Hay vocablos que matan. El domingo 27 de julio, un hincha del fútbol murió de 25 puñaladas traperas. Los agresores acudieron en manada para ultimar a la víctima.
Un especialista en explicar fenómenos irracionales atribuyó la causa del desenlace fatal a un inadecuado uso del idioma. Los pandilleros, educados a punta de zurriago, presentan desperfectos en su corteza cerebral. Este tejido nervioso contiene neuronas relacionadas con la comprensión del lenguaje.
El habla es la clave para descifrar el hecho luctuoso. La teoría es simple. Los deslenguados emplean para insultarse un recurso lingüístico que no supera las cuatro palabras base: “Gonorrea, piribo, garulla y garvinba”.
A cada afrenta le agregan el respectivo recordatorio materno. Eso incluye el perverso sonido gutural agudo emanado de una garganta hedionda a bazuco barato, aguardiente adulterado y la granujada rastrera.
El ultraje de los atacantes activa el engranaje delictivo: “Garulla, saludes a la gonorrea de su madre”. El lector comprende la necesidad física de una ejecución sumarial para acallar la insoportable vejación.
El vilipendio de los fanáticos, embrutecidos por la inferioridad del alarido iracundo, encontró el pasadizo para responder con un delito: La ofensa a la ortografía.
Las barras bravas son un monumento decadente a la manía de imitar palabras trazadas para uso exclusivo del español culto. El aficionado al perjurio plagia cualquier acto creativo para adulterar su esencia. El fútbol de potrero no es la excepción.
Los seguidores de los equipos de provincia se insultan con denuestos que avergüenzan a los coteros de Corabastos. No es menester recordarlos. Basta con un saludo amistoso para entender la dimensión del opuesto: “Intos qué gargajo”.
Los sujetos patrullan las entradas del estadio el Campín para pedir limosnas con frases célebres: “Llaverio, tíreme el plante que estoy paila” o “caiga con la liga”. Si el limosnero es defraudado en su extorsión pedigüeña es factible escuchar: “Garza de semáforo, lo llevo entre lagaña y lagaña” (legaña).
Afortunadamente, los mendigos tuvieron la brillante idea de crear catervas uniformadas con camisetas de colorines para acuchillarse a diestra y siniestra. Los forajidos viven pendientes de afilar sus leznas y limas triangulares para sacarse las tripas en duelos de presidarios. La faena sube los índices de sintonía en los noticieros sin periodistas.
La acción criminológica cumple con el control ecológico aplicado a las plagas. Un delincuente destripado es un tributo del idealismo objetivo para la doctrina del panhumanismo. La sudorosa furrusca en una gradería no amerita mayor comentario.
Los protagonistas de las riñas se comportan como mulas desensilladas que corcovean cuando sienten el frío del páramo. Bogotá, la Atenas Suramericana, los delata con su cultura.
El bogotano raizal no tolera las bravuconadas de los maleantes de vereda. Las manifestaciones folclóricas, llevadas al extremo iconoclasta del sacrilegio urbano, son intolerables. Los berridos, gestos y vestuarios de la patulea resultan insoportables para el delicado gusto capitalino.
Los calentanos, montañeros o costaneros, suelen llamar sobre sus testuz la ira divina cuando garabatean sus voces de batalla. Los rufianes usan la ignorancia para escribir sus jergas en los blogs de los periódicos donde se patrocina la miseria mental, patrimonio de la canalla.
Las cuadrillas publican los insultos en la Internet y después se citan para matarse a coz y puñal. Tarea ejecutada con pericia de sicario. No se entiende, en esa conducta homicida, el porqué los torpes gañanes intentan vociferar, cual ayudante de flota intermunicipal, cuando rebuznan con propiedad de onagro. La configuración del pescuezo delata cierta degradación evolutiva.
Los hinchas desnutridos, criados con cogollos de mazorca y cunchos de caldo de raíz, son el emblema de las hordas energúmenas. Sus desavenencias impiden que la gente decente vuelva al feliz espectáculo porque no soporta el olorcito de pisco enrazado con lobo.
Los seguidores de la trifulca usurpan las graderías de la cancha capitalina para degradar la oralidad. Las calumnias son suficientes para entablar un proceso penal por injuria agravada en falso ideológico: “Ese pirobo es más picado que muela de gamín”. “Más bravo que suegra marihuanera”. “La garvinba se baila hasta un velorio”. Y ni hablar de la pronunciación.
El yeísmo, propio de ciertas etnias de arrieros, los atropella con sevicia porque la ortografía es su enemiga vitalicia. No la comprenden, pero sí la ofenden. Las perversas garras borrajean sin dolor moral: “Miyos” por Millos. El pronombre relativo quien lo redujeron a “Kien” y la conjunción causal porque la estigmatizaron con “Poke”. La redacción es propia de unos antropófagos con gastritis.
La solución a la violencia gramatical en el fútbol es simple. El que a yerro escribe a hierro muere.
martes, 19 de agosto de 2008
miércoles, 30 de julio de 2008
El divorcio, pecado sin absolución
Los hombres santos proclaman frases que rompen la vida, destrozan la fe y asesinan el Evangelio: “No te puedo dar la absolución porque eres un divorciado que vive en concubinato”. El autor de la sentencia es un sacerdote católico que en sus homilías predicó: “…A quienes ustedes perdonen los pecados, les quedarán perdonados…”. (Juan 20, 23).
El feligrés se levantó del confesionario con el corazón muerto y el alma condenada. Su realidad lo acusa. El divorcio lo alinea en la fila de los millones de seres desechados por el estigma de la separación conyugal. Se les niega el Pan de la Vida con un argumento sin apelación: “El sacramento del matrimonio es indisoluble”.
Algunos padres les recitan de memoria: “La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad del sacramento entre bautizados”. (CIC can.1055.1).
Y el canon 1056 dice: “Las propiedades esenciales del matrimonio son la unidad y la indisolubilidad, que en el matrimonio cristiano, alcanzan una peculiar firmeza en razón del sacramento”. El Codex Iuris Canonici (Código de Derecho Canónico) tiene su regla, la ley atroz que crucifica a los inocentes y a los culpables en el madero de la soledad sin misericordia.
¿Por qué no le explican que la historia eclesial escribió otra realidad? El sucesor del papa Celestino III, el cardenal Giaccomo Lotario di Senni, con apenas 37 años, sería el gran reformador de la Iglesia. El noble personaje, con cargo de diácono, fue elegido Papa en 1198. Días más tarde fue ordenado sacerdote. El obispo se llamaría Inocencio III.
El pontífice Inocencio III fue el creador del vínculo marital perpetuo. La Iglesia, fundada por el Dios del amor, pudo vivir y crecer por más de 1.200 años sin la severa cláusula del derecho canónico llamada indisolubilidad.
El mandato papal tuvo un fin geopolítico más que moral. El objetivo era meter en cintura a los monarcas europeos para que sirvieran bajo el dominio de la tiara. El Papa debía ser la máxima autoridad en un mundo feudal donde el poder terrenal le pertenecía a las casas reales. La forma de control llegó a las alcobas y se abalanzó legalista sobre los matrimonios que representaban alianzas favorables para los intereses económicos de los Estados pontificios.
La bendición conyugal se convirtió en un arma de inspección nupcial que podía esclavizar conciencias, aumentar territorios y cobrar indulgencias para servir a la gloriosa causa de un señor poderoso, el Papa.
Las consecuencias de las reformas de Inocencio III escribieron acontecimientos críticos que generaron cismas y guerras. Los gestores del aquel caos sangriento son piezas vitales de la historia europea y americana.
El caso más pedagógico, para ilustrar el desastre, es el de Enrique VIII (1491-1547). Este Rey de Inglaterra, perteneciente a la dinastía Tudor, utilizó sus dones contra la Reforma protestante creada por Martín Lutero, en 1520. Su tesis vital le sirvió para obtener el benemérito título de “Defensor de la Fe Católica”. (Distinción otorgada por el papa León X por el Tratado de los siete sacramentos. El documento fue escrito en 1521).
La maravillosa ponencia cambió cuando la Iglesia intervino en el primer matrimonio del Rey con la viuda de su hermano Arturo, Catalina de Aragón. La señora no le dio herederos varones, por lo que Enrique VIII le solicitó al Papa la anulación del matrimonio.
El monarca se acordó de: “…Ningún hombre debe acercarse a una mujer de su propia familia para tener relaciones sexuales…”. Levítico 18,6. (1527). Detallito que también se le olvidó a la Curia romana.
El papa Clemente VII, prisionero de Carlos V, le negó la nulidad y Enrique VIII decidió divorciarse de Roma. El Rey apóstata entabló una partida secesionista donde las leyes del juego las colocaba él en beneficio de su triunfo.
Primer movimiento. Mandó oponer leyes contra el canon. Le pidió a varias universidades europeas unos motivos favorables a su divorcio (1529).
Segunda jugada. Aprovechó el descontento del clero secular inglés por la fiscalidad papal y les reforzó el disgusto con la codicia. Acusó a las órdenes religiosas de banqueros y de paso se hizo reconocer jefe de la Iglesia de Inglaterra (1531). Y pensar que en estos trópicos todavía se preguntan: “¿El poder para qué?”
Tercera movida.
El Rey atacó a los defensores del vínculo marital. Nombró a su amigo Thomas Cranmer arzobispo de Canterbury y le ordenó anular el matrimonio y coronar a su concubina, doña Ana Bolena, como reina. Roma contraatacó. El papa Clemente VII excomulgó al Rey, al arzobispo y a Bolena.
Cuarto lance.
Enrique VIII se inventó y opuso el cisma de la Iglesia de Inglaterra. El Parlamento aprobó la medida y surgió la Ley de Supremacía, 1534. Legalismo contra legalidad.
Fin parcial del episodio. La Iglesia de Inglaterra quedó liberada de sus votos de obediencia a Roma. La entidad fue transformada en una Iglesia nacional independiente cuyo señor era Enrique VIII.
La Corona expropió los bienes eclesiásticos y persiguió a los católicos fieles al Papa. El arzobispo Cranmer reformaría la Iglesia anglicana y la entregaría, como patrimonio del cristianismo protestante, a las ideas luteranas y calvinistas.
El síndrome del cismático Enrique VIII no terminó. En el siglo XXI, cuando los anónimos católicos no pueden solucionar los problemas de sus relaciones maritales fundan iglesia propia en el garaje de la casa.
Resulta más fácil inventar un credo sectario que dialogar con la religión del amor porque se interponen las normas, codificadas por leyes inútiles, que son sordas al sentido común.
La Iglesia Católica se fracciona porque ciertos jerarcas, miembros de la masonería eclesiástica, defienden el precepto de un código manipulador. Nada nuevo, pero sí oculto al feligrés.
La alarma sonó más de un siglo atrás y su eco sigue vigente.
La Encíclica Pascendi de Pío X, del 8 de septiembre de 1907 señaló: “…Ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde afuera, sino desde adentro; en nuestros días el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen la Iglesia…”.
La denuncia se estableció en el Código de Derecho Canónico de 1917. En el canon 2335 se declaró la excomunión a quien perteneciera a la masonería. La Santísima Virgen María, el 29 de junio de 1983, le reveló al padre Gobbi, miembro del Movimiento Sacerdotal Mariano: “…La Bestia negra es también la Masonería, que se infiltra en la Iglesia y la ataca, la hiere y trata de demolerla con su táctica solapada y peligrosa…”. La sentencia pervive y la confirmó la declaración de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe del 27 de noviembre de 1983. El documento, conocido como Quasitum est, permanece vigente.
El síntoma de la cofradía conocida como la Bestia negra es su huella hedionda a realidades duales. Motivo por cual el liberalismo masónico ensangrentó los siglos XIX y XX de Colombia. La Iglesia reaccionó y lanzó a sus cruzados en rescate de la fe. San Ezequiel Moreno, el benemérito Obispo de Pasto, resumió, en una frase, el lema de la ideología que hace de la mentira su altar: “El liberalismo es pecado”.
Los prelados de combate envejecieron y desaparecieron. Las oligarquías masónicas pactaron el Frente Nacional y fin de la virtud. La Nación, con el primer santuario mariano de America del Sur, dejó de ser un país católico.
La razón surgió en el mismo vientre que gestó a don Enrique VIII: el fracaso del matrimonio. Derrotado el sacramento, de acuerdo con normas jurídicas, la desmembración familiar quedó en manos de la industrial del divorcio. El catecismo sin lectores, atado a estatutos canónicos, no pudo evitar que la sociedad entrara en la crisis hedonista donde reina la falacia legalizada.
El pecado dejó de ser una falta contra la moral. La trasgresión es un problema de geografía urbana. Basta con cruzar la calle y llegar a la secta que lo recibe con perdones y Aleluya. El renegado se convierte, por obra y gracia de la gazmoñería vernácula, en “hermanito separado”.
El colombiano posmoderno es irreformable en sus decisiones. “Mi Iglesia no me perdona. No tengo causal ni dinero para pagar las costas de un proceso de nulidad, pues adiós a la Eucaristía”.
Pobre de aquel humilde feligrés que se someta mansamente a los dictados de la Asamblea. Las asociaciones católicas le recordarán con actitudes, palabras y hechos que es un vil desdichado. Será discriminado, perseguido, calumniado, humillado y ofendido por aquellas santas matronas, guardia pretoriana de toda parroquia nacional, donde la soltería es el triunfo de la esterilidad.
El estado civil se convierte en un drama sin una salida coherente y cristiana. El católico, casado y separado, que vive con otra esposa bajo las leyes de su país es un proscrito de los sacramentos.
El católico casado y separado que se une a otra mujer, pero bajo la égida de una doctrina es un “hermano separado, un hijo pródigo, una oveja extraviada, una magdalena, una esperanza para el apostolado, un invitado a la santidad”. No se les puede llamar apostatas, cismáticos, perjuros, herejes e impíos porque es una falta a la caridad.
Santa madre Iglesia, ¿por qué empujas a tus hijos hacia las dictaduras de las madrastras? “…No te pido que los saques del mundo, pero sí que los defiendas del maligno…”. (Juan 17,15).
El resto son posiciones variables. La Santa Iglesia Católica Romana, pontifica sobre el matrimonio según la doctrina del Concilio Vaticano II, pero azota a tus fieles con una contradicción paradójica que se le aplica exclusivamente a los débiles.
1.). Mantiene relaciones diplomáticas y concordatos con Estados gobernados por masones o comunistas confesos, entre otros males. Ellos patrocinan el aborto, el matrimonio civil y la unión libre.
2.). Defiende el monoteísmo a capa y espada. Pero acepta la libertad de cultos. Si existe un solo Dios, ¿para qué el politeísmo?
3.). Impone el sacramento del matrimonio con ferocidad de inquisidor, pero promueve el ecumenismo con religiones y sociedades donde la poligamia es un forma de vida válida. ¿Para qué hacer indisoluble una relación si la muerte la separa?
4). Oculta y alcahuetea con generosidad de celestina las relaciones maritales de algunos sacerdotes. En Colombia, el clero secular impone marcas propias de los Hidalgos de Bragueta. (Tradición heredada del Derecho de Pernada). Las denuncias reposan en los archivos de los noticieros de la televisión.
5.). En Colombia patrocinó procesos de paz que durante 50 años sirvieron de fábrica de engaños. Su institucionalidad permanece abierta para perdonar y recibir a criminales que harían palidecer de envidia a los nazis. Los paramilitares descuartizaban ancianos vivos. Los sujetos están cobijados por una ley de perdón y olvido. La tramoya legal es apoyada por la Conferencia Episcopal.
6). Perdona el aborto (bajo el sacramento de la confesión) y todos los puntos anteriores, pero no absuelve al divorciado. Además, en retaliación deja sin alimento espiritual el alma del caído. La persona que contrae matrimonio civil, en segundas nupcias, no recibe la absolución ni la comunión. No hay perdón.
“…Queda bien claro que si ustedes perdonan las ofensas de los hombres, también el Padre Celestial los perdonará. En cambio, si no perdonan las ofensas de los hombres, tampoco el Padre los perdonará a ustedes…”. (Mateo 6, 14-15).
Ese trozo del Evangelio es letra muerta para miles de matrimonios señalados con el INRI del amancebamiento.
El Dios del amor insiste irrevocablemente en el perdón sin restricciones legales ni condicionamientos a códigos y se lo ordenó a su primer Papa.
“…Entonces Pedro se acercó y le dijo: Señor, ¿cuántas veces debo perdonar las ofensas de mi hermano? ¿Hasta siete veces? Jesús le contestó: No digas siete veces, sino hasta setenta veces siete…”. (Mateo 18, 21-22). Lo que significa siempre, eternamente.
El Dios de la misericordia se dejó traspasar el corazón para defender la infinita realidad del perdón, pero las noticias que circulan por la Internet lo traicionan. ¿Será que el Altísimo se equivocó?
BENEDICTO XVI DA INDICIOS DE CAMBIO
Por Philip Pullella
Sólo en Estados Unidos hay siete millones de católicos divorciados y casados en segundas nupcias. En Alemania, otro país donde el problema se discute a menudo, los obispos pidieron al Vaticano en 1994 que considerara una reforma, pero fueron reprendidos por Benedicto XVI, entonces el cardenal Joseph Ratzinger, que era la máxima autoridad doctrinal de la Iglesia.
‘Este sínodo debe ser pastoral en su estrategia. Debemos buscar caminos para incluir a aquellos que están hambrientos por el pan de la vida' dijo Dew. 'El escándalo de aquellos hambrientos por la comida de la Eucaristía debe abordarse, igual que debe abordarse el escándalo del hambre física'.
Cómo lidiar con esta condición ha sido uno de los asuntos debatidos de forma más persistente en el seno de la Iglesia en los últimos años.
Según las normas actuales, aquellos que se casen de nuevo fuera de la Iglesia sólo pueden recibir la comunión si se abstienen de mantener relaciones sexuales con sus nuevas parejas porque la Iglesia considera que el primer matrimonio aún es válido.
Mientras que el fallecido Juan Pablo II se mantuvo firme sobre su exclusión de la Eucaristía, Benedicto XVI ha indicado que puede ser más flexible. En julio dijo a unos sacerdotes que la condición de los divorciados y casados de nuevo debería ser sometido a un mayor 'estudio' debido a que era una 'situación particularmente dolorosa'. En esa ocasión el Papa dijo que dichos católicos debían ser bienvenidos en las parroquias aunque no pudieran recibir la comunión.
Si el papa Benedicto XVI pudiera escuchar la historia de una mujer noble, campesina y soltera casada con un divorciado. A ella le tocó pelear en su parroquia por el bautismo para sus hijos. Los bondadosos colegios católicos, años más tarde, se los rechazaron de las aulas.
El relato es terrorífico. Familiares y amigos la apartaron de sus círculos y cofradías donde se vive ese fervoroso sentido del apostolado por la caridad. La mujer adúltera sufre, por amor a su hogar, una lapidación constante. Ella, que en su labor de samaritana, salva a un hombre del abandono, levanta a una familia y sostiene a otra con su coraje redentor llora con lágrimas desdichadas cuando escucha: “Te doy la bendición, pero no la absolución”.
El sacerdote no escucha el dolor del Dios sacrificado que grita desde su altar: Te di mi Cielo, te doné mi Sangre, te entregué a mi Madre a cambio del amor de esa mujer que se retira en fatal desconsuelo. “…Pues a mí se acogió, lo libraré; lo protegeré, pues mi nombre conoció. Me llamará, yo le responderé; estaré con él en la desgracia…”. (Salmo 91,14-15). La respuesta, al pecado sin absolución, es la misma de antaño: “Es la ley, Maestro”.
La ley que explotaba a la viuda.
La ley que impedía curar en sábado.
La ley que convirtió la casa del Padre en cueva de ladrones.
La ley que lapidaba a las adúlteras.
La ley que te vendió por treinta monedas de plata.
La ley que liberó a Barrabás.
La ley que te crucificó.
La ley que lapidó a Esteban.
¿Evangelio de amor o ley canónica? La diferencia la redacta la Historia con sangre de mártires. Mientras escoge lo invito a leer, en las siguientes páginas, sobre el pecado púrpura, otra consecuencia del canon 1056.
El pecado púrpura
Dios inventó el perdón y las mujeres la culpa. Dios creó la misericordia y sus apóstoles, las jerarquías. El Evangelio, sustentado sobre la ley del amor, se obedece, pero no se cumple porque el divorcio no existe.
La evolución del pecado colombiano trascendió hasta modificar el significado de lo injusto. Su semántica se acomoda a la circunstancia, particularmente femenina.
El resto es el fracaso del diccionario. La Real Academia Española es una muestra que el significado, para el caso que nos ocupa, es inoperante. Los tres primeros datos sobre la palabra mortal son desconocidos por muchas. Pecado: Transgresión voluntaria de preceptos religiosos. 2. Cosa que se aparta de lo recto y justo, o que falta a lo que es debido. 3. Exceso o defecto en cualquier línea.
El príncipe de los ángeles rebeldes quedó absorto ante la superación activa de su invento. El yerro sólo opera en un sentido, el netamente masculino. La prueba, con reto incluido, tiene una pregunta: ¿Conoce usted a alguna mujer adúltera que confiese su falta abiertamente y sin tapujos?
La respuesta es un no rotundo.
Si por una eventualidad, rayana en el milagro, se atrapara a un raro ejemplar el culpable sería el marido. Total la victimaría es eximida. El precio se borra con lágrimas y las consecuencias las paga el chivo expiatorio. La fémina es feliz.
Definitivamente, la letra escarlata es un blandón para caballeros. No en vano, el color púrpura forma parte del vestuario de los reyes, los emperadores, los cardenales y las banderas liberales.
Y de nuevo al presente vernáculo.
Las pequeñas sociedades católicas nacionales cerraron sus almas con un candado para deformar el desprecio. Su vocabulario, afilado por el ejercicio corporativo y falaz, condena sin piedad. Los tribunales fueron instalados en los salones parroquiales, las reuniones para tomar chocolate, las esquinas y las cocinas. Las juezas agregaron un signo negro al alfabeto de la ignominia.
La escarlata y su prontuario se permutan, se borran, se sangran o simplemente se archivan cuando lleva faldas. Las iluminadas sin luz encandilan al macho portador.
El adulterio dejó de ser un problema moral para convertirse en una circunstancia social. La beatería desechó las consecuencias nefastas consignadas en la Biblia. El rey David y Betsabé, esposa de Urías el hitita, rompieron el orden establecido. “…David ordenó entonces a unos mensajeros que se la trajeran, y se acostó con ella, después de lo cual ella volvió a su casa…”. (2 Samuel 11, 2-4).
El precio se pagó con un castigo filialmente cruel, la muerte de un hijo. El Antiguo Testamento respiró justicia y hubo perdón. “…Después David consoló a Betsabé, su mujer. Fue a visitarla y se unió a ella, y ella dio a luz un hijo al que David llamó Salomón. El Señor amó a este niño…”. (2 Samuel 12, 24).
Nadie más osó juzgar a David por el desliz cometido. La gracia Altísima transformó el escabroso asunto en una senda misericordiosa. La gravedad del acto y sus consecuencias tan catastróficas recibieron una solución sencillamente celeste. La casa de David, el Adúltero, fue la elegida para ser el ancestro del Mesías.
Los siglos pasaron y el Cristo confirmó la promesa davídica. “…Señor, Hijo de David, ten compasión de mí…”. (Mateo 15, 21). Jesús se compadeció de una mujer no judía, pero sus actuales discípulas no. Ellas son alérgicas al perdón porque creen estar por encima del bien y del mal.
El indulto dejó de ser una virtud mujeriega, y la lacra amante trastoca los lechos maritales. La trampa forma parte de la conducta humana en variados temas.
El adulterio, con su desplante criminal, evolucionó hasta los límites del mito. Lanzarote, primer caballero del rey Arturo, fue hechizado por la reina Ginebra. La leyenda quedó signada por la derrota sin lealtad.
El ajetreo social, entre el mandato divino y el amor bohemio, se inoculó en la novela libertina y en el romanticismo decimonónico.
La literatura cosechó párrafos inmortales como Otelo, de William Shakespeare; La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne y El amante de Lady Chatterley, de David Herbert Lawrence que alertaron sobre la muerte emocional.
Ese comportamiento se vertió en las letras de Gustave Flaubert y su novela Madame Bovary. El autor resultó involucrado en un proceso legal de donde salió absuelto por una comunidad inmoralmente amoral.
La sociedad francesa, al verse retratada, optó por la venganza silenciosa. El adulterio acabó con el Imperio de Napoleón III. La Historia intenta justificar y explicar la debacle con otras causas, pero la infidelidad conyugal fue su perdición. La Francia adúltera obtuvo la redención.
Los amantes de Clío volvieron glorioso lo que fue canalla.
La realidad nutrió y superó los casos famosos entre los cornudos profesionales. El temor por el escándalo ocultó, usurpó y olvidó.
En síntesis, el adulterio es legalmente perdonable para el individuo porque la sociedad requiere sobrevivir. La falta encuentra la redención desde la confesión sacramental hasta el eufemismo histórico. Incluso la novelística lo convierte en una causa válida de protesta contra la hipocresía.
Sin embargo, el monstruo insaciable engendró una llaga incurable para el género masculino: El divorcio.
Por fin, el texto llegó a su encrucijada contemporánea.
Los bogotanos raizales del siglo XXI sufren con un delito antropológico inapelable: El divorcio civil o la separación corporal. Son estados distintos, pero causan el mismo desastroso efecto: El penado es el hombre. La mujer queda automáticamente libre.
Ella será la mártir inocente de una circunstancia ajena a su voluntad. Simplemente, el ayuntamiento carnal ilegal femenino es inexistente porque la culpa, atemporalmente, le pertenece al marido porque esa es su dote.
En este renglón, embadurnado con protestas inútiles, entra la fascinante sociedad católica a lapidar.
El divorciado jamás será absuelto. Sus comportamientos públicos son tergiversados y modificados por obra y arte de las lenguas viperinas.
Los ejemplos parroquiales son elocuentes. El sindicado, perdonado por Dios y que ora ante el Santísimo, es un perjuro, fornicador, adúltero, relapso, libertino y reo del infierno.
Los adjetivos medievales nacen furiosos del lenguaje perdulario de las solteronas gazmoñas, las teólogas machorras, las defensoras del aborto, las amantes liberales, las divorciadas en concubinato abierto y las sobornadoras del chisme.
A ellas se suman las religiosas rebeldes que no leen el Evangelio si no los postulados relativistas donde la axiología depende del capricho hormonal.
Es bueno ilustrar los casos.
Una muchacha, criada en un convento dirigido por religiosas, confiesa sin pudor que ha violado los Diez Mandamientos. Ejerce su derecho constitucional al libre albedrío por el vicio. Ella, víctima modelo de la ineptitud pedagógica, no dudó en señalar y rechazar la amistad de un varón célibe porque: “…Usted es un divorciado…”. Las monjas le alcahuetean su concubinato.
La situación real se traduce en: Asesino en mi vientre porque soy la dueña del cuerpo. El acto ni siquiera necesita del confesionario.
El siguiente paradigma es más concreto.
“Aborté porque me dio la gana y punto. Además, cuando me divorcié hablé con un cura y él me expresó: “…Hija, no es necesario declarar nulo el matrimonio. Como él ya no la ama, y el vínculo marital es el amor, pues el sacramento ya no existe…”. La señora, con base en esa respuesta, puede fornicar y comulgar sin cometer falta.
El consorte, desde luego, es un malhechor de baja laya.
El cierre compite por el campeonato. La honorable matrona con tres legrados, cuatro matrimonios (uno católico y tres civiles) y en unión libre simplemente se siente indignada por charlar con un divorciado que lleva una vida casta.
Los círculos dominantes del barrio hacen eco. Los separados son un peligro que debe ser combatido con armas que van desde la calumnia hasta el desprecio.
Las juezas santurronas lanzan las primeras piedras porque el “pecado púrpura” para el divorciado no tiene absolución. Ellas pasan por alto un mandato vital: “…No juzguen a otros, para que Dios nos los juzgue a ustedes…”. (Mateo 7,1).
Los condenados optan por buscar refugio en cualquier secta. Los pastores los reciben con los brazos y los testamentos abiertos. Son bautizados, perdonados, premiados y casados en un santiamén. Lo que no quiso reparar el Catolicismo lo arregla una asamblea de garaje con la lectura del Evangelio a grito herido.
¿Por qué no hay una segunda oportunidad para millones de seres que habitan en la tragedia marital sin el matrimonio sagrado?
¿Por qué la Iglesia, que perdona crímenes horrendos, no absuelve el divorcio? Basta con una encíclica que declare nulos los matrimonios que no funcionaron. Una vez es suficiente. No más costosos tribunales eclesiásticos que reviven el martirio de una catástrofe. La solución es simple: “…A quienes ustedes perdonen los pecados, les quedarán perdonados…”. (Juan 20, 23).
La jerarquía papal y sus cardenales guardan secretos capaces de santificar al demonio y otros que lo avergonzarán por siempre. ¿A caso miles de criminales no llegaron a ser santos, al estilo de san Pablo? Cuántos sacerdotes y obispos pasaron por alto la frase: “…No cometerás adulterio…”. (Mateo 5, 27).
Y ni hablar de los políticos con capacidad para desteñir la mentira con falacias jurídicas.
Un ejemplo ilustra la injusticia cometida contra “Juan Nada” y sus miserias heredadas. Las siempre manoseadas hojas patrias son elocuentes en sus testimonios amnésicos.
Rafael Núñez, esposo católico de doña Dolores Gallego, contrajo matrimonio civil en París con Soledad Román (junio 28 de 1877). El ex presidente fue representado por Eduardo Román ante el notario francés.
El presidente de los Estados Unidos de Colombia, Rafael Wenceslao Núñez Moledo (1823-1894), fue nombrado Caballero de Primera Clase de la Orden Piana por el papa León XIII. (El 19 de diciembre de 1886).
El adulterio fue premiado y en cierta forma protegido por El Vaticano. El escándalo se negoció sin tapujos para obtener un concordato (1887). Núñez, el bígamo y el concubino contumaz, desafió e impuso su voluntad ante la Santa Sede.
El triunfo necesitaba una comedia barata para celebrar la condecoración al delito lascivo.
La contumelia política bastó para negociar la legalización de un amancebamiento presidencial. En el Palacio de San Carlos, el señor Arzobispo de Bogotá, José Telésforo Paúl, tomó a Soledad Román del brazo y la llevó hasta la mesa. “…Así el más alto dignatario de la Iglesia colombiana, con este mudo homenaje social, daba inequívoca prueba del respeto con que la Iglesia miraba la unión de doña Sola y el presidente…”, escribió Indalecio Liévano Aguirre en su obra Rafael Núñez.
El escandaloso sainete no se transformó en falla mortal. Lástima que el contubernio sólo sea la pesadilla del católico desdichado y anónimo.
Los años pasaron y, después de 128 calendarios, en el Tribunal Eclesiástico de Bogotá no se instaura una demanda para obtener la nulidad del matrimonio porque el demandante carece de los recursos para pagar el proceso.
La causa justa y sin dinero se traduce en una infracción perpetua. “Si deseas a una mujer cometerás adulterio en el corazón”. Fin de la misericordia. La Iglesia tiene el poder para curar el cáncer familiar, pero el derecho canónico se interpone.
Por favor, piedad con los caídos en una acción conyugal porque: “…Unos ya nacen incapacitados para el matrimonio…”. (Mateo 19, 12).
El Evangelio se escribió con sangre divina para que ningún error estuviera por sobre la caridad. Hoy, la jurisprudencia eclesiástica tacha una sentencia necesaria: “…Aquel de ustedes que no tenga pecado que tire la primera piedra…”. (Juan 8,7).
Jesús amó a los pecadores. El entregó su corazón al filo de una lanza y al rigor de un madero para salvar a la humanidad. El holocausto incluyó a los adúlteros-divorciados.
“…Cuando Jesús bajó del monte, mucha gente lo siguió. En esto se le acercó un hombre enfermo de lepra, el cual se puso de rodillas ante Él y le dijo:
-Señor, si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad. Jesús lo tocó con la mano, y dijo:
- Quiero. ¡Queda limpio!...”. (Mateo 8, 1-3).
¿Se puede limpiar la lepra del divorcio con una nulidad marital?
¿Se puede limpiar la lepra que impide la comunión?
La pregunta final es: ¿para qué sirve un “gueto católico” donde el pecado púrpura se quedó sin indulgencia? Miles de personas se retiran del confesionario sin absolución porque viven su amor con la persona correcta.
…Por Dios, ¿quién inventó ese infierno?
(Artículo tomado del libro La sexta llaga del Verbo. Obra inédita del autor).
El pecado de la inocencia
La Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana tiene razones que la caridad no comprende. Roma piensa que la cruz la deben cargar los inocentes para purificar la posibilidad sospechosa de una falta ficticia.
Sí el párrafo le sonó feroz en su construcción argumental quiere decir que aún no pasa por el honorable Tribunal Eclesiástico de Bogotá. Esta respetadísima institución tiene la misión de investigar y determinar si un matrimonio puede ser declarado nulo, entre otras funciones jurídico-canónicas.
Para brevedad del asunto y en aras de la claridad conceptual se hará un resumen de un caso particular que ilustrará la entrada del artículo.
Un periodista católico (no practicante) tuvo la fortuna de engendrar vida con su novia sin más bendición que un poema de amor.
El hijo se convirtió en un pecado mortal y en el deshonor de una familia. Hubo chantaje, coacción y amenaza con muerte incluida para buscar un matrimonio por la Iglesia. El futuro padre se rindió ante la posibilidad de un aborto provocado y se entregó a las circunstancias que imponía Cupido, el Traidor. La saeta envenenada hirió su alma. El sainete familiar cumplió con todos los libretos que exigía la comedia para redactar “Las bodas de sangre”.
En la conciencia, de quien confiesa su falta, está escrito que acudió presuroso a demostrar con viril nobleza paternal que un hijo no será jamás pecado.
Le informó a su párroco de la situación y le confesó el yerro contra la sexta ley del decálogo del Sinaí. El trámite nupcial se cambió de parroquia para agilizar la ceremonia. Nuevamente se le contó la verdad al ministro. Se cumplió con el prerrequisito de asistir al curso prematrimonial dos y meses y medio después de haber contraído matrimonio. La esposa encinta.
“…Te confesé mi falta, no te escondí mi culpa. Yo dije: ‘Ante el Señor confesaré mi falta.’ Y Tú, Tú mi pecado perdonaste, condonaste mi deuda…”. (Salmo 32,5).
La Santa Madre Iglesia quedó lo bastante bien informada de las andanzas e irregularidades de una oveja negra para asumir el sacramento del matrimonio. Dos años después, el divorcio civil separó lo que se unión para dignificar un parto.
La segunda escena de este episodio es soportar por más de una década el estigma sin perdón. La crónica, El pecado púrpura, ilustró esa realidad con sucesos cotidianos.
La fatiga que impone la caridad cristiana sobre sus apóstoles hizo que se buscara la ayuda del Tribunal Eclesiástico. Allí, el saludo de bienvenida tiene dos partes: “Aquí estamos para ayudarle y ningún proceso comienza si no se cancela una parte del costo del mismo”.
En este caso, entre asumir las primeras diligencias y conseguir una rebaja en las costas pasaron dos años muertos. No se avanzó ni un renglón en la causa justa de la liberación.
La defensa, por la que optó el demandante, fue simple. Asumió la totalidad de la responsabilidad de los hechos. Elevó a su enemiga vitalicia a la categoría de santa, víctima y mártir. Defendió, con nitidez de prosa, su causa. Expresó los argumentos contradictorios de la señora y un párrafo del catecismo. La complejidad de lo simple los sorprendió.
El catecismo de la Iglesia Católica, edición de la Conferencia Episcopal Colombiana, Bogotá 1993. Página 421 expresa: …“ El consentimiento (matrimonial) debe ser un acto de la voluntad de cada uno de los contrayentes, libre de violencia o temor grave externo. Ningún poder humano puede reemplazar este consentimiento. Si esta libertad falta, el matrimonio es inválido…”. (El tribunal gastó un año para llegar al mismo punto).
La paciencia encontró su calvario. Por fin hubo para comprar el aceite de la maquinaria eclesial.
El suplicio comenzó con un juramento, la mano derecha sobre los Santos Evangelios. ¿Para qué jurar si Dios lo prohibió?: “No tomarás en falso el nombre del Señor tu Dios. (Éxodo 20,7 Deuteronomio 5,11). Se dijo a los antepasados: No perjurarás… Pues yo os digo que no juréis en modo alguno…”. (Mateo 5, 33-34).
El juramento en falso o perjurio consiste en invocar a Dios como testigo de una mentira. El redactor informó los hechos a su Iglesia y se apoyó en la eficiente complicidad jesuítica para lograr un matrimonio de mentiras y por tanto nada tenía que ocultarle.
El tribunal asumió un riesgo. El ente sabía que los dos cónyuges se enfrentaban en controversias irreconciliables en otros aparatos judiciales. De esa problemática se le informó por escrito en las primeras diligencias. Uno de los dos mentiría. (La falacia usa faldas).
Entonces, basta de preámbulos. Es la hora del asombro para los que colocan la inteligencia al servicio de la honestidad. Condición indispensable para las plumas que no se doblegan ni se venden. Después del juramento, el señor Castaño es indagado con tono de inquisidor por el sacerdote o vicario judicial adjunto, terrible contradicción. Motivo: Escribir una carta el primero de agosto de 1993, cuando aún gozaba del eterno privilegio de la soltería.
En la misiva aparecen las siguientes frases: “…Ellos tuvieron el privilegio de volverse locos… Vanidades estúpidas de bestias derrotadas…El vital impulso del amor me ánima… También tú eres el amor…Y ¿te quieres casar conmigo?...”.
Si el sacerdote-juez, la abogada defensora y la ex señora hubieran tenido el elemental y delicado gesto de leer el encabezado habrían podido concluir que el nombre de la destinataria no era parte del proceso. Los aplausos para la trilogía. Los sagaces investigadores son un paradigma de eficiencia sin parangón. Descontextualizaron la información en una implacable cacería de fantasmas.
No contento el ministro sagrado violó la reserva de un proceso penal del cual extrajo el borrador de un trabajo universitario escrito entre 1990-1991. (Material elaborado dos años antes de haber tenido el inmenso placer de conocer a la futura y temporal consorte). El texto lleva por título Gervasia.
El estricto vicario y sus asesores indagaron sobre el porqué el señor Castaño había escrito Gervasia. Según ellos, la contraparte y sus diccionarios la expresión “gerba” significa: “rata de alcantarilla”.
El Padre tuvo la osadía formal de mirarlo con disimulado desprecio y preguntar: ¿Por qué escribió eso? ¿Y qué significa rata de alcantarilla? Solamente por un exceso de pulcritud moral, herencia vital de una familia de caballeros y cruzados se le respondió con un indignado silencio. “…Bueno es esperar en silencio la salvación de Yavé…”. (Lamentaciones 3,26).
No contento con la maniobra de sabueso leyó la correspondencia privada en voz alta y se dirigió en tono burlón a la abogada defensora: ¿Doctora, a usted alguien le escribió cosas como estas?
¿Cómo le parece?
El demandante intentó en vano dar una explicación sobre el uso de las figuras retóricas y sus varios matices dentro de la poesía en prosa. “…La metáfora es una aplicación de una palabra o de una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación (con otro objeto o concepto) y facilitar su comprensión… La cátedra fue brutalmente interrumpida por la soberbia del poder vicarial judicial adjunto que le habló de humildad.
La belleza intelectual, por ser un don de Dios, cumplió con el deber de crear y no debió ser atropellada por el despotismo canónico. “… Porque todo viene de ti, y de tu mano proviene lo que te damos…”. (1 crónicas 29,14).
El interrogatorio volvió a las sendas de la semántica. ¿Qué significa Gervasia? o ¿Gerba?, le daba igual.
Resulta que la palabra “gerva o gerba”, según la ortografía del acusador, no existe en el Diccionario de la Real Academia Española, vigésima segunda edición. Pero para tranquilidad de la conciencia que calumnia amparada en el signo de la sotana se resuelve el misterio por obra y arte de una biblioteca que es herencia familiar de los defensores de la cruz y la bandera.
Gervasia: Nombre femenino de origen germánico. Lancera y vasalla. Además, el nombre es muy común en la Bogotá del siglo XIX. Por ejemplo, así se llamaba la hija de Francisco de Paula Borda. Él es el autor del libro Conversaciones con mis hijos. Biblioteca Banco Popular. Bogotá 1974. Allí aparece el nombre Gervasia. Tomo 1. Página 67.
También se usó en obras costumbristas como Los Aguinaldos de Chapinero. Autor: Eugenio Díaz Castro. Nueva Biblioteca Colombiana de Cultura. Bogotá 1985. Tomo 1. Página 133.
Bruna, La Carbonera. Autor: Eugenio Díaz Castro. Nueva Biblioteca Colombiana de Cultura. Bogotá 1985. Tomo 1. Página 268. “ .. Mi estimada Gervasia…”.
En síntesis, se le indagó por escribir, pero por escribir lo que no estaba escrito y lo que nunca escribió. Entre “Gerba” y Gervasia existen realidades, históricas y diferencias semánticas monumentales.
Poetas, escritores y periodistas del mundo por ser mi alma sangre de su sangre les pido un favor: otro aplauso para el Tribunal Eclesiástico y su vicario judicial.
Peguntas: ¿Qué tiene que ver el significado de una palabra en un proceso donde se espera declarar nulo un vínculo matrimonial? ¿Cuál es el delito? ¿Desde cuándo el Tribunal Eclesiástico de Bogotá es juez de la Constitución Nacional?
La Carta Magna, en su artículo 20 reza: “Se garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz e imparcial, y la de fundar medios masivos de comunicación. Estos son libres y tienen responsabilidad social. Se garantiza el derecho a la rectificación en condiciones de equidad. No habrá censura.
Artículo 73: La actividad periodística gozará de protección para garantizar su libertad e independencia profesional.
Artículo 74: El secreto profesional es inviolable.
Según la línea investigativa del sacerdote, ¿qué hubiera pasado con estas líneas?:
“…Caes sobre los prados como un buitre sobre la carroña fresca.
Murmura los pastos aplastados bajo el viento de la oración. ¡Pulveriza el mundo! ¡Empuja al abismo el tronco redondo, si eres tan poderoso, borrasca de los cuervos!
“Les partes el pecho a los robles. Les arrancas los brazos vivos.
Caen los robles--los combatientes. No abandonarán la trinchera.
Hieres con el acero de las bayonetas. Con la punta de los sables.
Victoriosa. La tierra es suya. ¡Todo alrededor!...”.
¿Se le preguntaría al autor por qué escribió? ¿Y qué significa las frases?: “carroña viva” o “les arrancas los brazos vivos”.
El “criminal responsable” de esas estrofas es Karol Wojtyla, el papa Juan Pablo II. Ver Mousiké. Traducción y estudio crítico de de la poética juvenil de Karol Wojtyla de Bogdan Piotrowski. Edición Universidad de La Sabana. Bogotá 2008. Páginas 137-138.
En otra diligencia y momento de tensión verbal el demandante le preguntó de frente, y con la respetuosa rectitud que oficia la decencia: ¿Padre, usted cree en mi inocencia, sí o no? Contestó: “No tentarás al Señor tu Dios”.
Al finalizar esa reunión expresó: “…Su caso es muy delicado, tenga paciencia, pero yo tengo afán y debo irme. Dejemos aquí…”. Me imagino que con ese concepto de resignación cristiana el santo Job se suicidó en el Cielo.
Monseñor Lucio María Renna, O.C.D., Obispo de San Severo, (Italia) enfatizó en su carta pastoral In nomine Domini: “…Delante del sacerdote se abre un escenario que no tiene fin; y él no puede fingir que no lo ve y permanecer cerrado en sus hábitos, en las repeticiones pastorales, comprendidas y vividas como una sacramentalización, muchas veces motivadas por utilidades personales. Mente, ojos y corazón abiertos son pedidos al sacerdote. Con generosidad y radicalidad. Las medias tintas, los ‘más o menos’ ‘los si’, ‘los pero’ destruyen todo, especialmente si son acompañados por actitudes de superioridad, de arrogancia y de mal carácter, dando un imagen decrépita, falsa y anacrónica, y algunas veces odiosa del sacerdocio y de la Iglesia…”. (Revista Heraldos del Evangelio. Número 56. Marzo de 2008).
Probablemente, el vicario no entendió su posición ni la vigencia conceptual de un problema de conciencia. El papa Benedicto XVI, en discurso a los miembros de la Comisión Teológica Internacional (octubre 5 de 2007) expresó: “…El contenido ético de la fe cristiana no constituye una imposición dictada desde el exterior a la conciencia del hombre, sino una norma que tiene su fundamento en la misma naturaleza humana…”.
Y sin embargo, suceden situaciones que desafían el sentido general del orden mental para llegar a la verdad, que no es otra cosa que la lógica.
La institución pidió una lista de testigos donde se especifica el grado de parentesco. Se contestó verbalmente y por escrito. Se verificó y se explicó. El tribunal envió cartas y fijó las fechas para la diligencia. Entonces, cómo hicieron para preguntarle a una madre: ¿qué parentesco tiene con su hijo? Y luego repiten la maniobra con los hermanos. ¿Qué parentesco tiene el hermano mayor con el menor? El rapapolvo que se ganó el autor de estas prosas por parte de su familia todavía causa escozor porque la estupidez no tiene explicación redentora.
Es hora de cerrar las páginas con el dato de las consecuencias finales de la impericia. La abogada defensora informó, con tono solemne, que los cónyuges debían ir al siquiatra como parte de un procedimiento de rutina. Tristeza atroz. Sólo le tocó ir al hombre que escribe. Más gastos para comprar un vil engaño.
La eficiente funcionaria obtuvo un fallo artero: “Se declara nulo el vínculo matrimonial”. Y el bagaje de Judas sentenció: “El varón necesita permiso de este tribunal para poder volver a casarse”. Motivo: Ninguno conocido. No escribieron el porqué de esa absurda y arbitraria decisión. El fallo se fue para segunda instancia. El tiempo y los costos siguieron cuesta arriba.
El aplauso es de Pilatos, Caifás y Barrabás acompañados por el sanedrín en pleno porque ciertas conductas los delatan:
“…Los maestros de la ley y los fariseos enseñan con la autoridad que viene de Moisés. Por lo tanto obedézcanlos ustedes y hagan todos los que les digan; pero no sigan su ejemplo, porque ellos dicen una cosa y hacen otra. Atan cargas tan pesadas que es imposible soportarlas, y las echan sobre los hombros de los demás, mientras ellos mismos no quieren tocarlas ni siquiera con un dedo…”. (Mateo 23,1).
“! Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos hipócritas! Que cierran la puerta del reino de los cielos para que otros no entren…”. (Mateo 23,13).
La realidad nacional muestra el porqué abundan las sectas. Las gentes colombianas no inclinan su honor para que sea manchado con humillaciones y felonías.
El rosario de púas es largo, pero es absolutamente necesario finalizar porque la rabia se hace tinta. El resto de la historia fue soportar el madero, el de la sexta llaga.
El pecado de la inocencia consistió en pensar que el padre del hijo pródigo lo recibiría con los brazos abiertos. Lo esperaba con una caja registradora y un puñal.
En segunda instancia, le informé al juez que escribiría sobre los hechos en beneficio de los caídos en acción afectiva, pero a mi manera: sin argucias, sofismas ni falacias porque el Evangelio y mi palabra no son negociables.
En conclusión, el divorcio debe ser erradicado de toda sociedad humana, pero especialmente de las familias católicas. El primer paso es cambiar la ley por el sentido común porque la ley siempre crucificará a la verdad.
El feligrés se levantó del confesionario con el corazón muerto y el alma condenada. Su realidad lo acusa. El divorcio lo alinea en la fila de los millones de seres desechados por el estigma de la separación conyugal. Se les niega el Pan de la Vida con un argumento sin apelación: “El sacramento del matrimonio es indisoluble”.
Algunos padres les recitan de memoria: “La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad del sacramento entre bautizados”. (CIC can.1055.1).
Y el canon 1056 dice: “Las propiedades esenciales del matrimonio son la unidad y la indisolubilidad, que en el matrimonio cristiano, alcanzan una peculiar firmeza en razón del sacramento”. El Codex Iuris Canonici (Código de Derecho Canónico) tiene su regla, la ley atroz que crucifica a los inocentes y a los culpables en el madero de la soledad sin misericordia.
¿Por qué no le explican que la historia eclesial escribió otra realidad? El sucesor del papa Celestino III, el cardenal Giaccomo Lotario di Senni, con apenas 37 años, sería el gran reformador de la Iglesia. El noble personaje, con cargo de diácono, fue elegido Papa en 1198. Días más tarde fue ordenado sacerdote. El obispo se llamaría Inocencio III.
El pontífice Inocencio III fue el creador del vínculo marital perpetuo. La Iglesia, fundada por el Dios del amor, pudo vivir y crecer por más de 1.200 años sin la severa cláusula del derecho canónico llamada indisolubilidad.
El mandato papal tuvo un fin geopolítico más que moral. El objetivo era meter en cintura a los monarcas europeos para que sirvieran bajo el dominio de la tiara. El Papa debía ser la máxima autoridad en un mundo feudal donde el poder terrenal le pertenecía a las casas reales. La forma de control llegó a las alcobas y se abalanzó legalista sobre los matrimonios que representaban alianzas favorables para los intereses económicos de los Estados pontificios.
La bendición conyugal se convirtió en un arma de inspección nupcial que podía esclavizar conciencias, aumentar territorios y cobrar indulgencias para servir a la gloriosa causa de un señor poderoso, el Papa.
Las consecuencias de las reformas de Inocencio III escribieron acontecimientos críticos que generaron cismas y guerras. Los gestores del aquel caos sangriento son piezas vitales de la historia europea y americana.
El caso más pedagógico, para ilustrar el desastre, es el de Enrique VIII (1491-1547). Este Rey de Inglaterra, perteneciente a la dinastía Tudor, utilizó sus dones contra la Reforma protestante creada por Martín Lutero, en 1520. Su tesis vital le sirvió para obtener el benemérito título de “Defensor de la Fe Católica”. (Distinción otorgada por el papa León X por el Tratado de los siete sacramentos. El documento fue escrito en 1521).
La maravillosa ponencia cambió cuando la Iglesia intervino en el primer matrimonio del Rey con la viuda de su hermano Arturo, Catalina de Aragón. La señora no le dio herederos varones, por lo que Enrique VIII le solicitó al Papa la anulación del matrimonio.
El monarca se acordó de: “…Ningún hombre debe acercarse a una mujer de su propia familia para tener relaciones sexuales…”. Levítico 18,6. (1527). Detallito que también se le olvidó a la Curia romana.
El papa Clemente VII, prisionero de Carlos V, le negó la nulidad y Enrique VIII decidió divorciarse de Roma. El Rey apóstata entabló una partida secesionista donde las leyes del juego las colocaba él en beneficio de su triunfo.
Primer movimiento. Mandó oponer leyes contra el canon. Le pidió a varias universidades europeas unos motivos favorables a su divorcio (1529).
Segunda jugada. Aprovechó el descontento del clero secular inglés por la fiscalidad papal y les reforzó el disgusto con la codicia. Acusó a las órdenes religiosas de banqueros y de paso se hizo reconocer jefe de la Iglesia de Inglaterra (1531). Y pensar que en estos trópicos todavía se preguntan: “¿El poder para qué?”
Tercera movida.
El Rey atacó a los defensores del vínculo marital. Nombró a su amigo Thomas Cranmer arzobispo de Canterbury y le ordenó anular el matrimonio y coronar a su concubina, doña Ana Bolena, como reina. Roma contraatacó. El papa Clemente VII excomulgó al Rey, al arzobispo y a Bolena.
Cuarto lance.
Enrique VIII se inventó y opuso el cisma de la Iglesia de Inglaterra. El Parlamento aprobó la medida y surgió la Ley de Supremacía, 1534. Legalismo contra legalidad.
Fin parcial del episodio. La Iglesia de Inglaterra quedó liberada de sus votos de obediencia a Roma. La entidad fue transformada en una Iglesia nacional independiente cuyo señor era Enrique VIII.
La Corona expropió los bienes eclesiásticos y persiguió a los católicos fieles al Papa. El arzobispo Cranmer reformaría la Iglesia anglicana y la entregaría, como patrimonio del cristianismo protestante, a las ideas luteranas y calvinistas.
El síndrome del cismático Enrique VIII no terminó. En el siglo XXI, cuando los anónimos católicos no pueden solucionar los problemas de sus relaciones maritales fundan iglesia propia en el garaje de la casa.
Resulta más fácil inventar un credo sectario que dialogar con la religión del amor porque se interponen las normas, codificadas por leyes inútiles, que son sordas al sentido común.
La Iglesia Católica se fracciona porque ciertos jerarcas, miembros de la masonería eclesiástica, defienden el precepto de un código manipulador. Nada nuevo, pero sí oculto al feligrés.
La alarma sonó más de un siglo atrás y su eco sigue vigente.
La Encíclica Pascendi de Pío X, del 8 de septiembre de 1907 señaló: “…Ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde afuera, sino desde adentro; en nuestros días el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen la Iglesia…”.
La denuncia se estableció en el Código de Derecho Canónico de 1917. En el canon 2335 se declaró la excomunión a quien perteneciera a la masonería. La Santísima Virgen María, el 29 de junio de 1983, le reveló al padre Gobbi, miembro del Movimiento Sacerdotal Mariano: “…La Bestia negra es también la Masonería, que se infiltra en la Iglesia y la ataca, la hiere y trata de demolerla con su táctica solapada y peligrosa…”. La sentencia pervive y la confirmó la declaración de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe del 27 de noviembre de 1983. El documento, conocido como Quasitum est, permanece vigente.
El síntoma de la cofradía conocida como la Bestia negra es su huella hedionda a realidades duales. Motivo por cual el liberalismo masónico ensangrentó los siglos XIX y XX de Colombia. La Iglesia reaccionó y lanzó a sus cruzados en rescate de la fe. San Ezequiel Moreno, el benemérito Obispo de Pasto, resumió, en una frase, el lema de la ideología que hace de la mentira su altar: “El liberalismo es pecado”.
Los prelados de combate envejecieron y desaparecieron. Las oligarquías masónicas pactaron el Frente Nacional y fin de la virtud. La Nación, con el primer santuario mariano de America del Sur, dejó de ser un país católico.
La razón surgió en el mismo vientre que gestó a don Enrique VIII: el fracaso del matrimonio. Derrotado el sacramento, de acuerdo con normas jurídicas, la desmembración familiar quedó en manos de la industrial del divorcio. El catecismo sin lectores, atado a estatutos canónicos, no pudo evitar que la sociedad entrara en la crisis hedonista donde reina la falacia legalizada.
El pecado dejó de ser una falta contra la moral. La trasgresión es un problema de geografía urbana. Basta con cruzar la calle y llegar a la secta que lo recibe con perdones y Aleluya. El renegado se convierte, por obra y gracia de la gazmoñería vernácula, en “hermanito separado”.
El colombiano posmoderno es irreformable en sus decisiones. “Mi Iglesia no me perdona. No tengo causal ni dinero para pagar las costas de un proceso de nulidad, pues adiós a la Eucaristía”.
Pobre de aquel humilde feligrés que se someta mansamente a los dictados de la Asamblea. Las asociaciones católicas le recordarán con actitudes, palabras y hechos que es un vil desdichado. Será discriminado, perseguido, calumniado, humillado y ofendido por aquellas santas matronas, guardia pretoriana de toda parroquia nacional, donde la soltería es el triunfo de la esterilidad.
El estado civil se convierte en un drama sin una salida coherente y cristiana. El católico, casado y separado, que vive con otra esposa bajo las leyes de su país es un proscrito de los sacramentos.
El católico casado y separado que se une a otra mujer, pero bajo la égida de una doctrina es un “hermano separado, un hijo pródigo, una oveja extraviada, una magdalena, una esperanza para el apostolado, un invitado a la santidad”. No se les puede llamar apostatas, cismáticos, perjuros, herejes e impíos porque es una falta a la caridad.
Santa madre Iglesia, ¿por qué empujas a tus hijos hacia las dictaduras de las madrastras? “…No te pido que los saques del mundo, pero sí que los defiendas del maligno…”. (Juan 17,15).
El resto son posiciones variables. La Santa Iglesia Católica Romana, pontifica sobre el matrimonio según la doctrina del Concilio Vaticano II, pero azota a tus fieles con una contradicción paradójica que se le aplica exclusivamente a los débiles.
1.). Mantiene relaciones diplomáticas y concordatos con Estados gobernados por masones o comunistas confesos, entre otros males. Ellos patrocinan el aborto, el matrimonio civil y la unión libre.
2.). Defiende el monoteísmo a capa y espada. Pero acepta la libertad de cultos. Si existe un solo Dios, ¿para qué el politeísmo?
3.). Impone el sacramento del matrimonio con ferocidad de inquisidor, pero promueve el ecumenismo con religiones y sociedades donde la poligamia es un forma de vida válida. ¿Para qué hacer indisoluble una relación si la muerte la separa?
4). Oculta y alcahuetea con generosidad de celestina las relaciones maritales de algunos sacerdotes. En Colombia, el clero secular impone marcas propias de los Hidalgos de Bragueta. (Tradición heredada del Derecho de Pernada). Las denuncias reposan en los archivos de los noticieros de la televisión.
5.). En Colombia patrocinó procesos de paz que durante 50 años sirvieron de fábrica de engaños. Su institucionalidad permanece abierta para perdonar y recibir a criminales que harían palidecer de envidia a los nazis. Los paramilitares descuartizaban ancianos vivos. Los sujetos están cobijados por una ley de perdón y olvido. La tramoya legal es apoyada por la Conferencia Episcopal.
6). Perdona el aborto (bajo el sacramento de la confesión) y todos los puntos anteriores, pero no absuelve al divorciado. Además, en retaliación deja sin alimento espiritual el alma del caído. La persona que contrae matrimonio civil, en segundas nupcias, no recibe la absolución ni la comunión. No hay perdón.
“…Queda bien claro que si ustedes perdonan las ofensas de los hombres, también el Padre Celestial los perdonará. En cambio, si no perdonan las ofensas de los hombres, tampoco el Padre los perdonará a ustedes…”. (Mateo 6, 14-15).
Ese trozo del Evangelio es letra muerta para miles de matrimonios señalados con el INRI del amancebamiento.
El Dios del amor insiste irrevocablemente en el perdón sin restricciones legales ni condicionamientos a códigos y se lo ordenó a su primer Papa.
“…Entonces Pedro se acercó y le dijo: Señor, ¿cuántas veces debo perdonar las ofensas de mi hermano? ¿Hasta siete veces? Jesús le contestó: No digas siete veces, sino hasta setenta veces siete…”. (Mateo 18, 21-22). Lo que significa siempre, eternamente.
El Dios de la misericordia se dejó traspasar el corazón para defender la infinita realidad del perdón, pero las noticias que circulan por la Internet lo traicionan. ¿Será que el Altísimo se equivocó?
BENEDICTO XVI DA INDICIOS DE CAMBIO
Por Philip Pullella
Sólo en Estados Unidos hay siete millones de católicos divorciados y casados en segundas nupcias. En Alemania, otro país donde el problema se discute a menudo, los obispos pidieron al Vaticano en 1994 que considerara una reforma, pero fueron reprendidos por Benedicto XVI, entonces el cardenal Joseph Ratzinger, que era la máxima autoridad doctrinal de la Iglesia.
‘Este sínodo debe ser pastoral en su estrategia. Debemos buscar caminos para incluir a aquellos que están hambrientos por el pan de la vida' dijo Dew. 'El escándalo de aquellos hambrientos por la comida de la Eucaristía debe abordarse, igual que debe abordarse el escándalo del hambre física'.
Cómo lidiar con esta condición ha sido uno de los asuntos debatidos de forma más persistente en el seno de la Iglesia en los últimos años.
Según las normas actuales, aquellos que se casen de nuevo fuera de la Iglesia sólo pueden recibir la comunión si se abstienen de mantener relaciones sexuales con sus nuevas parejas porque la Iglesia considera que el primer matrimonio aún es válido.
Mientras que el fallecido Juan Pablo II se mantuvo firme sobre su exclusión de la Eucaristía, Benedicto XVI ha indicado que puede ser más flexible. En julio dijo a unos sacerdotes que la condición de los divorciados y casados de nuevo debería ser sometido a un mayor 'estudio' debido a que era una 'situación particularmente dolorosa'. En esa ocasión el Papa dijo que dichos católicos debían ser bienvenidos en las parroquias aunque no pudieran recibir la comunión.
Si el papa Benedicto XVI pudiera escuchar la historia de una mujer noble, campesina y soltera casada con un divorciado. A ella le tocó pelear en su parroquia por el bautismo para sus hijos. Los bondadosos colegios católicos, años más tarde, se los rechazaron de las aulas.
El relato es terrorífico. Familiares y amigos la apartaron de sus círculos y cofradías donde se vive ese fervoroso sentido del apostolado por la caridad. La mujer adúltera sufre, por amor a su hogar, una lapidación constante. Ella, que en su labor de samaritana, salva a un hombre del abandono, levanta a una familia y sostiene a otra con su coraje redentor llora con lágrimas desdichadas cuando escucha: “Te doy la bendición, pero no la absolución”.
El sacerdote no escucha el dolor del Dios sacrificado que grita desde su altar: Te di mi Cielo, te doné mi Sangre, te entregué a mi Madre a cambio del amor de esa mujer que se retira en fatal desconsuelo. “…Pues a mí se acogió, lo libraré; lo protegeré, pues mi nombre conoció. Me llamará, yo le responderé; estaré con él en la desgracia…”. (Salmo 91,14-15). La respuesta, al pecado sin absolución, es la misma de antaño: “Es la ley, Maestro”.
La ley que explotaba a la viuda.
La ley que impedía curar en sábado.
La ley que convirtió la casa del Padre en cueva de ladrones.
La ley que lapidaba a las adúlteras.
La ley que te vendió por treinta monedas de plata.
La ley que liberó a Barrabás.
La ley que te crucificó.
La ley que lapidó a Esteban.
¿Evangelio de amor o ley canónica? La diferencia la redacta la Historia con sangre de mártires. Mientras escoge lo invito a leer, en las siguientes páginas, sobre el pecado púrpura, otra consecuencia del canon 1056.
El pecado púrpura
Dios inventó el perdón y las mujeres la culpa. Dios creó la misericordia y sus apóstoles, las jerarquías. El Evangelio, sustentado sobre la ley del amor, se obedece, pero no se cumple porque el divorcio no existe.
La evolución del pecado colombiano trascendió hasta modificar el significado de lo injusto. Su semántica se acomoda a la circunstancia, particularmente femenina.
El resto es el fracaso del diccionario. La Real Academia Española es una muestra que el significado, para el caso que nos ocupa, es inoperante. Los tres primeros datos sobre la palabra mortal son desconocidos por muchas. Pecado: Transgresión voluntaria de preceptos religiosos. 2. Cosa que se aparta de lo recto y justo, o que falta a lo que es debido. 3. Exceso o defecto en cualquier línea.
El príncipe de los ángeles rebeldes quedó absorto ante la superación activa de su invento. El yerro sólo opera en un sentido, el netamente masculino. La prueba, con reto incluido, tiene una pregunta: ¿Conoce usted a alguna mujer adúltera que confiese su falta abiertamente y sin tapujos?
La respuesta es un no rotundo.
Si por una eventualidad, rayana en el milagro, se atrapara a un raro ejemplar el culpable sería el marido. Total la victimaría es eximida. El precio se borra con lágrimas y las consecuencias las paga el chivo expiatorio. La fémina es feliz.
Definitivamente, la letra escarlata es un blandón para caballeros. No en vano, el color púrpura forma parte del vestuario de los reyes, los emperadores, los cardenales y las banderas liberales.
Y de nuevo al presente vernáculo.
Las pequeñas sociedades católicas nacionales cerraron sus almas con un candado para deformar el desprecio. Su vocabulario, afilado por el ejercicio corporativo y falaz, condena sin piedad. Los tribunales fueron instalados en los salones parroquiales, las reuniones para tomar chocolate, las esquinas y las cocinas. Las juezas agregaron un signo negro al alfabeto de la ignominia.
La escarlata y su prontuario se permutan, se borran, se sangran o simplemente se archivan cuando lleva faldas. Las iluminadas sin luz encandilan al macho portador.
El adulterio dejó de ser un problema moral para convertirse en una circunstancia social. La beatería desechó las consecuencias nefastas consignadas en la Biblia. El rey David y Betsabé, esposa de Urías el hitita, rompieron el orden establecido. “…David ordenó entonces a unos mensajeros que se la trajeran, y se acostó con ella, después de lo cual ella volvió a su casa…”. (2 Samuel 11, 2-4).
El precio se pagó con un castigo filialmente cruel, la muerte de un hijo. El Antiguo Testamento respiró justicia y hubo perdón. “…Después David consoló a Betsabé, su mujer. Fue a visitarla y se unió a ella, y ella dio a luz un hijo al que David llamó Salomón. El Señor amó a este niño…”. (2 Samuel 12, 24).
Nadie más osó juzgar a David por el desliz cometido. La gracia Altísima transformó el escabroso asunto en una senda misericordiosa. La gravedad del acto y sus consecuencias tan catastróficas recibieron una solución sencillamente celeste. La casa de David, el Adúltero, fue la elegida para ser el ancestro del Mesías.
Los siglos pasaron y el Cristo confirmó la promesa davídica. “…Señor, Hijo de David, ten compasión de mí…”. (Mateo 15, 21). Jesús se compadeció de una mujer no judía, pero sus actuales discípulas no. Ellas son alérgicas al perdón porque creen estar por encima del bien y del mal.
El indulto dejó de ser una virtud mujeriega, y la lacra amante trastoca los lechos maritales. La trampa forma parte de la conducta humana en variados temas.
El adulterio, con su desplante criminal, evolucionó hasta los límites del mito. Lanzarote, primer caballero del rey Arturo, fue hechizado por la reina Ginebra. La leyenda quedó signada por la derrota sin lealtad.
El ajetreo social, entre el mandato divino y el amor bohemio, se inoculó en la novela libertina y en el romanticismo decimonónico.
La literatura cosechó párrafos inmortales como Otelo, de William Shakespeare; La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne y El amante de Lady Chatterley, de David Herbert Lawrence que alertaron sobre la muerte emocional.
Ese comportamiento se vertió en las letras de Gustave Flaubert y su novela Madame Bovary. El autor resultó involucrado en un proceso legal de donde salió absuelto por una comunidad inmoralmente amoral.
La sociedad francesa, al verse retratada, optó por la venganza silenciosa. El adulterio acabó con el Imperio de Napoleón III. La Historia intenta justificar y explicar la debacle con otras causas, pero la infidelidad conyugal fue su perdición. La Francia adúltera obtuvo la redención.
Los amantes de Clío volvieron glorioso lo que fue canalla.
La realidad nutrió y superó los casos famosos entre los cornudos profesionales. El temor por el escándalo ocultó, usurpó y olvidó.
En síntesis, el adulterio es legalmente perdonable para el individuo porque la sociedad requiere sobrevivir. La falta encuentra la redención desde la confesión sacramental hasta el eufemismo histórico. Incluso la novelística lo convierte en una causa válida de protesta contra la hipocresía.
Sin embargo, el monstruo insaciable engendró una llaga incurable para el género masculino: El divorcio.
Por fin, el texto llegó a su encrucijada contemporánea.
Los bogotanos raizales del siglo XXI sufren con un delito antropológico inapelable: El divorcio civil o la separación corporal. Son estados distintos, pero causan el mismo desastroso efecto: El penado es el hombre. La mujer queda automáticamente libre.
Ella será la mártir inocente de una circunstancia ajena a su voluntad. Simplemente, el ayuntamiento carnal ilegal femenino es inexistente porque la culpa, atemporalmente, le pertenece al marido porque esa es su dote.
En este renglón, embadurnado con protestas inútiles, entra la fascinante sociedad católica a lapidar.
El divorciado jamás será absuelto. Sus comportamientos públicos son tergiversados y modificados por obra y arte de las lenguas viperinas.
Los ejemplos parroquiales son elocuentes. El sindicado, perdonado por Dios y que ora ante el Santísimo, es un perjuro, fornicador, adúltero, relapso, libertino y reo del infierno.
Los adjetivos medievales nacen furiosos del lenguaje perdulario de las solteronas gazmoñas, las teólogas machorras, las defensoras del aborto, las amantes liberales, las divorciadas en concubinato abierto y las sobornadoras del chisme.
A ellas se suman las religiosas rebeldes que no leen el Evangelio si no los postulados relativistas donde la axiología depende del capricho hormonal.
Es bueno ilustrar los casos.
Una muchacha, criada en un convento dirigido por religiosas, confiesa sin pudor que ha violado los Diez Mandamientos. Ejerce su derecho constitucional al libre albedrío por el vicio. Ella, víctima modelo de la ineptitud pedagógica, no dudó en señalar y rechazar la amistad de un varón célibe porque: “…Usted es un divorciado…”. Las monjas le alcahuetean su concubinato.
La situación real se traduce en: Asesino en mi vientre porque soy la dueña del cuerpo. El acto ni siquiera necesita del confesionario.
El siguiente paradigma es más concreto.
“Aborté porque me dio la gana y punto. Además, cuando me divorcié hablé con un cura y él me expresó: “…Hija, no es necesario declarar nulo el matrimonio. Como él ya no la ama, y el vínculo marital es el amor, pues el sacramento ya no existe…”. La señora, con base en esa respuesta, puede fornicar y comulgar sin cometer falta.
El consorte, desde luego, es un malhechor de baja laya.
El cierre compite por el campeonato. La honorable matrona con tres legrados, cuatro matrimonios (uno católico y tres civiles) y en unión libre simplemente se siente indignada por charlar con un divorciado que lleva una vida casta.
Los círculos dominantes del barrio hacen eco. Los separados son un peligro que debe ser combatido con armas que van desde la calumnia hasta el desprecio.
Las juezas santurronas lanzan las primeras piedras porque el “pecado púrpura” para el divorciado no tiene absolución. Ellas pasan por alto un mandato vital: “…No juzguen a otros, para que Dios nos los juzgue a ustedes…”. (Mateo 7,1).
Los condenados optan por buscar refugio en cualquier secta. Los pastores los reciben con los brazos y los testamentos abiertos. Son bautizados, perdonados, premiados y casados en un santiamén. Lo que no quiso reparar el Catolicismo lo arregla una asamblea de garaje con la lectura del Evangelio a grito herido.
¿Por qué no hay una segunda oportunidad para millones de seres que habitan en la tragedia marital sin el matrimonio sagrado?
¿Por qué la Iglesia, que perdona crímenes horrendos, no absuelve el divorcio? Basta con una encíclica que declare nulos los matrimonios que no funcionaron. Una vez es suficiente. No más costosos tribunales eclesiásticos que reviven el martirio de una catástrofe. La solución es simple: “…A quienes ustedes perdonen los pecados, les quedarán perdonados…”. (Juan 20, 23).
La jerarquía papal y sus cardenales guardan secretos capaces de santificar al demonio y otros que lo avergonzarán por siempre. ¿A caso miles de criminales no llegaron a ser santos, al estilo de san Pablo? Cuántos sacerdotes y obispos pasaron por alto la frase: “…No cometerás adulterio…”. (Mateo 5, 27).
Y ni hablar de los políticos con capacidad para desteñir la mentira con falacias jurídicas.
Un ejemplo ilustra la injusticia cometida contra “Juan Nada” y sus miserias heredadas. Las siempre manoseadas hojas patrias son elocuentes en sus testimonios amnésicos.
Rafael Núñez, esposo católico de doña Dolores Gallego, contrajo matrimonio civil en París con Soledad Román (junio 28 de 1877). El ex presidente fue representado por Eduardo Román ante el notario francés.
El presidente de los Estados Unidos de Colombia, Rafael Wenceslao Núñez Moledo (1823-1894), fue nombrado Caballero de Primera Clase de la Orden Piana por el papa León XIII. (El 19 de diciembre de 1886).
El adulterio fue premiado y en cierta forma protegido por El Vaticano. El escándalo se negoció sin tapujos para obtener un concordato (1887). Núñez, el bígamo y el concubino contumaz, desafió e impuso su voluntad ante la Santa Sede.
El triunfo necesitaba una comedia barata para celebrar la condecoración al delito lascivo.
La contumelia política bastó para negociar la legalización de un amancebamiento presidencial. En el Palacio de San Carlos, el señor Arzobispo de Bogotá, José Telésforo Paúl, tomó a Soledad Román del brazo y la llevó hasta la mesa. “…Así el más alto dignatario de la Iglesia colombiana, con este mudo homenaje social, daba inequívoca prueba del respeto con que la Iglesia miraba la unión de doña Sola y el presidente…”, escribió Indalecio Liévano Aguirre en su obra Rafael Núñez.
El escandaloso sainete no se transformó en falla mortal. Lástima que el contubernio sólo sea la pesadilla del católico desdichado y anónimo.
Los años pasaron y, después de 128 calendarios, en el Tribunal Eclesiástico de Bogotá no se instaura una demanda para obtener la nulidad del matrimonio porque el demandante carece de los recursos para pagar el proceso.
La causa justa y sin dinero se traduce en una infracción perpetua. “Si deseas a una mujer cometerás adulterio en el corazón”. Fin de la misericordia. La Iglesia tiene el poder para curar el cáncer familiar, pero el derecho canónico se interpone.
Por favor, piedad con los caídos en una acción conyugal porque: “…Unos ya nacen incapacitados para el matrimonio…”. (Mateo 19, 12).
El Evangelio se escribió con sangre divina para que ningún error estuviera por sobre la caridad. Hoy, la jurisprudencia eclesiástica tacha una sentencia necesaria: “…Aquel de ustedes que no tenga pecado que tire la primera piedra…”. (Juan 8,7).
Jesús amó a los pecadores. El entregó su corazón al filo de una lanza y al rigor de un madero para salvar a la humanidad. El holocausto incluyó a los adúlteros-divorciados.
“…Cuando Jesús bajó del monte, mucha gente lo siguió. En esto se le acercó un hombre enfermo de lepra, el cual se puso de rodillas ante Él y le dijo:
-Señor, si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad. Jesús lo tocó con la mano, y dijo:
- Quiero. ¡Queda limpio!...”. (Mateo 8, 1-3).
¿Se puede limpiar la lepra del divorcio con una nulidad marital?
¿Se puede limpiar la lepra que impide la comunión?
La pregunta final es: ¿para qué sirve un “gueto católico” donde el pecado púrpura se quedó sin indulgencia? Miles de personas se retiran del confesionario sin absolución porque viven su amor con la persona correcta.
…Por Dios, ¿quién inventó ese infierno?
(Artículo tomado del libro La sexta llaga del Verbo. Obra inédita del autor).
El pecado de la inocencia
La Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana tiene razones que la caridad no comprende. Roma piensa que la cruz la deben cargar los inocentes para purificar la posibilidad sospechosa de una falta ficticia.
Sí el párrafo le sonó feroz en su construcción argumental quiere decir que aún no pasa por el honorable Tribunal Eclesiástico de Bogotá. Esta respetadísima institución tiene la misión de investigar y determinar si un matrimonio puede ser declarado nulo, entre otras funciones jurídico-canónicas.
Para brevedad del asunto y en aras de la claridad conceptual se hará un resumen de un caso particular que ilustrará la entrada del artículo.
Un periodista católico (no practicante) tuvo la fortuna de engendrar vida con su novia sin más bendición que un poema de amor.
El hijo se convirtió en un pecado mortal y en el deshonor de una familia. Hubo chantaje, coacción y amenaza con muerte incluida para buscar un matrimonio por la Iglesia. El futuro padre se rindió ante la posibilidad de un aborto provocado y se entregó a las circunstancias que imponía Cupido, el Traidor. La saeta envenenada hirió su alma. El sainete familiar cumplió con todos los libretos que exigía la comedia para redactar “Las bodas de sangre”.
En la conciencia, de quien confiesa su falta, está escrito que acudió presuroso a demostrar con viril nobleza paternal que un hijo no será jamás pecado.
Le informó a su párroco de la situación y le confesó el yerro contra la sexta ley del decálogo del Sinaí. El trámite nupcial se cambió de parroquia para agilizar la ceremonia. Nuevamente se le contó la verdad al ministro. Se cumplió con el prerrequisito de asistir al curso prematrimonial dos y meses y medio después de haber contraído matrimonio. La esposa encinta.
“…Te confesé mi falta, no te escondí mi culpa. Yo dije: ‘Ante el Señor confesaré mi falta.’ Y Tú, Tú mi pecado perdonaste, condonaste mi deuda…”. (Salmo 32,5).
La Santa Madre Iglesia quedó lo bastante bien informada de las andanzas e irregularidades de una oveja negra para asumir el sacramento del matrimonio. Dos años después, el divorcio civil separó lo que se unión para dignificar un parto.
La segunda escena de este episodio es soportar por más de una década el estigma sin perdón. La crónica, El pecado púrpura, ilustró esa realidad con sucesos cotidianos.
La fatiga que impone la caridad cristiana sobre sus apóstoles hizo que se buscara la ayuda del Tribunal Eclesiástico. Allí, el saludo de bienvenida tiene dos partes: “Aquí estamos para ayudarle y ningún proceso comienza si no se cancela una parte del costo del mismo”.
En este caso, entre asumir las primeras diligencias y conseguir una rebaja en las costas pasaron dos años muertos. No se avanzó ni un renglón en la causa justa de la liberación.
La defensa, por la que optó el demandante, fue simple. Asumió la totalidad de la responsabilidad de los hechos. Elevó a su enemiga vitalicia a la categoría de santa, víctima y mártir. Defendió, con nitidez de prosa, su causa. Expresó los argumentos contradictorios de la señora y un párrafo del catecismo. La complejidad de lo simple los sorprendió.
El catecismo de la Iglesia Católica, edición de la Conferencia Episcopal Colombiana, Bogotá 1993. Página 421 expresa: …“ El consentimiento (matrimonial) debe ser un acto de la voluntad de cada uno de los contrayentes, libre de violencia o temor grave externo. Ningún poder humano puede reemplazar este consentimiento. Si esta libertad falta, el matrimonio es inválido…”. (El tribunal gastó un año para llegar al mismo punto).
La paciencia encontró su calvario. Por fin hubo para comprar el aceite de la maquinaria eclesial.
El suplicio comenzó con un juramento, la mano derecha sobre los Santos Evangelios. ¿Para qué jurar si Dios lo prohibió?: “No tomarás en falso el nombre del Señor tu Dios. (Éxodo 20,7 Deuteronomio 5,11). Se dijo a los antepasados: No perjurarás… Pues yo os digo que no juréis en modo alguno…”. (Mateo 5, 33-34).
El juramento en falso o perjurio consiste en invocar a Dios como testigo de una mentira. El redactor informó los hechos a su Iglesia y se apoyó en la eficiente complicidad jesuítica para lograr un matrimonio de mentiras y por tanto nada tenía que ocultarle.
El tribunal asumió un riesgo. El ente sabía que los dos cónyuges se enfrentaban en controversias irreconciliables en otros aparatos judiciales. De esa problemática se le informó por escrito en las primeras diligencias. Uno de los dos mentiría. (La falacia usa faldas).
Entonces, basta de preámbulos. Es la hora del asombro para los que colocan la inteligencia al servicio de la honestidad. Condición indispensable para las plumas que no se doblegan ni se venden. Después del juramento, el señor Castaño es indagado con tono de inquisidor por el sacerdote o vicario judicial adjunto, terrible contradicción. Motivo: Escribir una carta el primero de agosto de 1993, cuando aún gozaba del eterno privilegio de la soltería.
En la misiva aparecen las siguientes frases: “…Ellos tuvieron el privilegio de volverse locos… Vanidades estúpidas de bestias derrotadas…El vital impulso del amor me ánima… También tú eres el amor…Y ¿te quieres casar conmigo?...”.
Si el sacerdote-juez, la abogada defensora y la ex señora hubieran tenido el elemental y delicado gesto de leer el encabezado habrían podido concluir que el nombre de la destinataria no era parte del proceso. Los aplausos para la trilogía. Los sagaces investigadores son un paradigma de eficiencia sin parangón. Descontextualizaron la información en una implacable cacería de fantasmas.
No contento el ministro sagrado violó la reserva de un proceso penal del cual extrajo el borrador de un trabajo universitario escrito entre 1990-1991. (Material elaborado dos años antes de haber tenido el inmenso placer de conocer a la futura y temporal consorte). El texto lleva por título Gervasia.
El estricto vicario y sus asesores indagaron sobre el porqué el señor Castaño había escrito Gervasia. Según ellos, la contraparte y sus diccionarios la expresión “gerba” significa: “rata de alcantarilla”.
El Padre tuvo la osadía formal de mirarlo con disimulado desprecio y preguntar: ¿Por qué escribió eso? ¿Y qué significa rata de alcantarilla? Solamente por un exceso de pulcritud moral, herencia vital de una familia de caballeros y cruzados se le respondió con un indignado silencio. “…Bueno es esperar en silencio la salvación de Yavé…”. (Lamentaciones 3,26).
No contento con la maniobra de sabueso leyó la correspondencia privada en voz alta y se dirigió en tono burlón a la abogada defensora: ¿Doctora, a usted alguien le escribió cosas como estas?
¿Cómo le parece?
El demandante intentó en vano dar una explicación sobre el uso de las figuras retóricas y sus varios matices dentro de la poesía en prosa. “…La metáfora es una aplicación de una palabra o de una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación (con otro objeto o concepto) y facilitar su comprensión… La cátedra fue brutalmente interrumpida por la soberbia del poder vicarial judicial adjunto que le habló de humildad.
La belleza intelectual, por ser un don de Dios, cumplió con el deber de crear y no debió ser atropellada por el despotismo canónico. “… Porque todo viene de ti, y de tu mano proviene lo que te damos…”. (1 crónicas 29,14).
El interrogatorio volvió a las sendas de la semántica. ¿Qué significa Gervasia? o ¿Gerba?, le daba igual.
Resulta que la palabra “gerva o gerba”, según la ortografía del acusador, no existe en el Diccionario de la Real Academia Española, vigésima segunda edición. Pero para tranquilidad de la conciencia que calumnia amparada en el signo de la sotana se resuelve el misterio por obra y arte de una biblioteca que es herencia familiar de los defensores de la cruz y la bandera.
Gervasia: Nombre femenino de origen germánico. Lancera y vasalla. Además, el nombre es muy común en la Bogotá del siglo XIX. Por ejemplo, así se llamaba la hija de Francisco de Paula Borda. Él es el autor del libro Conversaciones con mis hijos. Biblioteca Banco Popular. Bogotá 1974. Allí aparece el nombre Gervasia. Tomo 1. Página 67.
También se usó en obras costumbristas como Los Aguinaldos de Chapinero. Autor: Eugenio Díaz Castro. Nueva Biblioteca Colombiana de Cultura. Bogotá 1985. Tomo 1. Página 133.
Bruna, La Carbonera. Autor: Eugenio Díaz Castro. Nueva Biblioteca Colombiana de Cultura. Bogotá 1985. Tomo 1. Página 268. “ .. Mi estimada Gervasia…”.
En síntesis, se le indagó por escribir, pero por escribir lo que no estaba escrito y lo que nunca escribió. Entre “Gerba” y Gervasia existen realidades, históricas y diferencias semánticas monumentales.
Poetas, escritores y periodistas del mundo por ser mi alma sangre de su sangre les pido un favor: otro aplauso para el Tribunal Eclesiástico y su vicario judicial.
Peguntas: ¿Qué tiene que ver el significado de una palabra en un proceso donde se espera declarar nulo un vínculo matrimonial? ¿Cuál es el delito? ¿Desde cuándo el Tribunal Eclesiástico de Bogotá es juez de la Constitución Nacional?
La Carta Magna, en su artículo 20 reza: “Se garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz e imparcial, y la de fundar medios masivos de comunicación. Estos son libres y tienen responsabilidad social. Se garantiza el derecho a la rectificación en condiciones de equidad. No habrá censura.
Artículo 73: La actividad periodística gozará de protección para garantizar su libertad e independencia profesional.
Artículo 74: El secreto profesional es inviolable.
Según la línea investigativa del sacerdote, ¿qué hubiera pasado con estas líneas?:
“…Caes sobre los prados como un buitre sobre la carroña fresca.
Murmura los pastos aplastados bajo el viento de la oración. ¡Pulveriza el mundo! ¡Empuja al abismo el tronco redondo, si eres tan poderoso, borrasca de los cuervos!
“Les partes el pecho a los robles. Les arrancas los brazos vivos.
Caen los robles--los combatientes. No abandonarán la trinchera.
Hieres con el acero de las bayonetas. Con la punta de los sables.
Victoriosa. La tierra es suya. ¡Todo alrededor!...”.
¿Se le preguntaría al autor por qué escribió? ¿Y qué significa las frases?: “carroña viva” o “les arrancas los brazos vivos”.
El “criminal responsable” de esas estrofas es Karol Wojtyla, el papa Juan Pablo II. Ver Mousiké. Traducción y estudio crítico de de la poética juvenil de Karol Wojtyla de Bogdan Piotrowski. Edición Universidad de La Sabana. Bogotá 2008. Páginas 137-138.
En otra diligencia y momento de tensión verbal el demandante le preguntó de frente, y con la respetuosa rectitud que oficia la decencia: ¿Padre, usted cree en mi inocencia, sí o no? Contestó: “No tentarás al Señor tu Dios”.
Al finalizar esa reunión expresó: “…Su caso es muy delicado, tenga paciencia, pero yo tengo afán y debo irme. Dejemos aquí…”. Me imagino que con ese concepto de resignación cristiana el santo Job se suicidó en el Cielo.
Monseñor Lucio María Renna, O.C.D., Obispo de San Severo, (Italia) enfatizó en su carta pastoral In nomine Domini: “…Delante del sacerdote se abre un escenario que no tiene fin; y él no puede fingir que no lo ve y permanecer cerrado en sus hábitos, en las repeticiones pastorales, comprendidas y vividas como una sacramentalización, muchas veces motivadas por utilidades personales. Mente, ojos y corazón abiertos son pedidos al sacerdote. Con generosidad y radicalidad. Las medias tintas, los ‘más o menos’ ‘los si’, ‘los pero’ destruyen todo, especialmente si son acompañados por actitudes de superioridad, de arrogancia y de mal carácter, dando un imagen decrépita, falsa y anacrónica, y algunas veces odiosa del sacerdocio y de la Iglesia…”. (Revista Heraldos del Evangelio. Número 56. Marzo de 2008).
Probablemente, el vicario no entendió su posición ni la vigencia conceptual de un problema de conciencia. El papa Benedicto XVI, en discurso a los miembros de la Comisión Teológica Internacional (octubre 5 de 2007) expresó: “…El contenido ético de la fe cristiana no constituye una imposición dictada desde el exterior a la conciencia del hombre, sino una norma que tiene su fundamento en la misma naturaleza humana…”.
Y sin embargo, suceden situaciones que desafían el sentido general del orden mental para llegar a la verdad, que no es otra cosa que la lógica.
La institución pidió una lista de testigos donde se especifica el grado de parentesco. Se contestó verbalmente y por escrito. Se verificó y se explicó. El tribunal envió cartas y fijó las fechas para la diligencia. Entonces, cómo hicieron para preguntarle a una madre: ¿qué parentesco tiene con su hijo? Y luego repiten la maniobra con los hermanos. ¿Qué parentesco tiene el hermano mayor con el menor? El rapapolvo que se ganó el autor de estas prosas por parte de su familia todavía causa escozor porque la estupidez no tiene explicación redentora.
Es hora de cerrar las páginas con el dato de las consecuencias finales de la impericia. La abogada defensora informó, con tono solemne, que los cónyuges debían ir al siquiatra como parte de un procedimiento de rutina. Tristeza atroz. Sólo le tocó ir al hombre que escribe. Más gastos para comprar un vil engaño.
La eficiente funcionaria obtuvo un fallo artero: “Se declara nulo el vínculo matrimonial”. Y el bagaje de Judas sentenció: “El varón necesita permiso de este tribunal para poder volver a casarse”. Motivo: Ninguno conocido. No escribieron el porqué de esa absurda y arbitraria decisión. El fallo se fue para segunda instancia. El tiempo y los costos siguieron cuesta arriba.
El aplauso es de Pilatos, Caifás y Barrabás acompañados por el sanedrín en pleno porque ciertas conductas los delatan:
“…Los maestros de la ley y los fariseos enseñan con la autoridad que viene de Moisés. Por lo tanto obedézcanlos ustedes y hagan todos los que les digan; pero no sigan su ejemplo, porque ellos dicen una cosa y hacen otra. Atan cargas tan pesadas que es imposible soportarlas, y las echan sobre los hombros de los demás, mientras ellos mismos no quieren tocarlas ni siquiera con un dedo…”. (Mateo 23,1).
“! Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos hipócritas! Que cierran la puerta del reino de los cielos para que otros no entren…”. (Mateo 23,13).
La realidad nacional muestra el porqué abundan las sectas. Las gentes colombianas no inclinan su honor para que sea manchado con humillaciones y felonías.
El rosario de púas es largo, pero es absolutamente necesario finalizar porque la rabia se hace tinta. El resto de la historia fue soportar el madero, el de la sexta llaga.
El pecado de la inocencia consistió en pensar que el padre del hijo pródigo lo recibiría con los brazos abiertos. Lo esperaba con una caja registradora y un puñal.
En segunda instancia, le informé al juez que escribiría sobre los hechos en beneficio de los caídos en acción afectiva, pero a mi manera: sin argucias, sofismas ni falacias porque el Evangelio y mi palabra no son negociables.
En conclusión, el divorcio debe ser erradicado de toda sociedad humana, pero especialmente de las familias católicas. El primer paso es cambiar la ley por el sentido común porque la ley siempre crucificará a la verdad.
lunes, 21 de julio de 2008
Solución académica
Los bochinches chusmeros de la universidad pública tienen remedio. La solución surgió de la sofocante humareda del motín urbano.
El 17 de junio de 2008 terroristas encapuchados lanzaban papas explosivas contra una varada tanqueta de la Policía. La trifulca se desarrollaba con la monotonía de los picapedreros. La calle 26, al occidente de la carrera 36, servía de escenario a la inútil pedrea. El Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) repelía a los anarquistas drogados que vociferaban arengas de revendedoras culecas.
El espectáculo de la decadencia fue interrumpido en su secuencia atroz por el pasar sereno de un transeúnte. El personaje tenía un compromiso en un edificio que mira hacia el potrero universitario donde pastan cuadrúpedos y otros estudiantes. La maniobra la contemplaron dos veteranos de Vietnam. Los viejos soldados salieron al encuentro del despreocupado andariego para alejarlo del lacrimoso lugar.
El rescatado consideró prudente invitarlos a un sitio seguro para conversar. La charla, amena y franca, evolucionó hacia un punto feliz donde un ex boina verde plateó una opción muy aplomada.
El ranger habló sobre francotiradores y sus fusiles de precisión. El paladín recitó con propiedad una cátedra de cinegética en la urbe: “El calibre más adecuado para este tipo de misión es el 7,62x51 (308 Winchester). El rendimiento es óptimo y su precisión acreditada a 300 m. es ideal para volar cabezas inútiles”, recalcó el héroe con salomónica virtud.
La solución académica quedó expuesta.
La nitidez conceptual de su conciencia superior le aplaudía la maravillosa idea. Sólo le atosigaban las consecuencias del pedagógico escándalo.
En ese punto entró la razón de la Historia para santificarle el deber ciudadano. “El video de la Efervescencia y la Cerveza se usa para casos de control político extremo”, señaló el salvado de la lapidación. Se miraron aterrados y dijeron: “Tenga usted la gentileza de ilustrarnos”. Si sus tiradores hacen que la masacre de Tiananmen parezca un parque de diversiones deben aplicar el Libreto UP. ¿Libreto qué? El que le escribieron a la Unión Patriótica.
El interpelado les recordó el guión de la tragicomedia nacional usada por los titiriteros. Los ventrílocuos dirán con voz enérgica y compungida lo siguiente: Primer acto.
El presidente de la República: “Repudiamos el hecho que atenta contra la legitimidad de las instituciones democráticas”.
El Ministro de Defensa: La tenebrosa acción es obra de fuerzas oscuras que intenta desestabilizar el sistema de Gobierno. Condenamos enérgicamente lo sucedido”.
El Ministro del Interior: “Es una acción lamentable que no volverá a ocurrir. A los culpables les caerá todo el peso de la ley”.
La Fiscalía General: “Haremos una investigación exhaustiva que llevaremos hasta sus últimas consecuencias. Ya compulsamos copias al CTI”.
El Director Nacional de la Policía: “Tenemos los retratos de hablados de los encapuchados. El comando general ofrece cien millones de pesos de recompensa para quien dé información sobre los responsables de la hecatombe”.
El reportero lambón: “Sí, en este momento el general entrega información de última hora”. Mete el micrófono entre un montón de grabadoras y se escucha: “Se ofrecen diez millones de pesos de recompensa para quien dé información sobre una volqueta que se robaron del Ministerio de Obras Públicas”.
Segundo acto. Marcha callejera.
Los grupúsculos de andróginos, con indumentaria gringa, cargan ataúdes de utilería. Los saltimbanquis Nueva Era, los maromeros de Fontibón y los teatreros de la Candelaria los escoltan con pancartas y pitos. La turba sudorosa brama guturalmente la consigna del fracaso: “El pueblo, unido, jamás será vencido. El pueblo, unido, jamás será vencido”. El sonsonete afónico se lo traga el ruido del tráfico. El piquete de Policía los escolta para moler a palos el libre derecho a la protesta.
Tercer acto. Los badulaques ponzoñosos escriben grafitos con perversa ortografía, pegan los mocos en las vitrinas de los bancos y raspan las columnas del Capitolio para obtener arena que mezclan con el bazuco. El tumulto, horrendo y amorfo, se trasladan al Cementerio del Sur.
El noticiero vespertino muestra a una señora regordeta aferrada al ataúd. La víctima emite quejidos prehistóricos. El pavoroso aullido aumenta ante la cámara de TV. Detrás del periodista se escucha el corito de los intrépidos: “El Estado los mató, el Estado los mató”.
Cuarto acto. La ONG (Organización Nuevo Gemido) y los marxistas de cabestro realizan una jornada cívica por la vida. El gentío coloca centenares de velas encendidas en la Plaza Mayor, pintan palomas verdes y embadurnan sus manos con pinturas cromáticas. Las baldosas quedan untadas de repulsivas manchas abstractas.
Los líderes de la protesta ponen cara de celestina en reflexión platónica. Cuando atisban la televisora cambian de careta y dicen: “No más muertos. Queremos la verdad. De aquí no nos moveremos hasta que el Gobierno nos entregue a los culpables”.
La respuesta es climática. Cae un torrencial aguacero con granizo y encima les llueve bolillo. Una hora después, los zuros vuelven a defecar sobre los carteles dejados en el piso. Fin de la mascarada.
Quinto acto. El primer aniversario de la matanza en el establo universitario es recordado en la Plaza de Bolívar. Pañuelos blancos, arengas del partido de izquierda, canciones de Silvio Rodríguez y marcha sindical por el derecho salarial al olvido.
El periódico liberal publica en primera plana la foto de una niña acurrucada que intenta encender un cebo sobre el dibujo de un ave. El pie de foto reza: “El país construye la paz con esperanza”. El original reportero gráfico es galardonado con el Premio Nacional de Fotografía.
Sexto acto. Habla el pontífice de la pelota cuadrada: “…La Selección Fracaso de Fútbol fue goleada de local. Para clasificar al repechaje se necesita que el onceno nacional le meta cinco a Paraguay, que juega de local. Que Argentina y Uruguay no empaten. Argentina no le puede ganar por más de un gol a Uruguay. Además, Brasil debe perder nueve cero con Bolivia…”.
En el calor de la transmisión, el ego del micrófono vocifera: “…El que pierde la fe, lo pierde lo todo. Qué partidos nos tocan…” Carraspea con un gargajo atorado… y gol de Paraguay.
Séptimo acto. El libreto queda listo para el próximo levantamiento estudiantil en favor de la amnesia. El acto se cancela por falta de las memorias escritas. Nadie arroja la primera piedra porque ninguno está libre de pecado.
lunes, 14 de julio de 2008
El desbarajuste
El ministro de Protección Social, Diego Palacio, logró demostrar que la sandez estólida desemboca en su despacho con pródiga fertilidad. Allí el hediondo olor a fraude florece bajo la sombra sempiterna del trastorno moral.
El extremo, el fin, el punto excesivo en su límite exagerado rompió los registros del extravío. Las bestias antidiluvianas lo miran aterradas.
Los sofistas y los perjuros lo niegan en sus cofradías.
El sujeto creó una escandalosa estratagema para superar el febricitante enredo de la Yidis-política. El malabarista de la majadería se anotó un nuevo accidente mental en su estrafalario ridículo.
Él ama la inservible vaciedad que lo estrangula.
Él y los estandartes de la ineficiencia gestaron el premio único al retraso tecnológico: la Planilla Integrada de Liquidación de Aportes (Pila). La sigla de la ociosidad significa: Por Iletrados Lisiados Asesorada (Pila).
Farsolandia calificó de alucinado al funcionario estéril por su desmañada torpeza. El ministril hizo que Colombia realizará tres colas diarias durante una semana y obtuviera un resultado capaz de vencer a la ley del fracaso rotundo: “No sirve, no funciona, no hay fichas y no se sabe”.
Hacia rato que la tetralogía del resabio no producía una pieza de tan extraña inverecundia.
El conjunto de cuatro colas, tres tragedias y un drama satírico de autor ministerial se presentó a concurso en los festivales teatrales de Palacio.
Los equipos creativos obtuvieron el premio al madrazo popular. Los talentosos, el Dream Team de la invención fatal estuvo compuesto por tres tarmanganis aporreados por Tarzán, cinco trogloditas con retraso evolutivo agudo y dos homínidos beodos en fase de apareamiento. Ellos diseñaron, con torpe necedad, la mediocre hoja de pago. En cada reglón dejaron un espacio en blanco para llenar con boberías, bochornos, humillaciones, deshonras, oprobios, descaros y muchas vergüenzas.
El apelotardado y sus secuaces se graduaron en la escuela que idolatra la imbecilidad. Los burócratas, con su aptitud y capacidad empresarial para el desastre, tienen la ilegitimidad de insistir en su aberrante adefesio.
Señor trabajador independiente:
La próxima vez que escuche el Himno Nacional siéntese y tápese la cara mientras piensa en un suicidio heroico. Intentar sobrevivir en Farsolandia es el triunfo de la desesperanza sobre el exilio.
El cortesano y su caterva de inútiles siguen en el cargo porque deben cobrar, con parte de los salarios independientes, el impuesto a la pasión que los sustenta, la Misión Maturana: Perder y perder hasta ganar una amplia experiencia en derrotas.
Los capataces castigarán al pueblo genuflexo que acudió puntual a registrarse en la antesala de la confusión. Ya verán cuál será el premio a la obediencia servil.
Nadie debería pagarle un peso al reinado de la estupidez donde la fila busca a la Pila de mierda.
El extremo, el fin, el punto excesivo en su límite exagerado rompió los registros del extravío. Las bestias antidiluvianas lo miran aterradas.
Los sofistas y los perjuros lo niegan en sus cofradías.
El sujeto creó una escandalosa estratagema para superar el febricitante enredo de la Yidis-política. El malabarista de la majadería se anotó un nuevo accidente mental en su estrafalario ridículo.
Él ama la inservible vaciedad que lo estrangula.
Él y los estandartes de la ineficiencia gestaron el premio único al retraso tecnológico: la Planilla Integrada de Liquidación de Aportes (Pila). La sigla de la ociosidad significa: Por Iletrados Lisiados Asesorada (Pila).
Farsolandia calificó de alucinado al funcionario estéril por su desmañada torpeza. El ministril hizo que Colombia realizará tres colas diarias durante una semana y obtuviera un resultado capaz de vencer a la ley del fracaso rotundo: “No sirve, no funciona, no hay fichas y no se sabe”.
Hacia rato que la tetralogía del resabio no producía una pieza de tan extraña inverecundia.
El conjunto de cuatro colas, tres tragedias y un drama satírico de autor ministerial se presentó a concurso en los festivales teatrales de Palacio.
Los equipos creativos obtuvieron el premio al madrazo popular. Los talentosos, el Dream Team de la invención fatal estuvo compuesto por tres tarmanganis aporreados por Tarzán, cinco trogloditas con retraso evolutivo agudo y dos homínidos beodos en fase de apareamiento. Ellos diseñaron, con torpe necedad, la mediocre hoja de pago. En cada reglón dejaron un espacio en blanco para llenar con boberías, bochornos, humillaciones, deshonras, oprobios, descaros y muchas vergüenzas.
El apelotardado y sus secuaces se graduaron en la escuela que idolatra la imbecilidad. Los burócratas, con su aptitud y capacidad empresarial para el desastre, tienen la ilegitimidad de insistir en su aberrante adefesio.
Señor trabajador independiente:
La próxima vez que escuche el Himno Nacional siéntese y tápese la cara mientras piensa en un suicidio heroico. Intentar sobrevivir en Farsolandia es el triunfo de la desesperanza sobre el exilio.
El cortesano y su caterva de inútiles siguen en el cargo porque deben cobrar, con parte de los salarios independientes, el impuesto a la pasión que los sustenta, la Misión Maturana: Perder y perder hasta ganar una amplia experiencia en derrotas.
Los capataces castigarán al pueblo genuflexo que acudió puntual a registrarse en la antesala de la confusión. Ya verán cuál será el premio a la obediencia servil.
Nadie debería pagarle un peso al reinado de la estupidez donde la fila busca a la Pila de mierda.
lunes, 7 de julio de 2008
Silencio en la manigua
Analistas criollos opinan sobre las variantes de la exitosa Operación Jaque que liberó a once héroes de la Patria, tres estadounidenses y a una sofista bilingüe.
La primera teoría es la del cowboy.
John McCain llamó desde Cartagena de Indias al filibustero mayor y sin saludar le soltó un regaño de marine redomado.
-Okay, pedazo de excremento comunista. En este momento satélites espías pueden leerle la marca de sus asquerosos calzoncillos. Mire hacia arriba, bastardo. Lo que ve no son chulos. Son bombarderos B-52 diseñados para borrar del mapa la Orinoquia y cada partícula de su genética montaraz por los próximos 200 años.
El barbudo prostático, al que llaman ideólogo, intentó balbucear, pero un rayo láser le hacia cosquillas en las amígdalas.
El alma muda de la sabandija acorralada se arrodilló ante la voz imperativa del patrón. La tecnología lo obnubiló de tal forma que apenas si gangoseó la orden correspondiente para acatar el pedido. McCain continuó su discurso de veterano U.S.A.
-Si desea seguir respirando su pestilente almizcle de vientcong quiero a mis muchachos en 48 horas en los Estados Unidos. De lo contrario prepárese para maldecir a Satanás con su pecueca de bota pantanera.
El resto del libreto lo confesó el presidente Uribe y su comando de tramoyistas. El Ejército Nacional hizo que el rescate de Mussolini del Gran Sasso, por parte de Skorzeny y sus tropas, pareciera un trabajo de aficionados. (12 de septiembre de 1943).
La otra teoría es totalmente trágica y un poco más domestica. La razón la comparten muchos terapeutas de relaciones maritales.
Los guerrilleros más curtidos por la retahíla cocalera-socialista decidieron desertar. El motivo lo dio Clarita cuando se amancebó con el “compañero mártir”. El pobre enloqueció con la cantaleta de la cuentera. Ella pensaba que aplicando conceptos feministas de machorra solterona podía domesticar al truhán.
Los centinelas de las secuestradas comenzaron su largo y penoso camino hacia la abjuración. Era preferible morir fusilado por traidor al crimen que escuchar el parloteo de las señoras.
Las separaron, en un intento de supervivencia auditiva, pero la contaminación fue letal. La insoportable locuacidad de las porfiadas féminas mató a Tirofijo.
La habladuría cizañera rompió la caduca dictadura atea. Las parlanchinas les intoxicaron el oído a las mozas de los celadores del campo de concentración. Las Farc comenzaron a resquebrajarse con la tediosa llegada de Clarita, la bilingüe y otras varonas entrenadas por la demagogia electoral para murmurar del prójimo. Ellas se hicieron secuestrar para vengar viejas obsesiones antimasculinas. La carapálida, el icono quejumbroso, alegaba en dos idiomas simultáneamente y les produjo otitis selvática. El operativo de rescate estuvo a punto de fracasar por causa de la verborrea galo-guaviarense.
Las Farc sintieron alivio mental con la derrota que los dejó cual reverendo ciezo. Los subversivos prometieron limpiar el Vichada de minas antipersonas en acción de gracias por los favores recibidos. También admitieron que prefieren el ruido de los Súper Tucano antes que volverlas a oír. Silencio en la manigua.
La primera teoría es la del cowboy.
John McCain llamó desde Cartagena de Indias al filibustero mayor y sin saludar le soltó un regaño de marine redomado.
-Okay, pedazo de excremento comunista. En este momento satélites espías pueden leerle la marca de sus asquerosos calzoncillos. Mire hacia arriba, bastardo. Lo que ve no son chulos. Son bombarderos B-52 diseñados para borrar del mapa la Orinoquia y cada partícula de su genética montaraz por los próximos 200 años.
El barbudo prostático, al que llaman ideólogo, intentó balbucear, pero un rayo láser le hacia cosquillas en las amígdalas.
El alma muda de la sabandija acorralada se arrodilló ante la voz imperativa del patrón. La tecnología lo obnubiló de tal forma que apenas si gangoseó la orden correspondiente para acatar el pedido. McCain continuó su discurso de veterano U.S.A.
-Si desea seguir respirando su pestilente almizcle de vientcong quiero a mis muchachos en 48 horas en los Estados Unidos. De lo contrario prepárese para maldecir a Satanás con su pecueca de bota pantanera.
El resto del libreto lo confesó el presidente Uribe y su comando de tramoyistas. El Ejército Nacional hizo que el rescate de Mussolini del Gran Sasso, por parte de Skorzeny y sus tropas, pareciera un trabajo de aficionados. (12 de septiembre de 1943).
La otra teoría es totalmente trágica y un poco más domestica. La razón la comparten muchos terapeutas de relaciones maritales.
Los guerrilleros más curtidos por la retahíla cocalera-socialista decidieron desertar. El motivo lo dio Clarita cuando se amancebó con el “compañero mártir”. El pobre enloqueció con la cantaleta de la cuentera. Ella pensaba que aplicando conceptos feministas de machorra solterona podía domesticar al truhán.
Los centinelas de las secuestradas comenzaron su largo y penoso camino hacia la abjuración. Era preferible morir fusilado por traidor al crimen que escuchar el parloteo de las señoras.
Las separaron, en un intento de supervivencia auditiva, pero la contaminación fue letal. La insoportable locuacidad de las porfiadas féminas mató a Tirofijo.
La habladuría cizañera rompió la caduca dictadura atea. Las parlanchinas les intoxicaron el oído a las mozas de los celadores del campo de concentración. Las Farc comenzaron a resquebrajarse con la tediosa llegada de Clarita, la bilingüe y otras varonas entrenadas por la demagogia electoral para murmurar del prójimo. Ellas se hicieron secuestrar para vengar viejas obsesiones antimasculinas. La carapálida, el icono quejumbroso, alegaba en dos idiomas simultáneamente y les produjo otitis selvática. El operativo de rescate estuvo a punto de fracasar por causa de la verborrea galo-guaviarense.
Las Farc sintieron alivio mental con la derrota que los dejó cual reverendo ciezo. Los subversivos prometieron limpiar el Vichada de minas antipersonas en acción de gracias por los favores recibidos. También admitieron que prefieren el ruido de los Súper Tucano antes que volverlas a oír. Silencio en la manigua.
jueves, 3 de julio de 2008
Paso de vencedores
“Paso de vencedores”
Gloria a ti, diosa legendaria del combate. La taumaturgia muisca venció. Desde la caída de Troya hasta la Operación Jaque la tramoya camuflada no se burlaba de su enemigo con tan sonora carcajada. Felicitaciones a los comandos y sus libretistas. Merecen un almuerzo campestre en Miami con McCain.
Sólo inquieta la vida de ciertos secuestrados. Clarita consiguió concubino e hijo. Luis Eduardo, moza y doña Íngrid, la moribunda encadenada, resucitó. La estrofa del poema Mi retiro en el monte, del bardo julio Flórez ilustra esa realidad:
“…La mentira social, el placer mismo
Cien veces apurado en una hora,
Me arrancaron del fondo del abismo
Lanzándome a la selva redentora…”.
Los chupamocos de las Farc se pueden matricular de hortelanos en cualquier convento de monjas de clausura. Allí pueden purgar su vergüenza de terroristas “bom-bum”. Literalmente, el Ejército Nacional limpió sus letrinas con el secretariado.
Ahora, las súplicas de un patriota. Por favor, pueblito de mis cuitas, nada de embelecos electoreros que digan: “Íngrid presidente y Alfonso Cano vicepresidente 2010”. Nada de caminatas en desagravio a Piedad y a Hugo. Ni se les ocurra teatralizar el ridículo de montañeros posesos con carro de bomberos, sudores y vocerías histéricas. No manosearse compulsivamente y prender velas en la Plaza de Bolívar en simulacro de aquelarre cátaro. Eviten las manifestaciones folclóricas propias de las veredas calentanas.
Dios nos libre de esas alharacas amarillistas que trasmiten historias de culebreros.
Gloria a ti, diosa legendaria del combate. La taumaturgia muisca venció. Desde la caída de Troya hasta la Operación Jaque la tramoya camuflada no se burlaba de su enemigo con tan sonora carcajada. Felicitaciones a los comandos y sus libretistas. Merecen un almuerzo campestre en Miami con McCain.
Sólo inquieta la vida de ciertos secuestrados. Clarita consiguió concubino e hijo. Luis Eduardo, moza y doña Íngrid, la moribunda encadenada, resucitó. La estrofa del poema Mi retiro en el monte, del bardo julio Flórez ilustra esa realidad:
“…La mentira social, el placer mismo
Cien veces apurado en una hora,
Me arrancaron del fondo del abismo
Lanzándome a la selva redentora…”.
Los chupamocos de las Farc se pueden matricular de hortelanos en cualquier convento de monjas de clausura. Allí pueden purgar su vergüenza de terroristas “bom-bum”. Literalmente, el Ejército Nacional limpió sus letrinas con el secretariado.
Ahora, las súplicas de un patriota. Por favor, pueblito de mis cuitas, nada de embelecos electoreros que digan: “Íngrid presidente y Alfonso Cano vicepresidente 2010”. Nada de caminatas en desagravio a Piedad y a Hugo. Ni se les ocurra teatralizar el ridículo de montañeros posesos con carro de bomberos, sudores y vocerías histéricas. No manosearse compulsivamente y prender velas en la Plaza de Bolívar en simulacro de aquelarre cátaro. Eviten las manifestaciones folclóricas propias de las veredas calentanas.
Dios nos libre de esas alharacas amarillistas que trasmiten historias de culebreros.
lunes, 23 de junio de 2008
Coronel, vista a la de...re
Hugo Chávez, al mejor estilo de las vagabundas, cambió de posición.
El traidor viraje es parte del gen recesivo del marxismo aclimatado a las maniguas del Roraima. El tiranuelo obedece a su instinto de camaleón. La bestezuela se metamorfosea según su instinto reproductor lo indique. Es voluptuosa y atractiva para el terrorismo. Es mimosa y lenguaraz para saciar su megalomanía de polichinela.
El porqué torció el rumbo, que lo llevaba hacia las Farc, es el motivo de este análisis.
Los expertos en etología encontraron que el mamertismo selvático es una enfermedad incurable que se transmite por contagio ideológico. Se caracteriza por dos períodos insoportables para la evolución del ser. El primero es degenerativo y compulsivo. El segundo presenta un ansia patológica de afecto por la derecha. Irrevocablemente, el paciente finalizará convertido en un godo monárquico y absolutista.
Dentro de ese cuadro clínico se presentan dos variables sintomáticas: a). Sexualidad desajustada b). Temor servil por el amo.
a). El mamerto bolivariano muestra un cuadro aterrador. Su desviada sexualidad geriátrica lo condenó a depender de la inmoralidad, vicio atroz de los sátrapas. El lector recordará cuando le dio por encamarse con el fosilizado Fidel Castro. El venezolano se tomaba fotos abrazado y cogido de la mano con su amado anciano. Incluso le llevó de regalo piezas robadas a la vajilla de la cocinera de don Simón Bolívar.
El exceso de catre mató a Castro, El Disecado.
El amante, súpito y compungido por el luto, se dedicó a enviarle recados clandestinos y mensajes televisados a Tirofijo, el vejete criminal. La gerontofilia lo tiene condenado a buscar el afecto de un macho cabrio mayor en edad y perversidad. El resultado fue exitoso. Los comunistas maricas son leales únicamente a sus errores.
El déspota logró meter a su alcoba de “Mira las flores” algo grande. Raúl Reyes le dio en la vena del gusto y la cronofilia de Chávez se vio saciada. La relación entre los sodomitas se eclipsó cuando le mataron al tinieblo en las selvas ecuatorianas. El duelo fue de dimensiones bélicas. Envió tropas a la frontera colombiana para vengar a su concubino. El colapso emocional vendría al perder a su amor idealizado. Manuel Marulanda Vélez murió de un tiro fijo y Chávez lo comprendió todo.
El chafarote supo que sus retozos con los veteranos complacientes finalizaban en la fosa. Ante esa inmensa capacidad para el desastre se ganó el mote de Matador de Zurdos. Manoseó a Castro, Reyes y Marulanda. El trío está q.e.p.d. (quedaron encajonados por desviados).
Esas conductas aberrantes determinaron el nuevo discurso. La acción la ejecutó cual transformista orate, alaridos y muecas. La transexual calenturienta entendió que sin la protección alevosa de un viejo verde estaba desamparada.
Al coronelito civil le tocó inclinarse ante el estigma de los felones porque su naturaleza pervertidora lo posee. La moza casquivana, que explotó con favores sexuales a un sujeto vetusto, retrata fielmente el primer síntoma.
b) Temor servil por el amo.
Los ofidios, criados por el Imperio Yanqui para entrenamiento de sus marines, son dejados a la intemperie para que cacen ratas. Es parte del control ecológico y de la limpieza social. La tigra mariposa (Bothrops venezuelensis) es una culebra que sirve de mascota y más tarde de almuerzo para el águila calva.
El reptil sintió las pisadas del dueño de las junglas tropicales y se le arrugó el cuero. Automáticamente mudo de piel cual vulgar crótalo porque pronto vendrán a cobrarle cuentas.
La venosa serpiente bajó el tono bífido y se enroscó en el discurso de la tolerancia.
El susto viene del Norte. El panorama electoral de los Estados Unidos trae el sonido de las espuelas de un cowboy redomado. El pistolero fue tatuado en Vietnam y bautizado: “Duro de Matar”. John McCain tiene temblando del susto a Chávez y sus colegialas de boinas rojas.
El vaquero es el arquetipo de Lucky Strike. Si gana las elecciones la Agencia Central de Inteligencia le enviará una postal al mulato baladrón. En ella, los servicios de espionaje le recordarán algunos datos sobre el fin de las servidumbres.
La CIA le presentará un cuadro de opciones con una pregunta: ¿Quieres desmontarte del poder al estilo de Allende, Trujillo, Noriega, Hussein o prefieres un motivo nuevo?
La respuesta explicará el desvío de Chávez.
El traidor viraje es parte del gen recesivo del marxismo aclimatado a las maniguas del Roraima. El tiranuelo obedece a su instinto de camaleón. La bestezuela se metamorfosea según su instinto reproductor lo indique. Es voluptuosa y atractiva para el terrorismo. Es mimosa y lenguaraz para saciar su megalomanía de polichinela.
El porqué torció el rumbo, que lo llevaba hacia las Farc, es el motivo de este análisis.
Los expertos en etología encontraron que el mamertismo selvático es una enfermedad incurable que se transmite por contagio ideológico. Se caracteriza por dos períodos insoportables para la evolución del ser. El primero es degenerativo y compulsivo. El segundo presenta un ansia patológica de afecto por la derecha. Irrevocablemente, el paciente finalizará convertido en un godo monárquico y absolutista.
Dentro de ese cuadro clínico se presentan dos variables sintomáticas: a). Sexualidad desajustada b). Temor servil por el amo.
a). El mamerto bolivariano muestra un cuadro aterrador. Su desviada sexualidad geriátrica lo condenó a depender de la inmoralidad, vicio atroz de los sátrapas. El lector recordará cuando le dio por encamarse con el fosilizado Fidel Castro. El venezolano se tomaba fotos abrazado y cogido de la mano con su amado anciano. Incluso le llevó de regalo piezas robadas a la vajilla de la cocinera de don Simón Bolívar.
El exceso de catre mató a Castro, El Disecado.
El amante, súpito y compungido por el luto, se dedicó a enviarle recados clandestinos y mensajes televisados a Tirofijo, el vejete criminal. La gerontofilia lo tiene condenado a buscar el afecto de un macho cabrio mayor en edad y perversidad. El resultado fue exitoso. Los comunistas maricas son leales únicamente a sus errores.
El déspota logró meter a su alcoba de “Mira las flores” algo grande. Raúl Reyes le dio en la vena del gusto y la cronofilia de Chávez se vio saciada. La relación entre los sodomitas se eclipsó cuando le mataron al tinieblo en las selvas ecuatorianas. El duelo fue de dimensiones bélicas. Envió tropas a la frontera colombiana para vengar a su concubino. El colapso emocional vendría al perder a su amor idealizado. Manuel Marulanda Vélez murió de un tiro fijo y Chávez lo comprendió todo.
El chafarote supo que sus retozos con los veteranos complacientes finalizaban en la fosa. Ante esa inmensa capacidad para el desastre se ganó el mote de Matador de Zurdos. Manoseó a Castro, Reyes y Marulanda. El trío está q.e.p.d. (quedaron encajonados por desviados).
Esas conductas aberrantes determinaron el nuevo discurso. La acción la ejecutó cual transformista orate, alaridos y muecas. La transexual calenturienta entendió que sin la protección alevosa de un viejo verde estaba desamparada.
Al coronelito civil le tocó inclinarse ante el estigma de los felones porque su naturaleza pervertidora lo posee. La moza casquivana, que explotó con favores sexuales a un sujeto vetusto, retrata fielmente el primer síntoma.
b) Temor servil por el amo.
Los ofidios, criados por el Imperio Yanqui para entrenamiento de sus marines, son dejados a la intemperie para que cacen ratas. Es parte del control ecológico y de la limpieza social. La tigra mariposa (Bothrops venezuelensis) es una culebra que sirve de mascota y más tarde de almuerzo para el águila calva.
El reptil sintió las pisadas del dueño de las junglas tropicales y se le arrugó el cuero. Automáticamente mudo de piel cual vulgar crótalo porque pronto vendrán a cobrarle cuentas.
La venosa serpiente bajó el tono bífido y se enroscó en el discurso de la tolerancia.
El susto viene del Norte. El panorama electoral de los Estados Unidos trae el sonido de las espuelas de un cowboy redomado. El pistolero fue tatuado en Vietnam y bautizado: “Duro de Matar”. John McCain tiene temblando del susto a Chávez y sus colegialas de boinas rojas.
El vaquero es el arquetipo de Lucky Strike. Si gana las elecciones la Agencia Central de Inteligencia le enviará una postal al mulato baladrón. En ella, los servicios de espionaje le recordarán algunos datos sobre el fin de las servidumbres.
La CIA le presentará un cuadro de opciones con una pregunta: ¿Quieres desmontarte del poder al estilo de Allende, Trujillo, Noriega, Hussein o prefieres un motivo nuevo?
La respuesta explicará el desvío de Chávez.
sábado, 14 de junio de 2008
Satanás manoseado por los Santos
Satanás interpuso una acción de tutela ante la Suprema Corte del Fraude. El diablo se quejó de los atropellos recibidos contra la libertad de repartir chismes, tarea estrictamente maléfica.
El demonio reclamó airado. No soportó que la vanagloria de la infidencia periodística sea el placer de Juan Manuel cuando a él le toca cargar el zancarrón putrefacto del criminal y su caterva de asesinos montaraces.
El ministro de los Santos adulteró el apellido. Le regaló la noticia “bomba” al medio que dirige el sobrino para que vendiera publicidad con revistas. La conducta marrullera evoca el poema Por eso, declamado por el Indio Duarte, cuando recitó: “…Que a los hombres como usted no los quiere ni el infierno…”.
El funcionario alborotó la gehena cuando soltó el dato de la muerte del achacoso animal de monte. Las sombras caídas se pusieron a gritar: “Exigimos ochos horas de tortura diaria, agua bendita para las bañeras de lava y aceite de aloe para las llagas eternas”. El motín de las Farc (Fulleros Atacados y Repelidos por el Culo) fue sofocado con pestilentes llamaradas. La plaga no pudo montar retenes en los pailones del inframundo.
El Maligno, en venganza contra el burócrata lambón, optó por subir hasta las placas tectónicas del generador de catástrofes morales y sacudirlas. El ángel caído intentó aniquilar el vientre que parió los pecados del abismo: Farsolandia.
La idea era acabar con el país de los delitos legales, pero me robaron el calendario, explicó Buziraco. “El 24 de mayo es el día de la Santísima Virgen en su advocación de María Auxiliadora. Ella los salvó del terremoto”, sentenció el Dueño del Mal.
Don Pateta ofreció mil perdones por el temblor, pero era necesario protestar contra el Gobierno de Uribe por la sobrecarga laboral.
El resto de la tarde la pasó azotando las jorobas y culpas de la horda zurda. Incluso redactó la carta de renuncia y la dejó en el buzón del Paraíso. La respuesta fue inmediata: “Mefistófeles usted escogió a Pedro Marín, alias Tirofijo, y no a san Pedro. El tiro le salió por la culata”.
La diligencia celeste se perdió porque con esa cáfila de bestias hediondas se santifica la maldad. La ralea de comunistas desteñidos se limpió el trasero con el Manual de la demonolatría, presentó una reforma constitucional al código 666 de la demonología y perjuró sobre el libreto de la demonomanía.
Además, Satán no le perdonó a los forajidos el haber envenado con sus salivas apestosas a Cancerbero. El fiel perro, de tres cabezas, murió maldiciendo a Chávez, Correa y Castro por apoyar a las Farc en sus tareas de antropología social selvática.
El problema grave para el estigio radicó en las hechiceras prepagadas. Hay docenas de diablesas preñadas y los tinieblos se volvieron acérrimos defensores de la vida en el demontre.
Lo infame de este repulsivo delito es que los perversos jueces Eaco, Radamante y Minos se niegan a juzgar a la maldición colombiana. Los machos cabríos consideran que la malicia nacional supera en conocimientos a sus argucias penales.
Sin embargo, la cosa se puso color de hades. Los insurgentes usaron las autopistas del erebo para evacuar sus fétidos meados y no faltó el canalla que escribió en las murallas averno con hache.
La justicia endiablada los condenó a trabajos forzados por cinco perpetuidades consecutivas. La apelación se fue a casación y el Padre de la Mentira enfermó de colombianistis aguda.
La respuesta de los invasores, ante la gabela judicial, fue la de dinamitar las represas del Leteo, el río del olvido. Al río Cocito, formado de lágrimas, lo contaminaron con sus risas de hienas y las orillas del río Estix lo dejaron sembrado con “sombreros chinos”.
Los condenados en el orco pensaron que las mentiras piadosas de Marulanda Vélez eran bienvenidas. La ira diabólica se desató contra los engendros del embuste. Los hijos de Caín fueron lavados con gasolina de paraco. Los quemaron a perpetuidad e individualmente porque los hijueputas volaron el oleoducto que abastecía a la capital del infierno, el Pandemonio.
El Señor de las Tinieblas por poco llama al Arcángel San Miguel para que lo ayudara a sancochar a los parricidas de Colombia.
Belcebú quiso destruir a Farsolandia y renunciar al tedioso oficio de juzgar a sus bastardos. Él se quejó porque no entendió el porqué violaron el Pacto del Caguán si era tan legal como una moneda de cuero de canguro.
Las consecuencias son extremas. La oscuridad tiene paramilitares que contrabandean parlamentarios y guerrilleros que ingieren a Marx con bóxer. Ellos tienen su bufete de abogados que redactan derechos de petición para el Tribunal Karmico. El objetivo es librarse de los expresidentes coprófagos que prometen un acuerdo de paz ajustado al orden democrático y legal del báratro.
En síntesis, Lucifer necesita afiliación a una EPS (Entidad Productora de Sapos) para evaluación siquiátrica porque los Santos le robaron la chiva.
El demonio reclamó airado. No soportó que la vanagloria de la infidencia periodística sea el placer de Juan Manuel cuando a él le toca cargar el zancarrón putrefacto del criminal y su caterva de asesinos montaraces.
El ministro de los Santos adulteró el apellido. Le regaló la noticia “bomba” al medio que dirige el sobrino para que vendiera publicidad con revistas. La conducta marrullera evoca el poema Por eso, declamado por el Indio Duarte, cuando recitó: “…Que a los hombres como usted no los quiere ni el infierno…”.
El funcionario alborotó la gehena cuando soltó el dato de la muerte del achacoso animal de monte. Las sombras caídas se pusieron a gritar: “Exigimos ochos horas de tortura diaria, agua bendita para las bañeras de lava y aceite de aloe para las llagas eternas”. El motín de las Farc (Fulleros Atacados y Repelidos por el Culo) fue sofocado con pestilentes llamaradas. La plaga no pudo montar retenes en los pailones del inframundo.
El Maligno, en venganza contra el burócrata lambón, optó por subir hasta las placas tectónicas del generador de catástrofes morales y sacudirlas. El ángel caído intentó aniquilar el vientre que parió los pecados del abismo: Farsolandia.
La idea era acabar con el país de los delitos legales, pero me robaron el calendario, explicó Buziraco. “El 24 de mayo es el día de la Santísima Virgen en su advocación de María Auxiliadora. Ella los salvó del terremoto”, sentenció el Dueño del Mal.
Don Pateta ofreció mil perdones por el temblor, pero era necesario protestar contra el Gobierno de Uribe por la sobrecarga laboral.
El resto de la tarde la pasó azotando las jorobas y culpas de la horda zurda. Incluso redactó la carta de renuncia y la dejó en el buzón del Paraíso. La respuesta fue inmediata: “Mefistófeles usted escogió a Pedro Marín, alias Tirofijo, y no a san Pedro. El tiro le salió por la culata”.
La diligencia celeste se perdió porque con esa cáfila de bestias hediondas se santifica la maldad. La ralea de comunistas desteñidos se limpió el trasero con el Manual de la demonolatría, presentó una reforma constitucional al código 666 de la demonología y perjuró sobre el libreto de la demonomanía.
Además, Satán no le perdonó a los forajidos el haber envenado con sus salivas apestosas a Cancerbero. El fiel perro, de tres cabezas, murió maldiciendo a Chávez, Correa y Castro por apoyar a las Farc en sus tareas de antropología social selvática.
El problema grave para el estigio radicó en las hechiceras prepagadas. Hay docenas de diablesas preñadas y los tinieblos se volvieron acérrimos defensores de la vida en el demontre.
Lo infame de este repulsivo delito es que los perversos jueces Eaco, Radamante y Minos se niegan a juzgar a la maldición colombiana. Los machos cabríos consideran que la malicia nacional supera en conocimientos a sus argucias penales.
Sin embargo, la cosa se puso color de hades. Los insurgentes usaron las autopistas del erebo para evacuar sus fétidos meados y no faltó el canalla que escribió en las murallas averno con hache.
La justicia endiablada los condenó a trabajos forzados por cinco perpetuidades consecutivas. La apelación se fue a casación y el Padre de la Mentira enfermó de colombianistis aguda.
La respuesta de los invasores, ante la gabela judicial, fue la de dinamitar las represas del Leteo, el río del olvido. Al río Cocito, formado de lágrimas, lo contaminaron con sus risas de hienas y las orillas del río Estix lo dejaron sembrado con “sombreros chinos”.
Los condenados en el orco pensaron que las mentiras piadosas de Marulanda Vélez eran bienvenidas. La ira diabólica se desató contra los engendros del embuste. Los hijos de Caín fueron lavados con gasolina de paraco. Los quemaron a perpetuidad e individualmente porque los hijueputas volaron el oleoducto que abastecía a la capital del infierno, el Pandemonio.
El Señor de las Tinieblas por poco llama al Arcángel San Miguel para que lo ayudara a sancochar a los parricidas de Colombia.
Belcebú quiso destruir a Farsolandia y renunciar al tedioso oficio de juzgar a sus bastardos. Él se quejó porque no entendió el porqué violaron el Pacto del Caguán si era tan legal como una moneda de cuero de canguro.
Las consecuencias son extremas. La oscuridad tiene paramilitares que contrabandean parlamentarios y guerrilleros que ingieren a Marx con bóxer. Ellos tienen su bufete de abogados que redactan derechos de petición para el Tribunal Karmico. El objetivo es librarse de los expresidentes coprófagos que prometen un acuerdo de paz ajustado al orden democrático y legal del báratro.
En síntesis, Lucifer necesita afiliación a una EPS (Entidad Productora de Sapos) para evaluación siquiátrica porque los Santos le robaron la chiva.
lunes, 19 de mayo de 2008
El siglo de las guerras
La desmembración a peinilla, patrimonio inmemorial colombiano, tuvo su época de luces negras. La Patria Boba y sus engendros escogieron el siglo XIX para experimentar con el crimen en forma de bochinche, revolución, independencia, conato, motín, atentado, secesión, constitución, sectarismo y alharaca de chichería.
La pregunta del paredón es: ¿Cuántas guerras civiles hubo en Colombia durante el siglo XIX? La respuesta exacta es que las cuentas no cuadran. Los ejemplos son contundentes.
Los historiadores Jorge Villegas y José Yunis escribieron en su libro La Guerra de los Mil Días: “…El siglo 19 en Colombia fue un permanente guerrear. Comenzó con los 14 años de guerra de independencia, que se prolongó hasta 1824 en la batalla de Ayacucho; durante el resto del siglo se dieron 8 guerras civiles generales, 14 guerras civiles locales, dos internacionales, y 3 golpes de cuartel; para rematar el convulsionado siglo en la guerra de los 1.000 días…”. Las guerras suman 26.
Eduardo Lemaitre en su obra Rafael Reyes citó: “…En los 73 años transcurridos desde 1830 hasta 1903, habían tenido lugar en Colombia nueve grandes guerras civiles, catorce guerras civiles locales, dos guerras internacionales y tres golpes de cuartel. Avaluadas por lo bajo, como lo hiciera en cierta ocasión don Jorge Holguín…”. Las guerras suman 25.
El oráculo del siglo XXI, la Internet, tiene otras cifras. La enciclopedia Wikipedia presenta dos tablas de contenidos: “Guerras civiles de Colombia en el siglo XIX”. La primera señala 10 guerras y la segunda 11. ¿Por qué será que en Farsolandia la suma de dos más dos es igual a cinco tercios y medio? La realidad histórica demuestra que las fechas y los sucesos sí coinciden con la tragedia.
Ahora, para desenredar el misterio vernáculo de las contiendas, es necesario fijar ciertos criterios que ayuden a esclarecer las cifras.
El Diccionario de la lengua española define guerra civil: “La que tienen entre sí los habitantes de un mismo pueblo o nación”.
En Colombia, el fenómeno bélico se dio de todas las formas y estilos. Ocurrieron guerras de semanas, meses, años y la que nunca existió. El 28 de julio de 1899, el presidente Manuel Sanclemente creó una guerra por decreto. Carlos Martínez Silva en la revista El repertorio colombiano, del 30 de agosto de 1899, escribió: “…Desde el 28 del pasado julio, nos hallamos oficialmente en estado de guerra en los departamentos de Cundinamarca y Santander. El gobierno lo ha decretado así, aunque la guerra no exista…”. Los bogotanos de antaño la llamaron la “Guerra Incruenta y Pacífica”. Las únicas batallas fueron de flores. (Farsolandia admitió que los heridos resultaron víctimas de las saetas de Cupido).
La tramoya no le quita a nuestros protogenocidas sus grandes aportes al desarrollo del conflicto nefasto, la carnicería degradada sobre el lomo labriego. La chispa guerrera la encendió la vanidad de los “chafarotes”, mediocres y arribistas. Los verdugos de la Patria asesinaron para lucrar sus vicios de rameras. Cualquier calentura, que les cupiera en la mollera de sus cuerpos desalmados, fue puesta en fase experimental en el laboratorio del delito.
Entonces, y de acuerdo con un esquema simple de ordenamiento de sucesos, intentaré resolver la incógnita. Evitaré, en lo posible, el comentario cáustico, pero no es una promesa formal. Para el cronista es un imperativo moral denunciar un tema que es absolutamente perpetuo e inmutable en Farsolandia, la mentira.
Suprimiré las citas bibliográficas. A cambio haré un brevísimo resumen sobre los hechos. Así podré dedicarme al supremo placer de pontificar, razón sublime de la cátedra.
1. La Primera Guerra Civil, 1812-1813.
La reyerta callejera de 1810, entre criollos y pulperos, sirvió para que el afónico grito de Independencia se convirtiera en un alegato de alevosos. Los hijos de la boba patria se dividieron en federalistas y centralistas. El presidente de las Provincias Unidas, Camilo Torres, y el presidente de Cundinamarca, Antonio Nariño, nunca se pusieron de acuerdo sobre el fin de la emancipación.
El 4 de octubre de 1812 se reunió el Congreso en Villa de Leyva. Los perjuros deciden hacerle la guerra a Cundinamarca. Después de la derrota de los federalistas, en la batalla de San Victorino (9 de enero de 1813), se firmó la paz y la unión contra el enemigo común, España.
2. La Primera Guerra de Independencia, 1813-1814.
La Campaña del Sur, liderada por Antonio Nariño, combatió por la causa independiente. Los pastusos, fervientes devotos de la monarquía española, lo derrotaron. Los patianos y pastusos sentían devoción fanática por el rey Fernando VII. Las memorias de un abanderado de José María Espinosa narran el fin de aquella intentona heroica.
3. La Segunda Guerra Civil, 1814-1815.
Federalistas contra centralistas. Bolívar se tomó a Santa Fe de Bogotá con la ayuda de los federalistas. Luego emprendió la Campaña de la Costa (1814-1815). Cartagena de Indias, bajo el control de Manuel del Castillo y Rada, le niega el apoyo a Bolívar. El futuro tirano le pone sitio durante mes y medio a La Heroica. Al llegar el Pacificador a Venezuela y, atacado por los realistas de Santa Marta, Simón Bolívar huye para salvar el pellejo. El gran estratega de la fuga se embarcó, el 9 de mayo de 1815, con rumbo a Jamaica.
- La Reconquista Española, 1815-1816.
La contraofensiva ibérica inició con el sitio de Cartagena por don Pablo Morillo. Lo imperdonable de este episodio, único y feliz, es que haya dejado escapar a Francisco de Paula Santander Omaña.
- El Régimen del Terror, 1816-1819.
Nombre que recibió el período impuesto a los traidores al Rey por el magnánimo Pablo Morillo, conde de Cartagena. Época sostenida por Juan Sámano. La Huerta de Jaime (¿Parque de los Mártires?) fue testigo del fusilamiento de una caterva de traidores que se autoproclamaron: “Altezas Serenísimas”.
4. La Segunda Guerra de Independencia, 1819-1824.
Los hechos bélicos los determinan la Campaña Libertadora y la posterior independencia de la Nueva Granada. La Gran Colombia ayudó a liberar al Perú y Bolivia (1822-1824).
5. La Guerra contra el Perú, 1828-1829.
Las relaciones entre Lima y Bogotá eran tensas por la existencia de cuarteles colombianos en Bolivia (Alto Perú). El general Agustín Gamarra, un peruano expansionista, quería anexarse Bolivia. Él montó cierta trifulca para sacar al mariscal Antonio José de Sucre del Gobierno. Bolívar le declaró la guerra al Perú por intervención armada en Bolivia.
En noviembre, la escuadra peruana bombardeó a Guayaquil (puerto de la Gran Colombia) y fue rechazada. Más tarde, el general La Mar invadió las provincias de Loja y Cuenca. Combates con Sucre y movimientos estratégicos. Y por fin, en la batalla del Portete de Tarqui (27 de febrero de 1829) los soldados colombianos, bajo el mando del Mariscal de Ayacucho, les propinaron a los peruanos una derrota en toda la línea. Fin de la pugna. Los límites entre los dos países se fijaron de acuerdo con la división política del Virreinato de la Nueva Granada en 1809. Lástima del lote.
6 La Guerra Civil de 1828.
El conflicto comenzó con los levantamientos en el Cauca de José María Obando y José Hilario López. Los felones proclaman la Constitución de Cúcuta (1821) y le declaran la guerra a Bolívar. El dúo de traidores anexó parte del territorio sur al Ecuador.
Obando derrotó en la batalla de La Ladera (noviembre de 1828) a Tomás C. Mosquera. El oficial batió un registro de velocidad por fuga en combate. El patrón abandonó las tropas y cruzó la cordillera central para ponerse a salvo.
El general José María Córdova restauró el orden en la provincia. Bolívar, para premiar a sus enemigos, expidió un indulto (enero de 1829) que luego fue ratificado por el Tratado de Juanambú, el 2 de marzo de 1829.
7. La Guerra Civil de 1829.
La sustenta la rebelión del general José María Córdova en la provincia de Antioquia contra la dictadura de Bolívar (septiembre-octubre de 1829). El héroe de Ayacucho, fue asesinado por el mercenario irlandés, Ruperto Hand, después de haberse rendido en la batalla del Santuario.
8. La Guerra Civil en Cundinamarca, 1830.
El choque lo inició la insurrección del batallón Callao. Combates en Zipaquirá y cerca de Santa Fe de Bogotá. Derrocamiento del presidente Joaquín Mosquera, agosto 27 de 1830. Después de la capitulación el poder quedó en manos de los revolucionarios.
9. La Guerra Civil de 1830-1831.
La dictadura del general Rafael Urdaneta, contra las huestes santanderistas, partidarias de la anarquía jurídica, no tuvo éxito. La pelea finalizó con el Convenio de las Juntas de Apulo, abril 28 de 1831.
10. La Guerra Civil en el istmo de Panamá, 1831.
La segunda separación del Istmo en siglo XIX (del 9 de julio al 29 de agosto de 1831) gestó el encuentro de armas. El general venezolano Juan Eligio Alzuru, apoyado por mercenarios, derrocó al general José Domingo Espinar y se convirtió en tirano. El déspota fue vencido en combate por Tomás Herrera y fusilado.
11. La Guerra Civil de 1839. (La Revolución de los Conventos. Mayo-agosto).
El Congreso de 1839, motivado por ciertos intereses oscuros, expidió un decreto por el cual se suprimían unos conventos de Pasto. Los recintos religiosos eran San Francisco, La Merced, Santo Domingo y San Agustín.
Los pastusos se amotinaron, derrotaron a las tropas oficiales y obligaron a capitular al gobernador. Los monarcas de la Sabana le mandaron a Pedro Alcántara Herrán que resultó vencido. Se firmó el Indulto de los Árboles, el 30 de junio de 1839.
La tregua se rompe y la matanza continúa. Dos meses después, en la batalla de Buesaco, Herrán impone la paz con las bayonetas oficiales.
12. La Guerra de los Supremos, 1840-1842.
Los gamonales decimonónicos luchan por el gran poder feudal.
En julio de 1840, después de que José María Obando decidiera someterse al Gobierno de José Ignacio de Márquez se enciende la revuelta. La obediencia tenía un fin. Obando sería juzgado por el asesinato del mariscal Antonio José de Sucre. Márquez violó el acuerdo de Los Árboles. El sindicado se fugó de la cárcel e inició un alzamiento para devolverle, según él, la libertad y la integridad a la Nueva Granada.
Obando se hizo llamar: “Supremo Director de la Guerra en Pasto, General en Jefe del Ejército Restaurador y Protector de la Religión del Crucificado”.
Ante la baladronada, los demás caudillos de macheteros no podían quedarse atrás. Ellos optaron por la misma payasada. Reyes Patria, en Tunja; Juan A. Gutiérrez, en Cartagena de Indias y Salvador Córdova en Antioquia, entre otros truhanes, se denominaron “Comandantes Supremos” de sus propias peonadas. De esa farsa sangrienta surgió el nombre de: “Guerra de los Supremos”.
El infortunio finalizó con el acuerdo de Sitio Nuevo entre Pedro A. Herrán y los Supremos de la Costa Norte.
13. La Guerra Civil de 1851.
La falsaria revolución económica y masónica del presidente José Hilario López ofendió a los conservadores. Ellos no querían entregar sus dominios ni popularizar sus costumbres, herencia colonial de los encomenderos.
El señor López, motivado por su eterna vocación de asno, se dejó montar del partido liberal (radicales). La bancada roja logró expedir la Ley de 15 de mayo de 1850 que destacó la pasión por el embrutecimiento formal: “…El grado o título científico no será necesario para ejercer profesiones científicas…”. “…Suprímese el grado de bachiller. Suprímense las universidades…”.
Ante la aberración académica, la guerra resultó un invaluable patrimonio cultural colombiano.
14. La Guerra Civil de 1854.
La Constitución de 1853 fue la disculpa para atizar los odios entre artesanos y cachacos. (Ruanas contra casacas). Barrio de la Catedral contra barrio de las Nieves.
El pueblo raso apoyaba al presidente José María Obando y su comandante de Ejército, José María Melo. Los artesanos de las Nieves no gustaron de la nueva Constitución por considerarla patrimonio de la gentes con monopolios, los gólgotas (liberales).
El 17 de abril de 1854, el general José María Melo depuso a José María Obando con el respaldo popular. Automáticamente, la oligarquía liberal y conservadora se unió para tumbar la dictadura del golpista. La guacherna no tiene derechos.
Mosquera y su yerno, Pedro Alcántara Herrán, apoyados por el dueño del Tolima Grande, José Hilario López, se juntaron en un delirio de asesinos. Fundieron sus ejércitos privados. La batalla final la ganaron los amos de la mentira. Bogotá, diciembre 4 de 1854. A los chusmeros vencidos los enviaron a Panamá para que se los tragara la malaria.
15. La Guerra Civil en el Estado Soberano de Santander, 1859.
Los coroneles conservadores Habacuc Franco y Juan José Márquez se levantan en armas contra el Gobierno del Estado de Santander. Pendencia del 2 de marzo al 4 de abril de 1859.
16. La Guerra Civil en el Estado Soberano de Bolívar, 1859.
Los liberales se rebelan contra el Gobierno de la Confederación. (26 de julio de 1859). Nombran al general Juan José Nieto jefe del ejército revolucionario. Él alistó contingentes que batieron, en varios encuentros, a las tropas oficiales.
17. La Guerra Civil en el Estado Soberano del Cauca, 1860.
El coronel José Carrillo por orden del presidente de la Confederación Granadina, Mariano Ospina Rodríguez, intentó derribar al intendente del Cauca, Tomás Cipriano Mosquera. El 26 de enero de 1860, Carillo le pone sitio a Cartago. Mosquera envió al general Pedro José Murgueitio que murió en combate. El 22 de febrero Carillo abandonó Cartago. El fin de la lucha abrió la siguiente fosa para sepultar la vida campesina.
18. La Guerra Civil de 1860-1863.
El presidente Mariano Ospina Rodríguez quería modificar la estructura administrativa de los Estados de la Confederación por medio de las armas. Se le opuso el partido liberal, defensor del federalismo. Ospina decretó borrar del escalafón militar a Mosquera y lo declaró subversivo y sedicioso (4 de abril de 1860). Tomás C. Mosquera respondió con la separación del Cauca de la Confederación Granadina (8 de mayo de 1860). Los conservadores perdieron el conflicto. La Constitución de Rionegro (1863) cambió el panorama político.
19. La Guerra contra el Ecuador, 1863.
Las fuerzas ecuatorianas, lideradas por Juan José Flórez, invaden el sur de Colombia. El fin del trágico sainete sucedió en la batalla de Cuaspud, Nariño (6 de diciembre de 1863). Al Tratado de Pinzaquí (nombre de la finca de Flórez) lo único que le faltó fue agradecerle a las tropas enemigas por el ataque. Lo firmó, el 30 de diciembre 1863, Tomás C. Mosquera.
20. La Guerra Civil en el Estado Soberano de Antioquia, 1864.
Pedro Justo Berrío encabezó un alzamiento conservador que destituyó del mando al radical Pascual Bravo. Los antioqueños no quisieron someterse a una autoridad que había perseguido a los conservadores que apoyaron el anterior régimen. No perdonaron, el destierro del obispo Domingo Antonio Riaño. La revuelta se armó en el sur y en el oriente del Estado. La guerra acabó con el dominio de Bravo. Berrío, el vencedor, fue aclamado como presidente. En abril de ese mismo año (1864) logró el reconocimiento del Gobierno Federal y mantuvo el Estado dentro de la Unión Colombiana.
21. La Guerra Civil en el Estado del Cauca y conatos de insurrección en Cundinamarca, Boyacá y Tolima, 1865.
Los conservadores se sublevaron contra el Gobierno de Estado del Cauca (19 de octubre de 1865). Las tropas estaban capitaneadas por el general Joaquín María Córdoba. Los alzados obtuvieron un triunfo a orillas del río Tuluá, el 23 de octubre y el 26 del mismo mes los derrotó el general Eliseo Payán en La Polonia.
El presidente de los Estados Unidos de Colombia, Manuel Murillo Toro, elevó el pie de fuerza del Ejército a 10.000 hombres para controlar la situación bélica en Cundinamarca.
El movimiento contra el presidente del Estado del Tolima, Clímaco Iriarte, fue sofocado en pocos días. La lidia no pasó a mayores males porque los jerarcas conservadores desautorizaron la ofensiva. Los generales godos como Espina, Diago, Posada Gutiérrez y Ucrós se pusieron a órdenes del Gobierno. El orden público se restableció en Cundinamarca el 30 de noviembre y el 6 de diciembre, en el Tolima. Antioquia apoyó a Murillo Toro y prohibió los sublevamientos en su territorio.
22. La Guerra Civil en el Estado Soberano del Tolima, 1867.
La alianza nacional, entre conservadores y radicales, para derrocar al presidente Tomás C. Mosquera se tradujo en una corta matanza civil. La recuperación del poder federal quedó en las manos de los godos.
23. La Guerra Civil en el Estado Soberano del Cauca, 1867.
El 16 de agosto se alteró el orden público en el cantón de Supía. Después, el levantamiento armado se realizó en Tumaco y Barbacoas. Como consecuencia se reclutaron fuerzas nacionales en el Tolima y se acantonaron tropas de la Guardia Colombiana en Manizales. Los mosqueristas temían una invasión al Cauca por parte de la Unión.
La razón del conflicto era las luchas entre las facciones liberales. Los cofrades del delito optaron por el diálogo entre puñales. Las espaldas las colocaron los labriegos.
El Gobierno del mosquerista Andrés Cerón (1869-1871) reprimió militarmente a los insurgentes de su jurisdicción. Cumplida la degollina llamó a indulto general por medio de los decretos del 17 de septiembre y 18 de octubre de 1867.
24. La Guerra Civil en el Estado Soberano de Boyacá, 1871.
Los draconianos se levantaron en armas contra el presidente del Estado de Boyacá, Felipe Pérez. Hubo combates en Soracá y Paipa. El mandatario, vencido en Soracá, acudió a las leguleyadas. El funcionario convocó a la Asamblea Legislativa a sesiones extraordinarias, y solicitó del Poder Ejecutivo Federal: “El cumplimiento o efectividad del artículo 22 del pacto federal”. Este declaraba inmunes a los miembros de las legislaturas de los Estados por el tiempo que su respectiva Constitución determinase. El mensaje, con fecha 4 de febrero de 1871, está publicado en el número 1.212 del Diario oficial.
25. La Guerra Civil de 1875.
Los Estados Soberanos de Bolívar, Panamá y Magdalena se sublevan contra el Gobierno de la Unión. En agosto, los Estados de Panamá y Bolívar habían declarado oficialmente el inicio de hostilidades contra la Administración del presidente Santiago Pérez.
26. La Guerra Civil en el Estado Soberano del Cauca, 1876.
El motor de la trifulca es la campaña electoral de 1875-76. El presidente Pérez (radical) impedía las elecciones en contra de los liberales independientes. La respuesta generó un movimiento revolucionario en el Estado del Cauca contra el mandato de César Conto. Francisco Mosquera y sus guerrillas atacaban a las huestes liberales del radicalismo. Conto no podía pedir ayuda al Ejecutivo Nacional porque no había agresión externa. Los Estados conservadores definieron el asunto. Tolima y Antioquia invadieron el norte del Cauca. Sergio Arboleda se declaró presidente del Estado y Supremo Director de la Guerra (julio de 1876).
27. La Guerra Civil de 1876-1877.
El Gobierno liberal de Aquileo Parra (radical) declaró turbado el orden público general (16 de agosto de 1876) porque entendió que la invasión al Cauca no tenía por misión destronar a Conto. El objetivo era atacar al liberalismo. Las fuerzas conservadoras fueron vencidas en la batalla de los Chancos por el general Julián Trujillo (31 de agosto de 1876). Los derrotados se retiraron a Manizales para seguir en la lucha con nuevos refuerzos. Los godos perdieron el conflicto (5 de abril de 1877), pero ganarían el poder en 1880.
La revancha se hizo a lo colombiano. Jerarcas del Estado Vaticano y políticos nacionales se aliaron con un ateo, liberal, adúltero, envenenador, perjuro y bígamo llamado Rafael Núñez para aniquilar al Olimpo Radical (liberales y masones).
28. La Guerra Civil en el Estado Soberano del Cauca, 1879.
En el Estado Soberano del Cauca, los liberales independientes se arman y atacan a los liberales radicales. Las muertes comenzaron en marzo durante el proceso electoral. Los sitios afectados fueron Popayán y Quindío, entre otros lugares. Los seguidores del señor Ezequiel Hurtado (hurtadistas) no participaron en las elecciones del 2 y 9 de marzo de 1879.
La siguiente fase de ese período se conoce como la Revolución del 21 de Abril. La masacre se generalizó con la ayuda de los caudillos locales pertenecientes al Partido Independiente. Ellos se denominaron Jefes Civiles y Militares. Eliseo Payán, el día 22, se denominó Jefe Civil y Militar del Cauca. Los liberales independientes toman a Cali y ganan la partida. Se expidió decreto de amnistía para aquellos que reconocieran el nuevo Gobierno (decreto 28 de 1879).
29. La Guerra Civil entre los Estados Soberanos de Bolívar y Magdalena, 1879.
José María Ocampo Serrano y las tropas del Estado de Bolívar invadieron el vecino Estado del Magdalena (27 de mayo). Los combates se dieron cerca de la Cienaga. Los agresores ocupan Santa Marta y derrotan a los radicales.
30. La Guerra Civil en el Estado Soberano de Antioquia, 1880.
Los conservadores perdieron el poder en Antioquia después de la guerra de 1876. El mando regional quedó en manos de un liberal radical, el general caucano Tomás Rengifo. El oficial reemplazó al presidente titular, el general Julián Trujillo. Trujillo se marchó para ejercer la presidencia de los Estados Unidos de Colombia (1878). Los liberales antioqueños no querían a los liberales del Cauca, sus aliados.
En enero de 1880 Tomás Rengifo, presionado por los liberales antioqueños, se retiró del mando y dejó encargado a Pedro Restrepo Uribe, un comerciante de su entera confianza. Contra él se rebeló el escritor Jorge Isaacs apoyado por Ricardo Gaitán Obeso y otros militares foráneos.
Don Jorge se declaró Jefe Civil y Militar (28 de enero) y el primero de febrero, presidente provisional del Estado de Antioquia. No contento con aplastar a sus opositores arrestó al presidente Restrepo Uribe. El Gobierno de la Unión (Julián Trujillo) envió tropas para defender al gobernante depuesto. Isaacs se sometió y firmó, el 7 de marzo, un acuerdo de paz con Pedro Restrepo Uribe. La maniobra de Trujillo aseguró el voto de Antioquia para Núñez en el siguiente período presidencial (1880-1882).
31. La Guerra Civil en el Estado Soberano de Santander, 1884.
El 17 de agosto, el jefe liberal Ceferino Navas se declaró en abierta rebelión contra el presidente del Estado de Santander. El 10 de septiembre de 1884 se ratificaron los acuerdos de paz.
El Gobierno central por medio del decreto 1052 del 18 de diciembre de 1884 declaró perturbado el orden federal en los Estados de Santander, Boyacá, Cundinamarca, Magdalena y las provincias de Bolívar, situadas en la orilla del río Magdalena.
El 26 de diciembre de 1884, el presidente del Estado de Boyacá, Pedro José Sarmiento, informó al ejecutivo sobre la tregua: “… Estados Unidos de Colombia -Presidencia del Estado de Boyacá- número 196. Al ciudadano Presidente de la República: Tunja, diciembre 26 de 1884. Excelentísimo señor: “…Con la mira de salvar la paz nacional, de conservar la legitimidad -amenazada por la guerra- y las instituciones mismas, sin derramamiento de sangre, se celebró una exponsión entre los jefes de las fuerzas nacionales y las de la revolución, con intervención mía...”.
32. La Guerra Civil de 1885
“…El general Vargas Santos tuvo de conocimiento el primero ó 2 de enero de la violenta ruptura de la exponsión”, escribió Foción Soto en su libro Memorias sobre el movimiento de resistencia a la dictadura de Rafael Núñez 1884-1885. Las tropas nacionales invaden el Estado de Boyacá.
Los revolucionarios radicales se levantan contra la gestión del “Filósofo del Cabrero”. Los liberales son derrotados en la batalla de la Humareda. La Constitución de 1886 acabó con el Olimpo Radical.
33. La Guerra Civil de 1895.
El partido liberal patrocinó un movimiento armado para apoderase del presidente (22 de enero). En Facatativá se levantaron algunas partidas armadas. El 23 de enero se declaró turbado el orden público en los departamentos de Santander, Tolima, Boyacá y Cundinamarca. La providencia se extendió a toda la República el día 24 y la desgracia comenzó. (Liberales contra el sistema conservador). El 9 de noviembre de 1895, el decreto número 499 levantó el Estado de Sitio de la República. Se dieron indultos y excepciones. Fin de la furrusca.
Rafael Reyes, el Vencedor de Imposibles, a paso de huracán salvó a la República del motín liberal. Narrada así como suena de bonita la historia nacional, ¿no?, mi querido lector.
34. La Guerra “Incruenta y Pacífica” de 1899.
Según la revista El repertorio colombiano no produjo muertes, pero sí incontables pérdidas económicas.
35. La Guerra de los Mil Días, 1899-1902.
El 17 de octubre de 1899, en Santander, Paulo E. Villar y Juan Francisco Gómez iniciaron la revolución liberal contra el dominio conservador. La lucha duró 1.128 días. La contienda finalizó con “la derrota de Colombia”, tres tratados y de ñapa se perdió Panamá.
1. Tratado de Neerlandia. (Finca bananera ubicada entre y Cienaga y Aracataca, Departamento del Magdalena). Firmado el 24 de octubre de 1902.
2. Tratado de Wisconsin. (Acorazado estadounidense). Firmado en Panamá el 21 de noviembre de 1902.
3. Tratado de Chinácota. (Norte de Santander). Firmado el 21 de noviembre de 1902.
Los golpes de Estado. (Subieron de tres a seis).
1. El 17 de abril de 1854. El general José María Melo derrocó al presidente José María Obando.
2. El 29 de abril de 1867. El presidente Tomás Cipriano Mosquera declaró disuelto el Congreso y asumió como dictador.
3. El 23 de mayo de 1867. Santiago Pérez y sus áulicos tumbaron la dictadura de Mosquera. Asume la presidencia Santos Acosta.
4. El 9 de octubre de 1868. El gobernador del Estado Soberano de Cundinamarca, Ignacio Gutiérrez Vergara, disolvió la Asamblea Legislativa de Cundinamarca y militarizó la capital.
5. El 10 de octubre de 1868. El presidente de la Unión, general Santos Gutiérrez, depuso a Ignacio Gutiérrez de la Gobernación de Cundinamarca.
6. El 31 de julio de 1900. El vicepresidente José Manuel Marroquín le dio un golpe de Estado al presidente Manuel Antonio Sanclemente.
Los conflictos, incluidos las internacionales, son 34. Tuvieron ocurrencia entre 1812 y 1899. El promedio es macabro. En un lapso de 87 años se produjo una refriega cada 2,55 años. (No se contabilizó la decretada “guerra pacífica de 1899”).
En síntesis, el resumen suma y demuestra que las cuentas eran bien diferentes. El abuso de los perjurios banderizos es causa de mil olvidos patrocinados por los encargados de maquillar los sofismas. Los sepultureros de la Historia viven de homenajear estatuas. Oficio en que los acólitos de la trapisonda adulteran la verdad para ofrendarla a sus ídolos.
La pregunta del paredón es: ¿Cuántas guerras civiles hubo en Colombia durante el siglo XIX? La respuesta exacta es que las cuentas no cuadran. Los ejemplos son contundentes.
Los historiadores Jorge Villegas y José Yunis escribieron en su libro La Guerra de los Mil Días: “…El siglo 19 en Colombia fue un permanente guerrear. Comenzó con los 14 años de guerra de independencia, que se prolongó hasta 1824 en la batalla de Ayacucho; durante el resto del siglo se dieron 8 guerras civiles generales, 14 guerras civiles locales, dos internacionales, y 3 golpes de cuartel; para rematar el convulsionado siglo en la guerra de los 1.000 días…”. Las guerras suman 26.
Eduardo Lemaitre en su obra Rafael Reyes citó: “…En los 73 años transcurridos desde 1830 hasta 1903, habían tenido lugar en Colombia nueve grandes guerras civiles, catorce guerras civiles locales, dos guerras internacionales y tres golpes de cuartel. Avaluadas por lo bajo, como lo hiciera en cierta ocasión don Jorge Holguín…”. Las guerras suman 25.
El oráculo del siglo XXI, la Internet, tiene otras cifras. La enciclopedia Wikipedia presenta dos tablas de contenidos: “Guerras civiles de Colombia en el siglo XIX”. La primera señala 10 guerras y la segunda 11. ¿Por qué será que en Farsolandia la suma de dos más dos es igual a cinco tercios y medio? La realidad histórica demuestra que las fechas y los sucesos sí coinciden con la tragedia.
Ahora, para desenredar el misterio vernáculo de las contiendas, es necesario fijar ciertos criterios que ayuden a esclarecer las cifras.
El Diccionario de la lengua española define guerra civil: “La que tienen entre sí los habitantes de un mismo pueblo o nación”.
En Colombia, el fenómeno bélico se dio de todas las formas y estilos. Ocurrieron guerras de semanas, meses, años y la que nunca existió. El 28 de julio de 1899, el presidente Manuel Sanclemente creó una guerra por decreto. Carlos Martínez Silva en la revista El repertorio colombiano, del 30 de agosto de 1899, escribió: “…Desde el 28 del pasado julio, nos hallamos oficialmente en estado de guerra en los departamentos de Cundinamarca y Santander. El gobierno lo ha decretado así, aunque la guerra no exista…”. Los bogotanos de antaño la llamaron la “Guerra Incruenta y Pacífica”. Las únicas batallas fueron de flores. (Farsolandia admitió que los heridos resultaron víctimas de las saetas de Cupido).
La tramoya no le quita a nuestros protogenocidas sus grandes aportes al desarrollo del conflicto nefasto, la carnicería degradada sobre el lomo labriego. La chispa guerrera la encendió la vanidad de los “chafarotes”, mediocres y arribistas. Los verdugos de la Patria asesinaron para lucrar sus vicios de rameras. Cualquier calentura, que les cupiera en la mollera de sus cuerpos desalmados, fue puesta en fase experimental en el laboratorio del delito.
Entonces, y de acuerdo con un esquema simple de ordenamiento de sucesos, intentaré resolver la incógnita. Evitaré, en lo posible, el comentario cáustico, pero no es una promesa formal. Para el cronista es un imperativo moral denunciar un tema que es absolutamente perpetuo e inmutable en Farsolandia, la mentira.
Suprimiré las citas bibliográficas. A cambio haré un brevísimo resumen sobre los hechos. Así podré dedicarme al supremo placer de pontificar, razón sublime de la cátedra.
1. La Primera Guerra Civil, 1812-1813.
La reyerta callejera de 1810, entre criollos y pulperos, sirvió para que el afónico grito de Independencia se convirtiera en un alegato de alevosos. Los hijos de la boba patria se dividieron en federalistas y centralistas. El presidente de las Provincias Unidas, Camilo Torres, y el presidente de Cundinamarca, Antonio Nariño, nunca se pusieron de acuerdo sobre el fin de la emancipación.
El 4 de octubre de 1812 se reunió el Congreso en Villa de Leyva. Los perjuros deciden hacerle la guerra a Cundinamarca. Después de la derrota de los federalistas, en la batalla de San Victorino (9 de enero de 1813), se firmó la paz y la unión contra el enemigo común, España.
2. La Primera Guerra de Independencia, 1813-1814.
La Campaña del Sur, liderada por Antonio Nariño, combatió por la causa independiente. Los pastusos, fervientes devotos de la monarquía española, lo derrotaron. Los patianos y pastusos sentían devoción fanática por el rey Fernando VII. Las memorias de un abanderado de José María Espinosa narran el fin de aquella intentona heroica.
3. La Segunda Guerra Civil, 1814-1815.
Federalistas contra centralistas. Bolívar se tomó a Santa Fe de Bogotá con la ayuda de los federalistas. Luego emprendió la Campaña de la Costa (1814-1815). Cartagena de Indias, bajo el control de Manuel del Castillo y Rada, le niega el apoyo a Bolívar. El futuro tirano le pone sitio durante mes y medio a La Heroica. Al llegar el Pacificador a Venezuela y, atacado por los realistas de Santa Marta, Simón Bolívar huye para salvar el pellejo. El gran estratega de la fuga se embarcó, el 9 de mayo de 1815, con rumbo a Jamaica.
- La Reconquista Española, 1815-1816.
La contraofensiva ibérica inició con el sitio de Cartagena por don Pablo Morillo. Lo imperdonable de este episodio, único y feliz, es que haya dejado escapar a Francisco de Paula Santander Omaña.
- El Régimen del Terror, 1816-1819.
Nombre que recibió el período impuesto a los traidores al Rey por el magnánimo Pablo Morillo, conde de Cartagena. Época sostenida por Juan Sámano. La Huerta de Jaime (¿Parque de los Mártires?) fue testigo del fusilamiento de una caterva de traidores que se autoproclamaron: “Altezas Serenísimas”.
4. La Segunda Guerra de Independencia, 1819-1824.
Los hechos bélicos los determinan la Campaña Libertadora y la posterior independencia de la Nueva Granada. La Gran Colombia ayudó a liberar al Perú y Bolivia (1822-1824).
5. La Guerra contra el Perú, 1828-1829.
Las relaciones entre Lima y Bogotá eran tensas por la existencia de cuarteles colombianos en Bolivia (Alto Perú). El general Agustín Gamarra, un peruano expansionista, quería anexarse Bolivia. Él montó cierta trifulca para sacar al mariscal Antonio José de Sucre del Gobierno. Bolívar le declaró la guerra al Perú por intervención armada en Bolivia.
En noviembre, la escuadra peruana bombardeó a Guayaquil (puerto de la Gran Colombia) y fue rechazada. Más tarde, el general La Mar invadió las provincias de Loja y Cuenca. Combates con Sucre y movimientos estratégicos. Y por fin, en la batalla del Portete de Tarqui (27 de febrero de 1829) los soldados colombianos, bajo el mando del Mariscal de Ayacucho, les propinaron a los peruanos una derrota en toda la línea. Fin de la pugna. Los límites entre los dos países se fijaron de acuerdo con la división política del Virreinato de la Nueva Granada en 1809. Lástima del lote.
6 La Guerra Civil de 1828.
El conflicto comenzó con los levantamientos en el Cauca de José María Obando y José Hilario López. Los felones proclaman la Constitución de Cúcuta (1821) y le declaran la guerra a Bolívar. El dúo de traidores anexó parte del territorio sur al Ecuador.
Obando derrotó en la batalla de La Ladera (noviembre de 1828) a Tomás C. Mosquera. El oficial batió un registro de velocidad por fuga en combate. El patrón abandonó las tropas y cruzó la cordillera central para ponerse a salvo.
El general José María Córdova restauró el orden en la provincia. Bolívar, para premiar a sus enemigos, expidió un indulto (enero de 1829) que luego fue ratificado por el Tratado de Juanambú, el 2 de marzo de 1829.
7. La Guerra Civil de 1829.
La sustenta la rebelión del general José María Córdova en la provincia de Antioquia contra la dictadura de Bolívar (septiembre-octubre de 1829). El héroe de Ayacucho, fue asesinado por el mercenario irlandés, Ruperto Hand, después de haberse rendido en la batalla del Santuario.
8. La Guerra Civil en Cundinamarca, 1830.
El choque lo inició la insurrección del batallón Callao. Combates en Zipaquirá y cerca de Santa Fe de Bogotá. Derrocamiento del presidente Joaquín Mosquera, agosto 27 de 1830. Después de la capitulación el poder quedó en manos de los revolucionarios.
9. La Guerra Civil de 1830-1831.
La dictadura del general Rafael Urdaneta, contra las huestes santanderistas, partidarias de la anarquía jurídica, no tuvo éxito. La pelea finalizó con el Convenio de las Juntas de Apulo, abril 28 de 1831.
10. La Guerra Civil en el istmo de Panamá, 1831.
La segunda separación del Istmo en siglo XIX (del 9 de julio al 29 de agosto de 1831) gestó el encuentro de armas. El general venezolano Juan Eligio Alzuru, apoyado por mercenarios, derrocó al general José Domingo Espinar y se convirtió en tirano. El déspota fue vencido en combate por Tomás Herrera y fusilado.
11. La Guerra Civil de 1839. (La Revolución de los Conventos. Mayo-agosto).
El Congreso de 1839, motivado por ciertos intereses oscuros, expidió un decreto por el cual se suprimían unos conventos de Pasto. Los recintos religiosos eran San Francisco, La Merced, Santo Domingo y San Agustín.
Los pastusos se amotinaron, derrotaron a las tropas oficiales y obligaron a capitular al gobernador. Los monarcas de la Sabana le mandaron a Pedro Alcántara Herrán que resultó vencido. Se firmó el Indulto de los Árboles, el 30 de junio de 1839.
La tregua se rompe y la matanza continúa. Dos meses después, en la batalla de Buesaco, Herrán impone la paz con las bayonetas oficiales.
12. La Guerra de los Supremos, 1840-1842.
Los gamonales decimonónicos luchan por el gran poder feudal.
En julio de 1840, después de que José María Obando decidiera someterse al Gobierno de José Ignacio de Márquez se enciende la revuelta. La obediencia tenía un fin. Obando sería juzgado por el asesinato del mariscal Antonio José de Sucre. Márquez violó el acuerdo de Los Árboles. El sindicado se fugó de la cárcel e inició un alzamiento para devolverle, según él, la libertad y la integridad a la Nueva Granada.
Obando se hizo llamar: “Supremo Director de la Guerra en Pasto, General en Jefe del Ejército Restaurador y Protector de la Religión del Crucificado”.
Ante la baladronada, los demás caudillos de macheteros no podían quedarse atrás. Ellos optaron por la misma payasada. Reyes Patria, en Tunja; Juan A. Gutiérrez, en Cartagena de Indias y Salvador Córdova en Antioquia, entre otros truhanes, se denominaron “Comandantes Supremos” de sus propias peonadas. De esa farsa sangrienta surgió el nombre de: “Guerra de los Supremos”.
El infortunio finalizó con el acuerdo de Sitio Nuevo entre Pedro A. Herrán y los Supremos de la Costa Norte.
13. La Guerra Civil de 1851.
La falsaria revolución económica y masónica del presidente José Hilario López ofendió a los conservadores. Ellos no querían entregar sus dominios ni popularizar sus costumbres, herencia colonial de los encomenderos.
El señor López, motivado por su eterna vocación de asno, se dejó montar del partido liberal (radicales). La bancada roja logró expedir la Ley de 15 de mayo de 1850 que destacó la pasión por el embrutecimiento formal: “…El grado o título científico no será necesario para ejercer profesiones científicas…”. “…Suprímese el grado de bachiller. Suprímense las universidades…”.
Ante la aberración académica, la guerra resultó un invaluable patrimonio cultural colombiano.
14. La Guerra Civil de 1854.
La Constitución de 1853 fue la disculpa para atizar los odios entre artesanos y cachacos. (Ruanas contra casacas). Barrio de la Catedral contra barrio de las Nieves.
El pueblo raso apoyaba al presidente José María Obando y su comandante de Ejército, José María Melo. Los artesanos de las Nieves no gustaron de la nueva Constitución por considerarla patrimonio de la gentes con monopolios, los gólgotas (liberales).
El 17 de abril de 1854, el general José María Melo depuso a José María Obando con el respaldo popular. Automáticamente, la oligarquía liberal y conservadora se unió para tumbar la dictadura del golpista. La guacherna no tiene derechos.
Mosquera y su yerno, Pedro Alcántara Herrán, apoyados por el dueño del Tolima Grande, José Hilario López, se juntaron en un delirio de asesinos. Fundieron sus ejércitos privados. La batalla final la ganaron los amos de la mentira. Bogotá, diciembre 4 de 1854. A los chusmeros vencidos los enviaron a Panamá para que se los tragara la malaria.
15. La Guerra Civil en el Estado Soberano de Santander, 1859.
Los coroneles conservadores Habacuc Franco y Juan José Márquez se levantan en armas contra el Gobierno del Estado de Santander. Pendencia del 2 de marzo al 4 de abril de 1859.
16. La Guerra Civil en el Estado Soberano de Bolívar, 1859.
Los liberales se rebelan contra el Gobierno de la Confederación. (26 de julio de 1859). Nombran al general Juan José Nieto jefe del ejército revolucionario. Él alistó contingentes que batieron, en varios encuentros, a las tropas oficiales.
17. La Guerra Civil en el Estado Soberano del Cauca, 1860.
El coronel José Carrillo por orden del presidente de la Confederación Granadina, Mariano Ospina Rodríguez, intentó derribar al intendente del Cauca, Tomás Cipriano Mosquera. El 26 de enero de 1860, Carillo le pone sitio a Cartago. Mosquera envió al general Pedro José Murgueitio que murió en combate. El 22 de febrero Carillo abandonó Cartago. El fin de la lucha abrió la siguiente fosa para sepultar la vida campesina.
18. La Guerra Civil de 1860-1863.
El presidente Mariano Ospina Rodríguez quería modificar la estructura administrativa de los Estados de la Confederación por medio de las armas. Se le opuso el partido liberal, defensor del federalismo. Ospina decretó borrar del escalafón militar a Mosquera y lo declaró subversivo y sedicioso (4 de abril de 1860). Tomás C. Mosquera respondió con la separación del Cauca de la Confederación Granadina (8 de mayo de 1860). Los conservadores perdieron el conflicto. La Constitución de Rionegro (1863) cambió el panorama político.
19. La Guerra contra el Ecuador, 1863.
Las fuerzas ecuatorianas, lideradas por Juan José Flórez, invaden el sur de Colombia. El fin del trágico sainete sucedió en la batalla de Cuaspud, Nariño (6 de diciembre de 1863). Al Tratado de Pinzaquí (nombre de la finca de Flórez) lo único que le faltó fue agradecerle a las tropas enemigas por el ataque. Lo firmó, el 30 de diciembre 1863, Tomás C. Mosquera.
20. La Guerra Civil en el Estado Soberano de Antioquia, 1864.
Pedro Justo Berrío encabezó un alzamiento conservador que destituyó del mando al radical Pascual Bravo. Los antioqueños no quisieron someterse a una autoridad que había perseguido a los conservadores que apoyaron el anterior régimen. No perdonaron, el destierro del obispo Domingo Antonio Riaño. La revuelta se armó en el sur y en el oriente del Estado. La guerra acabó con el dominio de Bravo. Berrío, el vencedor, fue aclamado como presidente. En abril de ese mismo año (1864) logró el reconocimiento del Gobierno Federal y mantuvo el Estado dentro de la Unión Colombiana.
21. La Guerra Civil en el Estado del Cauca y conatos de insurrección en Cundinamarca, Boyacá y Tolima, 1865.
Los conservadores se sublevaron contra el Gobierno de Estado del Cauca (19 de octubre de 1865). Las tropas estaban capitaneadas por el general Joaquín María Córdoba. Los alzados obtuvieron un triunfo a orillas del río Tuluá, el 23 de octubre y el 26 del mismo mes los derrotó el general Eliseo Payán en La Polonia.
El presidente de los Estados Unidos de Colombia, Manuel Murillo Toro, elevó el pie de fuerza del Ejército a 10.000 hombres para controlar la situación bélica en Cundinamarca.
El movimiento contra el presidente del Estado del Tolima, Clímaco Iriarte, fue sofocado en pocos días. La lidia no pasó a mayores males porque los jerarcas conservadores desautorizaron la ofensiva. Los generales godos como Espina, Diago, Posada Gutiérrez y Ucrós se pusieron a órdenes del Gobierno. El orden público se restableció en Cundinamarca el 30 de noviembre y el 6 de diciembre, en el Tolima. Antioquia apoyó a Murillo Toro y prohibió los sublevamientos en su territorio.
22. La Guerra Civil en el Estado Soberano del Tolima, 1867.
La alianza nacional, entre conservadores y radicales, para derrocar al presidente Tomás C. Mosquera se tradujo en una corta matanza civil. La recuperación del poder federal quedó en las manos de los godos.
23. La Guerra Civil en el Estado Soberano del Cauca, 1867.
El 16 de agosto se alteró el orden público en el cantón de Supía. Después, el levantamiento armado se realizó en Tumaco y Barbacoas. Como consecuencia se reclutaron fuerzas nacionales en el Tolima y se acantonaron tropas de la Guardia Colombiana en Manizales. Los mosqueristas temían una invasión al Cauca por parte de la Unión.
La razón del conflicto era las luchas entre las facciones liberales. Los cofrades del delito optaron por el diálogo entre puñales. Las espaldas las colocaron los labriegos.
El Gobierno del mosquerista Andrés Cerón (1869-1871) reprimió militarmente a los insurgentes de su jurisdicción. Cumplida la degollina llamó a indulto general por medio de los decretos del 17 de septiembre y 18 de octubre de 1867.
24. La Guerra Civil en el Estado Soberano de Boyacá, 1871.
Los draconianos se levantaron en armas contra el presidente del Estado de Boyacá, Felipe Pérez. Hubo combates en Soracá y Paipa. El mandatario, vencido en Soracá, acudió a las leguleyadas. El funcionario convocó a la Asamblea Legislativa a sesiones extraordinarias, y solicitó del Poder Ejecutivo Federal: “El cumplimiento o efectividad del artículo 22 del pacto federal”. Este declaraba inmunes a los miembros de las legislaturas de los Estados por el tiempo que su respectiva Constitución determinase. El mensaje, con fecha 4 de febrero de 1871, está publicado en el número 1.212 del Diario oficial.
25. La Guerra Civil de 1875.
Los Estados Soberanos de Bolívar, Panamá y Magdalena se sublevan contra el Gobierno de la Unión. En agosto, los Estados de Panamá y Bolívar habían declarado oficialmente el inicio de hostilidades contra la Administración del presidente Santiago Pérez.
26. La Guerra Civil en el Estado Soberano del Cauca, 1876.
El motor de la trifulca es la campaña electoral de 1875-76. El presidente Pérez (radical) impedía las elecciones en contra de los liberales independientes. La respuesta generó un movimiento revolucionario en el Estado del Cauca contra el mandato de César Conto. Francisco Mosquera y sus guerrillas atacaban a las huestes liberales del radicalismo. Conto no podía pedir ayuda al Ejecutivo Nacional porque no había agresión externa. Los Estados conservadores definieron el asunto. Tolima y Antioquia invadieron el norte del Cauca. Sergio Arboleda se declaró presidente del Estado y Supremo Director de la Guerra (julio de 1876).
27. La Guerra Civil de 1876-1877.
El Gobierno liberal de Aquileo Parra (radical) declaró turbado el orden público general (16 de agosto de 1876) porque entendió que la invasión al Cauca no tenía por misión destronar a Conto. El objetivo era atacar al liberalismo. Las fuerzas conservadoras fueron vencidas en la batalla de los Chancos por el general Julián Trujillo (31 de agosto de 1876). Los derrotados se retiraron a Manizales para seguir en la lucha con nuevos refuerzos. Los godos perdieron el conflicto (5 de abril de 1877), pero ganarían el poder en 1880.
La revancha se hizo a lo colombiano. Jerarcas del Estado Vaticano y políticos nacionales se aliaron con un ateo, liberal, adúltero, envenenador, perjuro y bígamo llamado Rafael Núñez para aniquilar al Olimpo Radical (liberales y masones).
28. La Guerra Civil en el Estado Soberano del Cauca, 1879.
En el Estado Soberano del Cauca, los liberales independientes se arman y atacan a los liberales radicales. Las muertes comenzaron en marzo durante el proceso electoral. Los sitios afectados fueron Popayán y Quindío, entre otros lugares. Los seguidores del señor Ezequiel Hurtado (hurtadistas) no participaron en las elecciones del 2 y 9 de marzo de 1879.
La siguiente fase de ese período se conoce como la Revolución del 21 de Abril. La masacre se generalizó con la ayuda de los caudillos locales pertenecientes al Partido Independiente. Ellos se denominaron Jefes Civiles y Militares. Eliseo Payán, el día 22, se denominó Jefe Civil y Militar del Cauca. Los liberales independientes toman a Cali y ganan la partida. Se expidió decreto de amnistía para aquellos que reconocieran el nuevo Gobierno (decreto 28 de 1879).
29. La Guerra Civil entre los Estados Soberanos de Bolívar y Magdalena, 1879.
José María Ocampo Serrano y las tropas del Estado de Bolívar invadieron el vecino Estado del Magdalena (27 de mayo). Los combates se dieron cerca de la Cienaga. Los agresores ocupan Santa Marta y derrotan a los radicales.
30. La Guerra Civil en el Estado Soberano de Antioquia, 1880.
Los conservadores perdieron el poder en Antioquia después de la guerra de 1876. El mando regional quedó en manos de un liberal radical, el general caucano Tomás Rengifo. El oficial reemplazó al presidente titular, el general Julián Trujillo. Trujillo se marchó para ejercer la presidencia de los Estados Unidos de Colombia (1878). Los liberales antioqueños no querían a los liberales del Cauca, sus aliados.
En enero de 1880 Tomás Rengifo, presionado por los liberales antioqueños, se retiró del mando y dejó encargado a Pedro Restrepo Uribe, un comerciante de su entera confianza. Contra él se rebeló el escritor Jorge Isaacs apoyado por Ricardo Gaitán Obeso y otros militares foráneos.
Don Jorge se declaró Jefe Civil y Militar (28 de enero) y el primero de febrero, presidente provisional del Estado de Antioquia. No contento con aplastar a sus opositores arrestó al presidente Restrepo Uribe. El Gobierno de la Unión (Julián Trujillo) envió tropas para defender al gobernante depuesto. Isaacs se sometió y firmó, el 7 de marzo, un acuerdo de paz con Pedro Restrepo Uribe. La maniobra de Trujillo aseguró el voto de Antioquia para Núñez en el siguiente período presidencial (1880-1882).
31. La Guerra Civil en el Estado Soberano de Santander, 1884.
El 17 de agosto, el jefe liberal Ceferino Navas se declaró en abierta rebelión contra el presidente del Estado de Santander. El 10 de septiembre de 1884 se ratificaron los acuerdos de paz.
El Gobierno central por medio del decreto 1052 del 18 de diciembre de 1884 declaró perturbado el orden federal en los Estados de Santander, Boyacá, Cundinamarca, Magdalena y las provincias de Bolívar, situadas en la orilla del río Magdalena.
El 26 de diciembre de 1884, el presidente del Estado de Boyacá, Pedro José Sarmiento, informó al ejecutivo sobre la tregua: “… Estados Unidos de Colombia -Presidencia del Estado de Boyacá- número 196. Al ciudadano Presidente de la República: Tunja, diciembre 26 de 1884. Excelentísimo señor: “…Con la mira de salvar la paz nacional, de conservar la legitimidad -amenazada por la guerra- y las instituciones mismas, sin derramamiento de sangre, se celebró una exponsión entre los jefes de las fuerzas nacionales y las de la revolución, con intervención mía...”.
32. La Guerra Civil de 1885
“…El general Vargas Santos tuvo de conocimiento el primero ó 2 de enero de la violenta ruptura de la exponsión”, escribió Foción Soto en su libro Memorias sobre el movimiento de resistencia a la dictadura de Rafael Núñez 1884-1885. Las tropas nacionales invaden el Estado de Boyacá.
Los revolucionarios radicales se levantan contra la gestión del “Filósofo del Cabrero”. Los liberales son derrotados en la batalla de la Humareda. La Constitución de 1886 acabó con el Olimpo Radical.
33. La Guerra Civil de 1895.
El partido liberal patrocinó un movimiento armado para apoderase del presidente (22 de enero). En Facatativá se levantaron algunas partidas armadas. El 23 de enero se declaró turbado el orden público en los departamentos de Santander, Tolima, Boyacá y Cundinamarca. La providencia se extendió a toda la República el día 24 y la desgracia comenzó. (Liberales contra el sistema conservador). El 9 de noviembre de 1895, el decreto número 499 levantó el Estado de Sitio de la República. Se dieron indultos y excepciones. Fin de la furrusca.
Rafael Reyes, el Vencedor de Imposibles, a paso de huracán salvó a la República del motín liberal. Narrada así como suena de bonita la historia nacional, ¿no?, mi querido lector.
34. La Guerra “Incruenta y Pacífica” de 1899.
Según la revista El repertorio colombiano no produjo muertes, pero sí incontables pérdidas económicas.
35. La Guerra de los Mil Días, 1899-1902.
El 17 de octubre de 1899, en Santander, Paulo E. Villar y Juan Francisco Gómez iniciaron la revolución liberal contra el dominio conservador. La lucha duró 1.128 días. La contienda finalizó con “la derrota de Colombia”, tres tratados y de ñapa se perdió Panamá.
1. Tratado de Neerlandia. (Finca bananera ubicada entre y Cienaga y Aracataca, Departamento del Magdalena). Firmado el 24 de octubre de 1902.
2. Tratado de Wisconsin. (Acorazado estadounidense). Firmado en Panamá el 21 de noviembre de 1902.
3. Tratado de Chinácota. (Norte de Santander). Firmado el 21 de noviembre de 1902.
Los golpes de Estado. (Subieron de tres a seis).
1. El 17 de abril de 1854. El general José María Melo derrocó al presidente José María Obando.
2. El 29 de abril de 1867. El presidente Tomás Cipriano Mosquera declaró disuelto el Congreso y asumió como dictador.
3. El 23 de mayo de 1867. Santiago Pérez y sus áulicos tumbaron la dictadura de Mosquera. Asume la presidencia Santos Acosta.
4. El 9 de octubre de 1868. El gobernador del Estado Soberano de Cundinamarca, Ignacio Gutiérrez Vergara, disolvió la Asamblea Legislativa de Cundinamarca y militarizó la capital.
5. El 10 de octubre de 1868. El presidente de la Unión, general Santos Gutiérrez, depuso a Ignacio Gutiérrez de la Gobernación de Cundinamarca.
6. El 31 de julio de 1900. El vicepresidente José Manuel Marroquín le dio un golpe de Estado al presidente Manuel Antonio Sanclemente.
Los conflictos, incluidos las internacionales, son 34. Tuvieron ocurrencia entre 1812 y 1899. El promedio es macabro. En un lapso de 87 años se produjo una refriega cada 2,55 años. (No se contabilizó la decretada “guerra pacífica de 1899”).
En síntesis, el resumen suma y demuestra que las cuentas eran bien diferentes. El abuso de los perjurios banderizos es causa de mil olvidos patrocinados por los encargados de maquillar los sofismas. Los sepultureros de la Historia viven de homenajear estatuas. Oficio en que los acólitos de la trapisonda adulteran la verdad para ofrendarla a sus ídolos.
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