viernes, 5 de marzo de 2021

Las quejas del infierno


 Por Julio Ricardo Castaño Rueda

El averno sirve, pero no funciona. Su falencia se debe al virus “poco” (político colombiano). La oscuridad industrial cumplía a cabalidad con la pedagogía de la calamidad, pero la desgració el viernes 20 de julio de 1810. Desde aquella fecha nefasta, la perversidad entró en una decadencia corrupta que averió la eficiente técnica del mal. Oh farsa inmarcesible.

La consecuencia miserable, de aquel desperfecto histórico, permitió la llegada de una horda de gamonales granadinos al báratro. Esa chusma postiza sacrificó su doctrina anticristiana para cauterizar las inquietudes del desenfreno, pieza vital de la mecánica de los nueves círculos que Dante Alighieri, el poeta florentino, describiera en su Divina comedia. De la celestial mascarada se pasó, en un santiamén, al trágico sectarismo del notablato criollo. Las circunferencias séptima, octava  y novena, altares venerables de la violencia, el fraude y la traición, quedaron asignadas a esa tenebrosa etnia criminal.

La riada de corruptos inundó, con la hedentina de sus sofismas, los pestilentes rincones del hades. Caronte decidió ahogarse en el Leteo, el río del olvido. Entonces, el desplazamiento forzado de las insignes figuras del orco fue inevitable. Los divinos césares, Calígula y Nerón, el impetuoso jinete, Gengis Kan, y el humanista Vlad III de Valaquia, el Empalador, y un millar de libertinos protervos fueron degradados al oratorio de preparación para niños de primera comunión. Nada ya, para el mal, fue bueno. La perversidad socarrona de estos granujas logró adulterar, con su perniciosa manía del inciso regulador, la totalidad de la más docta hamartiología (doctrina del pecado).

Los caudillos de la demagogia atacaron con su repugnante protervia a los íncubos. La alevosía de la ponzoña inoculada no tuvo piedad con los demonios desvalidos. Los relapsos infectados debieron tramitar su ingreso al pailón mayor. La entrada requiere de un soborno de bondad. Los desventurados hijos del maligno pagan su extorsión moderadora para evitar una otitis diabólica cuando les nombran los alias de Francisco de Paula, Simón José Antonio y Antonio Amador José, sujetos viles. Estigmas de las caricaturas escolares de la patria en el catecismo de la infamia nacional, trilogía de la crápula.

La catástrofe asfixió a Belcebú. Los congresistas raizales, con la pertinacia de la abyección, le serrucharon la butaca al supremo administrador de la mentira. Hoy, los abismos del tártaro sufren un severo racionamiento de tinieblas. Las calderas de castigo no tienen flatulencias para operar.

Las profanadas furias, Megera, Alecto y Tisífone, se amancebaron con Judas Iscariote y venden indulgencias plenarias con certificados falsos, pero autenticados por notarios eclesiales. Las doctrinas sobre la inmortalidad negativa fueron perversamente negociadas a espaldas de Lucifer. El prodigio de esa desgracia es la herencia bastarda de los tinterillos. Ellos sindicalizaron a los esclavos de las horrendas dehesas del erebo y sembraron una paz de sangre desde el vestíbulo del limbo hasta las cascadas del Aqueronte…

Atención, noticia de última hora. La guardia de don Adolfo incautó un peligroso contrabando. Se trató de 5.000 kilogramos de camándulas bendecidas por san José María Escrivá de Balaguer. Los sindicados son Laureano y Alberto, el Pacto de Benidorm. El séquito de bolcheviques invitó a Satanás a brindar por el éxito del operativo. Satán sufrió un ataque de apoplejía y murió. La gentuza le pasó un tarro de diablo rojo con agua bendita.

domingo, 31 de mayo de 2020

Redacción endémica

La monotonía del redactor. Foto JRCR


 “Palabras vanas, ruido de campanas”

Por: Julio Ricardo Castaño Rueda

El presidente de la República de Colombia, Iván Duque, acudió a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá como intercesora contra la peste, razón apoyada en documentos históricos. El gesto del ejecutivo, acorde con el artículo 19 de la constitución nacional, generó un alboroto. Algunos editorialistas, con humor inteligente y un delicioso sarcasmo, aprovecharon la libertad de prensa y sus libertinajes para zaherir con la frase: “Virgen de Chiquinquirá”.

Al pasar el eco de la carcajada, el ludibrio se tornó tedioso. Cayó en el fastidio desganado del aburrimiento. La agudeza del chascarrillo original, el gracejo de doble sentido, religioso-estatal, se perdió entre la mofa decadente. Ahora, la muletilla: “Virgen de Chiquinquirá” se incluye en cualquier nota, esfuerzo vano de un fallido intento de irreverencia intelectual, tema común.

La manía de la reincidencia afirma que los columnistas de tesis políticas no son originales en sus conceptos. Solo reproducen una retahíla, mancha de la verborrea sobre la ignorancia. El apunte brillante se trasformó en una monótona cita sin compromiso con la cultura nacional.

El delicado sentido del respeto requiere educar los planteamientos, que forman la opinión del público, para que no se convierta en una cosa pública, elemento manoseado con las letras de la frivolidad.

Lo paradójico de este asunto, de racionamientos contra la fe, son las partidas de bautismo de aquellos creyentes en la ley de Dios, el humanismo y la universalidad axiológica de sus palabras. Ellos, los pensadores de la posmodernidad, cayeron en la usanza de la banalidad. Repiten, cual vistosas guacamayas, el alarido del escándalo.




lunes, 16 de diciembre de 2019

La Venezuela mendicante




Por Julio Ricardo Castaño Rueda

Los venezolanos piden limosna en Colombia como consecuencia de un asunto criminal del chavismo: el hambre, hecha con excremento cubano. Triunfo del bolchevismo bolivariano.

Las víctimas de la defecada ideológica se arremolinan en las ciudades nacionales para intentar limpiarse de la inmunda impronta comunista.
La invasión de los esquiroles coprófagos produjo la desaparición forzada de los pordioseros de la próspera finca coquera. Los limosneros de Bogotá abandonaron su tradicional oficio de extorsionar con lamentos el bolsillo del viandante. Cesó la horrible noche de su júbilo indigesto.

La tramoya de su ausencia consistió en un maquiavélico gesto de la taumaturgia criolla. La paupérrima economía del rebusque se desvaneció como por arte de Juan Manuel Santos y sus falsos positivos.

¿Dónde están los menesterosos de la patria del doble bicentenario de independencia (2010-2019)? ¿Qué pasó con la Corte de los Milagros, la de Víctor Hugo y su jorobado de Nuestra Señora, en versión calle del Bronx? Las preguntas para la predestigitocracia del DANE siguen afónicas de tanto vociferar sin tregua ni esperanza.

Mientras las respuestas se cuecen en las cacerolas de los sofistas este cronista se abstiene de dar una pieza de cobre al migrante con acento “veneco”. Aquí sí exigen, con tono alevoso, unos pesos para comer como los reyes de la industria de la mendicidad. Pero allá callaron acobardados por la letalidad del bochinche con olor a tabaco maduro.

¿Será que los mendigos colombianos se nacionalizaron venezolanos para poder aspirar a un rollo de papel higiénico bimestral por familia?


jueves, 29 de agosto de 2019

El palomar de la Patria Boba

 A las Farc se les fue la paloma para la segunda Marquetalia. Foto Julio Ricardo Castaño R.

viernes, 7 de junio de 2019

El pacificador de los rábulas

Foto Wikipedia

San Pablo Morillo, gran señor del patíbulo, ven a Farsolandia para salvarnos de la corte prostitucional. Ella insiste en que la personalidad puede desenrollar libremente la marihuana.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Hidrofango




Los ingenieros de la calamidad lograron superar la cota de la mediocridad nacional. La empresa Estupidez, Pernicia y Mortecino (EPM) hundió el remanso del río Cauca en una enorme alcantarilla.

La debacle de la truhanería vendió el lote a la crueldad de la emboscada contra natura. El crimen ecológico edificó un monumento a la corrupción, escándalo de forajidos.

Consumado el infortunio, las raposas y sus meretrices jurídicas sepultarán la verdad con garlanchas de normatividad. El aceite de la ilegalidad, el delirio del soborno, la embalsamará.

Ya está lista la bacanal de la avaricia para que los buitres de la aldea se regodeen de inmundicia. Sus buches quedarán ahítos de coimas por defender a los pérfidos responsables de un acto de pandilleros. Ellos gastaron el presupuesto infame de su esterilidad en una represa de muerte.

El pueblo resabiado, en su surco de dolores, pagará por generaciones el holocausto de una tiranía alquilada al saqueo: “Hecho en Farsolandia”. La patria de mendigos vivirá de su descalabro moral por ser la potencia de la imbecilidad resumida en la frase de la decadencia: “Nos las sabemos todas”, principio de la catástrofe premoderna.

En síntesis, el redactor implora la benigna intercesión de su santo de cabecera, el pacificador don Pablo Morillo, glorioso edificador de patíbulos, que expresó: “En esta parte de América, los venezolanos son los que hacen y mantienen la guerra de insurrección porque en la Nueva Granada solo hay una plaga de leguleyos hojeando códigos para promover enredos”.