercesora contra la peste, razón
apoyada en documentos históricos. El gesto del ejecutivo, acorde con el artículo
19 de la constitución nacional, generó un alboroto. Algunos editorialistas, con
humor inteligente y un delicioso sarcasmo, aprovecharon la libertad de prensa y
sus libertinajes para zaherir con la frase: “Virgen de Chiquinquirá”.
Al pasar el eco de la carcajada, el ludibrio se tornó tedioso. Cayó en el fastidio
desganado del aburrimiento. La agudeza del chascarrillo original, el gracejo de
doble sentido, religioso-estatal, se perdió entre la mofa decadente. Ahora, la muletilla:
“Virgen de Chiquinquirá” se incluye en cualquier nota, esfuerzo vano de un
fallido intento de irreverencia intelectual, tema común.
La manía de la reincidencia afirma que los columnistas de tesis políticas
no son originales en sus conceptos. Solo reproducen una retahíla, mancha de la verborrea
sobre la ignorancia. El apunte brillante se trasformó en una monótona cita sin
compromiso con la cultura nacional.
El delicado sentido del respeto requiere educar los planteamientos, que
forman la opinión del público, para que no se convierta en una cosa pública,
elemento manoseado con las letras de la frivolidad.
Lo paradójico de este asunto, de racionamientos contra la fe, son las partidas
de bautismo de aquellos creyentes en la ley de Dios, el humanismo y la
universalidad axiológica de sus palabras. Ellos, los pensadores de la
posmodernidad, cayeron en la usanza de la banalidad. Repiten, cual vistosas
guacamayas, el alarido del escándalo.
lunes, 16 de diciembre de 2019
La Venezuela mendicante
Por Julio Ricardo Castaño Rueda
Los venezolanos piden limosna en Colombia como consecuencia de un asunto criminal
del chavismo: el hambre, hecha con excremento cubano. Triunfo del bolchevismo
bolivariano.
Las víctimas de la defecada ideológica se arremolinan en las ciudades
nacionales para intentar limpiarse de la inmunda impronta comunista.
La invasión de los esquiroles coprófagos produjo la desaparición forzada de los
pordioseros de la próspera finca coquera. Los limosneros de Bogotá abandonaron
su tradicional oficio de extorsionar con lamentos el bolsillo del viandante. Cesó
la horrible noche de su júbilo indigesto.
La tramoya de su ausencia consistió en un maquiavélico gesto de la
taumaturgia criolla. La paupérrima economía del rebusque se desvaneció como por
arte de Juan Manuel Santos y sus falsos positivos.
¿Dónde están los menesterosos de la patria del doble bicentenario de
independencia (2010-2019)? ¿Qué pasó con la Corte de los Milagros, la de Víctor
Hugo y su jorobado de Nuestra Señora, en versión calle del Bronx? Las preguntas
para la predestigitocracia del DANE siguen afónicas de tanto vociferar sin
tregua ni esperanza.
Mientras las respuestas se cuecen en las cacerolas de los sofistas este
cronista se abstiene de dar una pieza de cobre al migrante con acento “veneco”.
Aquí sí exigen, con tono alevoso, unos pesos para comer como los reyes de la
industria de la mendicidad. Pero allá callaron acobardados por la letalidad del
bochinche con olor a tabaco maduro.
¿Será que los mendigos colombianos se nacionalizaron venezolanos para poder
aspirar a un rollo de papel higiénico bimestral por familia?
jueves, 29 de agosto de 2019
miércoles, 31 de julio de 2019
viernes, 7 de junio de 2019
El pacificador de los rábulas
miércoles, 13 de febrero de 2019
Hidrofango
Los ingenieros de la calamidad lograron superar la cota de la mediocridad nacional.
La empresa Estupidez, Pernicia y Mortecino (EPM) hundió el remanso del río Cauca
en una enorme alcantarilla.
La debacle de la truhanería vendió el lote a la crueldad de la emboscada
contra natura. El crimen ecológico edificó un monumento a la corrupción, escándalo
de forajidos.
Consumado el infortunio, las raposas y sus meretrices jurídicas sepultarán
la verdad con garlanchas de normatividad. El aceite de la ilegalidad, el delirio
del soborno, la embalsamará.
Ya está lista la bacanal de la avaricia para que los buitres de la aldea se
regodeen de inmundicia. Sus buches quedarán ahítos de coimas por defender a los
pérfidos responsables de un acto de pandilleros. Ellos gastaron el presupuesto infame
de su esterilidad en una represa de muerte.
El pueblo resabiado, en su surco de dolores, pagará por generaciones el
holocausto de una tiranía alquilada al saqueo: “Hecho en Farsolandia”. La patria
de mendigos vivirá de su descalabro moral por ser la potencia de la imbecilidad
resumida en la frase de la decadencia: “Nos las sabemos todas”, principio de la
catástrofe premoderna.
En síntesis, el redactor implora la benigna intercesión de su santo de cabecera,
el pacificador don Pablo Morillo, glorioso edificador de patíbulos, que expresó:
“En esta parte de América, los venezolanos son los que hacen y mantienen la guerra
de insurrección porque en la Nueva Granada solo hay una plaga de leguleyos hojeando
códigos para promover enredos”.
lunes, 21 de enero de 2019
jueves, 25 de octubre de 2018
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