TransMilenio es la venganza capitalina sobre los provincianos arribistas. El vergonzoso sistema para empaquetar, encajonar y asfixiar gente es la versión desmejorada de los funcionales trenes que aprovisionaban los campos de Auschwitz, en Polonia.
El perverso medio sólo beneficia a los dueños de un vehículo porque les ahorra dos horas de sueño, 15 mil pesos de parqueadero, tres galones de gasolina y les evita la calvicie prematura por la cantaleta conyugal en un semáforo dañado. Esas ventajas soberanas tienen ñapa: Llegan temprano a la oficina. Hasta ahí, la fantasía del corral rojo es insustituible.
El resto es la epistemología del tumulto aplicada a las corralejas.
La fila, para comprar una tarjeta-pasaje, avanza tan rápido como la cajera lo permita. Luego, la masa desbocada intenta ingresar al vagón-paradero por cuatro registradoras. Dos son de salida. De las otras dos, una no lee las tarjetas. La que funciona es usurpada por una señora embarazada, gorda e hinchada. Ella intenta meter un caminador, con su respectivo sute amarrado al tetero, tres jotos boyacenses, un pañolón y cuatro chinos menesterosos.
Cuando el técnico desarregla el problema, los avispados pasan sin pagar. Los colados atraviesan el primer obstáculo junto a la turba jadeante. Ellos se instalan sobre la mancha amarilla para violar la prohibición. El letrero dice: “Dejar salir primero es entrar más rápido”. La lectura es decodificado por la colombianada. “Entrar más rápido es no salir primero”.
En este punto del impacto, las muchedumbres chocan sus fuerzas derrotadas contra las necesidades del salario mínimo. Ahí se desencadena el averno. Surge el demonio cavernícola criado con enjuagadura láctica de mamut siberiano.
Él puede, a punta de codazos, ingresar. Es el gesto brutal, fuerza tele somática que traspasa la materia. La bestia energúmena aúlla victoriosa cuando se aferra a la varilla central. Allí estorbará el paso a los bultos ingresados a la brava.
No puede ser posible. Ya escribí una página y aún no me subo al bus. Suplico a la ira santa para que mi Dios bendito borre, con el fuego aplicado a la impía Sodoma, la estación, los portales y toda mentira motorizada que atente contra la evolución móvil. La respuesta del Altísimo es redentora: “Toma tu cruz y sígueme”.
El mandato es inapelable. Simplemente permito a la inercia que me comprima en el vientre de la próxima máquina. Dentro suceden vainas raras.
Una señorita, palabras en desuso del castellano moderno, me mira risueña y me dice: “Señor, le está sonando el celular”. La contemplo agradecido: “Ala, hazme el favor de contestar porque no puedo bajar los brazos”. La muy servicial réplica: “Y si es su novia qué le digo”. Dile: “Que estoy atorado en un ergonómico TransMilenio. Mi amada comprenderá el porqué soy candidato al martirologio romano”. La ninfa intenta sacar el teléfono y se sonroja. “Uy, padre perdone...”. Los batracios del lado sonríen maliciosos. No falta el comentario soez que ameritaría unos gargarismos con alquitrán ardiendo.
En la siguiente estación se comprimen siete personas en un metro cuadro. Entre los asfixiados sobresale un obrero mediapala en celo. El sujeto, con cara de Tribilín, le habla a su damisela: “Ustedes, las mujeres, son como las rosas: lindas por fuera y por dentro repletas de espinas”. Teofrasto de Ereso, padre de la botánica, me clama para que le azote el cogote con un rosal. El diálogo romancero, y sus frases sin lógica vegetal, me obligó a descender una parada antes de lo habitual.
Esta vez fui misericordiosamente expulsado a un atestado cajón donde un estudiante forcejeaba con un truhán. Le había robado la billetera. Los chismosos solidarios le pedían socorro a un policía desarmado. Al fin pude salir (por la puerta de entrada) de aquel túnel infame donde se gesta el mito de la caverna.
Infortunadamente me quedé en la frontera sur de Chapinero. Los antros tenebrosos tenían sus escondrijos abiertos. Las callejeras usaron el protocolo debido a las braguetas bravas para saludarme. Los guapos me hicieron una calle de honor. Seguramente, Dios quiso premiar mi obediencia, con una catequesis sobre el salmo 91, por usar la desgracia motorizada: “…Pues ha dado a su ángeles la orden de protegerte en todos tus caminos…”.
Al llegar a la congestionada 63 se me acercó un apache. “Oiga, llave. Le vendo un lavamanos”. La pieza de porcelana era una antigüedad. El armatoste, un digno representante del patrimonio arquitectónico de Teusaquillo, le doblaba el espinazo.
El rufián, molesto con mi inquisidora mirada, se alebrestó y me amenazó: “Pues se bajó del billete porque necesito para un TransMilenio”. Le contesté, entre asombrado y colérico: “Usted, garnúplea de quinta, piensa atracarme con un lavamanos…”. El malandrín refutó: “Voy de patecabra y tal”.
Afortunadamente, mi renitis alérgica se había convertido en gripe. Le informé al ratero: “Tengo la peste porcina” y le solté un abundante estornudo en su demacrado rostro. La sabandija huyó dando brincos y alaridos. El fugitivo gritaba: “Me pringó el marrano”. No se queje, sabandija mugrienta, y báñese la jeta…en el lavamanos.
En conclusión, el único sistema de transporte masivo que funciona en estas breñas andinas es el mulero. Desde el siglo XVI, la voz del progreso es el patrimonio de la arriería: ¡Uiste! ¡Uiste, mula! ¡Atájenla! ¡Santa Bárbara bendita! ¡Viene TransMilenio!
martes, 19 de mayo de 2009
martes, 10 de febrero de 2009
Paremiología cachaca
El arte de mamar gallo con la sabiduría popular es un elegante pasatiempo de cachifos y cofradías. Dentro de esa línea conceptual, el refranero nacional permite jugar con los dichos al redactar desde lo popular hasta lo culto.
Este defensor del folclor capitalino decidió hacer un aporte, en el dialecto chapineruno, para la voz griega paromia. La negrilla muestra el adagio original. Se sugiere leer en tono rolo para que suenen las erres.
Tanto jode el perro con la cotiza que al fin se la jarta
El exceso de retozo canino con la sandalia rústica finaliza con una deglución voraz.
Toro viejo cuando se encarama preña
Bovino añejo cuando copula fecunda.
Caballo grande ande o no ande
Equino descomunal desplácese o no desplácese.
Los errores de los médicos se tapan con tierra
Los yerros de los galenos se cubren con el polvo telúrico.
Reunión de zorras, perdición de gallinas
Congregación de cánidos astutos, degollina avícola.
Una cosa piensa el burro, y otra el que lo arrea
Una idea cavila el humilde borrico, y otra el que trajina con las bestias.
A caballo regalado, no se le mira el colmillo
A solípedo de cuello y cola poblados de cerdas largas, objeto de donación, no se le observa la pieza dental incisiva.
Es más constante que un coto
Tan perseverante como un bocio.
Carne de cura da locura
La corporeidad del presbítero produce privación del juicio.
Más contento que marrano estrenado lazo
Está poseído por la intensa euforia porcina en debut de soga.
Las cabras tiran para el monte
Los caprinos domésticos son proclives a frecuentar la región boscosa y montaraz.
Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente
Crustáceo decápodo que sueña es acarreado por la acometida de las mareas. En algunos casos, el vulgo impertinente agrega que el durmiente es sodomizado por batracios sátiros.
Cachetada en cuero ajeno no duele
Bofetón en cutis impropio no genera hematoma.
Al mejor cazador se le va el conejo
Al campeón de la cinegética se le fuga el gazapo.
Bebe más que macho asoleado
Supera en abundantes libaciones al mulo insolado.
Maldición de gallinazo no me cae en el espinazo
Anatema de zamuro no me golpea la estructura vertebral.
Barriga llena, aguanta azote
Aparato digestivo ahíto, soporta el restallar del látigo.
Cuando el pobre lava la camisa, ese día llueve
Si el menesteroso enjuaga la franela, el chaparrón es repentino.
Al que Dios le quiere dar, no es menester cavar
Al que el Altísimo, según su santa voluntad, le quiere otorgar no le toca perforar tremendo y profundo socavón.
Soldado avisado no muere en guerra
Conscripto informado no fenece en cruenta lid.
Casado pero no capado
El sujeto de condición conyugable estable no está emasculado.
El que nace para buey del cielo le caen los cachos
El personaje parido para ser bóvido capado del éter le descienden las cornamentas.
En boca cerrada no entra mosca
En cavidad bucal hermética no ingresa díptero braquícero.
En la tierra del ciego, el tuerto es rey
En la parte superficial del planeta donde nadie ve, el de la vista torcida es un monarca.
Estoy tan lleno como garrapata de yegua vieja
Me encuentro tan atiborrado como ácaro ovalado en pellejo de semoviente vetusto.
Hijo de tigre sale pintado
El descendiente de un felino carnívoro y feroz hereda sus rayas.
Más dormido que pata hinchada
El dormilón supera el onírico estado del miembro inferior inflamado.
No crea que el indio sea pobre porque la maleta es de hojas
No conjetures que el aborigen sea paupérrimo porque la valija es de folios.
Vaca chiquita siempre es ternera
La vaquillona, por su pequeña alzada, tiende a ser becerra.
Tras que éramos muchos y parió mi abuela
El celo demográfico nos tenía agobiados y la ascendiente dio a luz.
Tras de corneado apaleado
Después de ser atropellado por un cornúpeta furioso, lo aporrearon.
Tiene más carne un zancudo en la punta del ala
Posee más tejido cárnico un artrópodo en el extremo del apéndice utilizado para el vuelo.
Los secretos en reunión son de mala educación
Los arcanos en asamblea son de pésima crianza.
Quien con el lobo se junta a aullar aprende
Aquél que se regodea con canis lupus adquiere amplia experiencia en ulular.
Pueblo pequeño infierno grande
Aldea minúscula averno gigante.
La leche fortalece y la chicha embrutece
El líquido perlático de la consorte del toro vigoriza y el vino de maíz atrofia el uso de la razón.
Este defensor del folclor capitalino decidió hacer un aporte, en el dialecto chapineruno, para la voz griega paromia. La negrilla muestra el adagio original. Se sugiere leer en tono rolo para que suenen las erres.
Tanto jode el perro con la cotiza que al fin se la jarta
El exceso de retozo canino con la sandalia rústica finaliza con una deglución voraz.
Toro viejo cuando se encarama preña
Bovino añejo cuando copula fecunda.
Caballo grande ande o no ande
Equino descomunal desplácese o no desplácese.
Los errores de los médicos se tapan con tierra
Los yerros de los galenos se cubren con el polvo telúrico.
Reunión de zorras, perdición de gallinas
Congregación de cánidos astutos, degollina avícola.
Una cosa piensa el burro, y otra el que lo arrea
Una idea cavila el humilde borrico, y otra el que trajina con las bestias.
A caballo regalado, no se le mira el colmillo
A solípedo de cuello y cola poblados de cerdas largas, objeto de donación, no se le observa la pieza dental incisiva.
Es más constante que un coto
Tan perseverante como un bocio.
Carne de cura da locura
La corporeidad del presbítero produce privación del juicio.
Más contento que marrano estrenado lazo
Está poseído por la intensa euforia porcina en debut de soga.
Las cabras tiran para el monte
Los caprinos domésticos son proclives a frecuentar la región boscosa y montaraz.
Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente
Crustáceo decápodo que sueña es acarreado por la acometida de las mareas. En algunos casos, el vulgo impertinente agrega que el durmiente es sodomizado por batracios sátiros.
Cachetada en cuero ajeno no duele
Bofetón en cutis impropio no genera hematoma.
Al mejor cazador se le va el conejo
Al campeón de la cinegética se le fuga el gazapo.
Bebe más que macho asoleado
Supera en abundantes libaciones al mulo insolado.
Maldición de gallinazo no me cae en el espinazo
Anatema de zamuro no me golpea la estructura vertebral.
Barriga llena, aguanta azote
Aparato digestivo ahíto, soporta el restallar del látigo.
Cuando el pobre lava la camisa, ese día llueve
Si el menesteroso enjuaga la franela, el chaparrón es repentino.
Al que Dios le quiere dar, no es menester cavar
Al que el Altísimo, según su santa voluntad, le quiere otorgar no le toca perforar tremendo y profundo socavón.
Soldado avisado no muere en guerra
Conscripto informado no fenece en cruenta lid.
Casado pero no capado
El sujeto de condición conyugable estable no está emasculado.
El que nace para buey del cielo le caen los cachos
El personaje parido para ser bóvido capado del éter le descienden las cornamentas.
En boca cerrada no entra mosca
En cavidad bucal hermética no ingresa díptero braquícero.
En la tierra del ciego, el tuerto es rey
En la parte superficial del planeta donde nadie ve, el de la vista torcida es un monarca.
Estoy tan lleno como garrapata de yegua vieja
Me encuentro tan atiborrado como ácaro ovalado en pellejo de semoviente vetusto.
Hijo de tigre sale pintado
El descendiente de un felino carnívoro y feroz hereda sus rayas.
Más dormido que pata hinchada
El dormilón supera el onírico estado del miembro inferior inflamado.
No crea que el indio sea pobre porque la maleta es de hojas
No conjetures que el aborigen sea paupérrimo porque la valija es de folios.
Vaca chiquita siempre es ternera
La vaquillona, por su pequeña alzada, tiende a ser becerra.
Tras que éramos muchos y parió mi abuela
El celo demográfico nos tenía agobiados y la ascendiente dio a luz.
Tras de corneado apaleado
Después de ser atropellado por un cornúpeta furioso, lo aporrearon.
Tiene más carne un zancudo en la punta del ala
Posee más tejido cárnico un artrópodo en el extremo del apéndice utilizado para el vuelo.
Los secretos en reunión son de mala educación
Los arcanos en asamblea son de pésima crianza.
Quien con el lobo se junta a aullar aprende
Aquél que se regodea con canis lupus adquiere amplia experiencia en ulular.
Pueblo pequeño infierno grande
Aldea minúscula averno gigante.
La leche fortalece y la chicha embrutece
El líquido perlático de la consorte del toro vigoriza y el vino de maíz atrofia el uso de la razón.
domingo, 1 de febrero de 2009
Barack os mama
El triunfo de la democracia estadounidense es el vicio de las ilusiones, un castigo de las muchedumbres. La malévola dictadura del gentío generó un episodio que difamó a la Historia con sus pequeñas anécdotas de cantina.
La posesión del señor Obama no me dejó más alternativa que rebautizar a la Casa Blanca con el mote de “La cabaña del tío Tom” porque las reformas continúan.
El presidente, de melanina carmelita y rasgos caucásicos-polinesios, mandó adornar la Oficina Oval con un cuadro de su héroe, el guerrero shaka zulú. Agregó a su biblioteca personal un ejemplar del libro Raíces firmado por Alex Haley. La filmoteca contará con una nueva copia de la cinta Mississipi en llamas. Además, el funcionario escuchará el poema tonal de Duke Ellington titulado Black, Brown and Beige (Negro, castaño y café con leche) que lo identifica plenamente.
Con esos cambios trascendentales, el mandatario mestizo quedó atrapado entre las retahílas y las promesas por predicar porque él es un isleño. Sólo sirve para pescar o remar según lo determinen las mareas del poder. La “Hermandad Blanca” no lo dejará gobernar al estilo cowboy.
Lo fascinante de este ocaso triste radica en el aporte del Ku klux Klan. Ellos, los genios de la economía informal, vendieron miles de juguetes para negros en un período de recesión global. La división de mercadeo logró embaucar a la raza de ébano con una jugada maestra del engaño consumista. Los usuarios del capirote blanco montaron un negocio de ocasión. Las negritudes compraron máscaras de caucho, afiches, boletas, banderas, camisetas, muñecos de vudú y toda una serie de artículos manufacturados con una efigie de rostro presidencial.
Los señores de la triple K les ofrecieron jarabes para la tos, les otorgaron citas para consultar especialistas por faringitis de turba desencadenada. El ardite racista les produjo millones de dólares libres de impuestos. Los yanquis convirtieron una desgracia continental en una fábrica de oro.
Y de ganga, les susurraron promesas de largo plazo como la pacificación del conflicto judío-filisteo, el cierre de la cárcel de Guantánamo y el retiro de las tropas de Irak. La realidad soltó tremenda carcajada.
Y antes del fin, una mirada el ridículo vernáculo.
La acomplejada Farsolandia no podía quedarse atrás en el concierto de los arrebatos foráneos. Los mostrencos levantaron palenques ante la fuerza mediática de la fantochada. Los negros de Puerto Tejada, en un acto de patriotismo caucano, celebraron la posesión de Obama como si fueran a ser poseídos por el semental hawaiano.
El espectáculo provincial muestra el revanchismo intolerable de una patria decadente. El arribismo folclórico decoró los cueros con The Star-Spangled Banner (la bandera llena de estrellas). Pobre terruño manoseado por los perjurios electorales del Tío Sam.
El mal ejemplo cundió por la inexplorada manigua nacional. La pasión idolatra le edificó altares al amo forastero y embriagó de espanglish el corazón desamparado del criollo farsolandés. Los desventurados anónimos vieron en Obama un ídolo para arrodillarse en nombre de la libertina Doctrina Monroe.
En síntesis, les vendieron la religión de la esperanza negra y la desidia moral compró un redentor para crucificar.
La posesión del señor Obama no me dejó más alternativa que rebautizar a la Casa Blanca con el mote de “La cabaña del tío Tom” porque las reformas continúan.
El presidente, de melanina carmelita y rasgos caucásicos-polinesios, mandó adornar la Oficina Oval con un cuadro de su héroe, el guerrero shaka zulú. Agregó a su biblioteca personal un ejemplar del libro Raíces firmado por Alex Haley. La filmoteca contará con una nueva copia de la cinta Mississipi en llamas. Además, el funcionario escuchará el poema tonal de Duke Ellington titulado Black, Brown and Beige (Negro, castaño y café con leche) que lo identifica plenamente.
Con esos cambios trascendentales, el mandatario mestizo quedó atrapado entre las retahílas y las promesas por predicar porque él es un isleño. Sólo sirve para pescar o remar según lo determinen las mareas del poder. La “Hermandad Blanca” no lo dejará gobernar al estilo cowboy.
Lo fascinante de este ocaso triste radica en el aporte del Ku klux Klan. Ellos, los genios de la economía informal, vendieron miles de juguetes para negros en un período de recesión global. La división de mercadeo logró embaucar a la raza de ébano con una jugada maestra del engaño consumista. Los usuarios del capirote blanco montaron un negocio de ocasión. Las negritudes compraron máscaras de caucho, afiches, boletas, banderas, camisetas, muñecos de vudú y toda una serie de artículos manufacturados con una efigie de rostro presidencial.
Los señores de la triple K les ofrecieron jarabes para la tos, les otorgaron citas para consultar especialistas por faringitis de turba desencadenada. El ardite racista les produjo millones de dólares libres de impuestos. Los yanquis convirtieron una desgracia continental en una fábrica de oro.
Y de ganga, les susurraron promesas de largo plazo como la pacificación del conflicto judío-filisteo, el cierre de la cárcel de Guantánamo y el retiro de las tropas de Irak. La realidad soltó tremenda carcajada.
Y antes del fin, una mirada el ridículo vernáculo.
La acomplejada Farsolandia no podía quedarse atrás en el concierto de los arrebatos foráneos. Los mostrencos levantaron palenques ante la fuerza mediática de la fantochada. Los negros de Puerto Tejada, en un acto de patriotismo caucano, celebraron la posesión de Obama como si fueran a ser poseídos por el semental hawaiano.
El espectáculo provincial muestra el revanchismo intolerable de una patria decadente. El arribismo folclórico decoró los cueros con The Star-Spangled Banner (la bandera llena de estrellas). Pobre terruño manoseado por los perjurios electorales del Tío Sam.
El mal ejemplo cundió por la inexplorada manigua nacional. La pasión idolatra le edificó altares al amo forastero y embriagó de espanglish el corazón desamparado del criollo farsolandés. Los desventurados anónimos vieron en Obama un ídolo para arrodillarse en nombre de la libertina Doctrina Monroe.
En síntesis, les vendieron la religión de la esperanza negra y la desidia moral compró un redentor para crucificar.
domingo, 23 de noviembre de 2008
Las piras de Midas
El síndrome piramidal es la enfermedad social de Farsolandia. Tres millones de ciudadanos honestos, trabajadores, inteligentes, inmaculados y temerosos de Dios se convirtieron en socios de la delincuencia organizada. La colaboración les costó 200 millones de dólares en pérdidas, sin contar el aporte DMG. Lo fenomenal es que las víctimas defienden a sus verdugos del vil cepo.
Si la tramoya vernácula se mantiene habrá que reformar la teología moral, los Diez Mandamientos y el democrático epígrafe del Capitolio Nacional: “Vox populi – vox Dei”, la voz del pueblo es la voz de Dios.
¿Pero cuál es el mandato que hace temblar al decoroso y recatado pudor nacional?
Ninguno. Excepto que los asesores financieros de los narcotraficantes, en un gesto ladino de condescendencia navideña, decidieron socializar la mitad de sus ganancias, producto del lavado de activos, con una muchedumbre ambiciosa y ostentosa.
La colombianada asustó al sistema bancario, única entidad con licencia para la ratería sistemática y el cobro jurídico. Las cuentas de los paupérrimos ahorradores se cerraron para guardar el dinero en la “Pirámide de Tutankamón” que traducido al lenguaje del vandalismo criollo se pronuncia: “Tutanguevón”.
El becerro dorado puso de manifiesto el poder corruptor del excremento del diablo, el oro. Los organismos de control guardaron un silencio infame porque el cohecho los untó de complicidad.
El ternero cebado los corneó. Ahora sí hay inconvenientes porque los banqueros no podrán acumular las millonarias ganancias establecidas por decreto para el año en curso. La riqueza pasó de Suiza a Suesca en un santiamén. Entonces, los patrones del mayordomo telefonearon a la Casa de Nariño para delatar la fuga de capital.
El jefe del inquilinato de Nariño recibió la llamada del hampa bancaria. Al señor Uribe sólo se le ocurrió pedirles, vía consejo comunal, el favor a los timadores para que devolvieran de buena fe lo que se robaron de mala fe. ¿Será que José Obdulio le aumentó la cuota de coscorrones? (Resulta muy ilustrativo que don Antonio Nariño fuera el Precursor del autopréstamo con la Caja de Diezmos (1792). Viva el bicentenario del fraude.
Si Farsolandia fuera una casalote, digna de ser habitada por algún vicio deplorable, no estaría alcahueteando el pago de los bienes hurtados.
El delito sí paga y el Estado ladrón se abalanzó contra la “gran familia, Dinero Mal Ganado (DMG)” para quebrarla. La maniobra a mansalva evitó que la mafia judeo-aurífera entrara a engrosar las cifras de los desempleados. El país de la farsa no permitirá que las lavanderas de dólares pierdan su empleo porque quién enjuagará los fondos de las campañas presidenciales y senatoriales, al estilo Samper-Botero.
Farsolandia, el Imperio de la Fraudulencia, desfalcará a los gremios del atraco clandestino para saciar la caja menor de los bancos y enmudecer las conciencias. El botín será repartido por bultos entre los incorruptibles funcionarios que acallarán el escándalo de la ruina.
Pregunta: ¿Por qué no se aplican las reglas del juego bancario, pero a la inversa? Cuando la banca nacional se quiebra por un autopréstamo a cada colombiano le sacan la sangre para pagar el escamoteo.
Ahora, que el honradísimo constituyente primario le entregó sus millones a las comercializadores ilícitas, ¿por qué los bancos no asumen la deuda y la pagan? Mijito, porque los banqueros tienen el cuello blanco del yuntero y no el cogote sudoroso del buey.
La histórica malversación del erario así lo demuestra. Algunos datos sueltos, sobre el vicio de la corruptela, dejan ver una marcada vocación por el arte de marranear al “caribajito”.
1923. Pedro A. López quebró el banco del mismo nombre. El hueco fiscal lo taparon con los 25 millones de dólares que pagó el Tío Sam por el potrero de Panamá.
1974. La sociedad elitista se enteró de las andanzas de Carlos Alberto Sánchez Rojas, el Conejo Millonario. El cuniculus se dedicó a roerle los bolsillos a la gente que meaba güisqui.
1980. El Campeonato Interno de las Defraudaciones se inició voraz. Los economistas gomelos lo bautizaron con el eufemismo de: “Crisis financiera de los 80”. Farsolandia, bajo la tutela del arriero de Amagá, tuvo que poner a flote a 17 notabilísimas instituciones crediticias que se hundían en el mar de la piratería.
Los dueños de las entidades, con patente de corso, se habían dedicado al autopréstamo, la captación ilegítima de dineros y a la lúdica bursátil para asaltar a una parte del sector empresarial. Los truhanes desvalijaron a más de 82.000 personas por un valor superior a los 10.000 millones de pesos.
El alto mundo de la estafa, para sus fines delictivos, contó con un equipo de ensueño: El Banco Nacional, el águila del Banco de Colombia, el Grupo Grancolombiano, el Banco del Estado, la Corporación Financiera Santa Fe y algunas compañías inmobiliarias que gestaron, con sus falsificaciones, una crisis monetaria digna promotora de un suicidio colectivo.
1982. Hubo otra inusual emergencia económica y el industrial de la estafa, Jaime Michelsen Uribe, fue culpado de inocencia comprobada.
1982. El gobierno de Betancur expidió el decreto 2920 que reglamentaba la captación de recursos públicos y “condenaba” a quienes, sin permiso de la Superbancaria, saquearan con descaro.
1983. Roberto Soto Prieto se robó 13,5 millones de dólares de las cuentas del Chase Manhattan Bank de Londres. El monto, propiedad del Banco de la República, desapareció. El benemérito señor Soto instituyó el atraco bancario por télex. Maniobra que apoyó su cuñado Antonio Cebollero.
1986. El Banco de los Trabajadores fue oficializado por causa de los honestos manejos de su accionista mayor Gilberto Rodríguez Orejuela, el brillante naire (cuidador de elefantes).
1986. Quiebra y nacionalización del Banco de Colombia y Granahorrar o “Granahorcar”.
1987. La Caja Vocacional, entidad promotora de la pastoral de la pobreza, realizó un desfalco de 3.000 millones de pesos entre sus ahorradores. El acto se justificó con las vacaciones de monseñor Abraham Gaitán Mahecha en Alemania.
1998. Granahorrar, quebrada por segunda vez, pasó al Estado.
1999. El gobierno de Andrés Patraña creó, a través de la Ley 510, una comisión para desinformar sobre la extraña crisis del sector financiero estatal. El Banco del Estado, el Banco Andino, el Banco del Pacífico y el Banco Central Hipotecario, entre otras pirámides legalizadas, alardearon de su capacidad para la falsificación, el peculado, los sobregiros y los autopréstamos. El desangre económico lo cauterizaron con lo establecido en el Manual del ordeño para ubres con cuatro por mil.
La bancarrota terminó intervenida y reparada. Al Banco del Pacífico le consignaron el impuesto predial de los bogotanos y las alcancías se rompieron hasta desaparecer en Ecuador.
2007. Farsolandia, el feudo del artificio, se graduó con honores en la Universidad del Salteador. El Gobierno, la Superintendencia Bancaria, los economistas, los jueces, los fiscales, la Policía y hasta el último colombiano fueron oportunamente alertados por los medios masivos de información sobre las captadoras ilegales de dinero, las pirámides.
Durante más de un año, la voluptuosa complacencia de la gran ramera estatal apoyada por la chichería del Jockey Club dejó engordar a la marrana. Al porcino le llegó su Nochebuena y la riqueza de la mafia se feriará entre los bolsillos de la corrupta clase dirigente. El avispado pueblo raso, patrocinador del lavado de activos y la estafa, mirará un chispero.
2008. Noviembre. Farsolandia allanó a las antilegales empresas captadoras de dinero legal porque un patirrajado se convirtió en un magnate internacional, DMG. Y esa vaina está prohibida por los herederos de Antonio Nariño, el Precursor de los petardistas.
Conclusiones:
-La naturaleza, en un acto de sabiduría ecológica, intentó acabar con Farsolandia. Mandó dos temporadas invernales en un semestre, sismos, erupciones volcánicas, desbordamientos de ríos, epidemias y derrumbes, pero nada detuvo el reinado de la silicona en Cartagena. La parranda sin tragedia no es folclórica.
-En diciembre habrá francachela y apareamiento desalmado en las piscinas de Melgar. En enero se sufrirá de amnesia. En febrero se planeará el próximo salteamiento general porque El Dorado no ha muerto, vive para sobornar a los probos políticos colombianos.
-El pueblo esquilmado candidatizó a David Murcia Guzmán (DMG) para presidente de la finca, ministro de Hacienda y asesor para la integración comercial de Latinoamérica. Según los putumayenses, el timo les trajo paz y abundancia material.
-Las gentes del común son dichosas de sentir el acicate en el lomo lacerado. Un ejemplo, ratifica la tesis.
Una señora nerviosa entró al expendio de periódicos a las 7:30 de una lluviosa noche del domingo 16 de noviembre de 2008. No Quería hablar. No sabía cómo expresarlo. Miró hacia los lados.
- Vecino, lo que pasa es que mi hija, la que vive en Sogamoso, me trajo el periódico El Tiempo del sábado.
- Y qué pasa, vecina.
- Usted me lo podría cambiar por mil pesos de pan.
- Sí, señora. Se lo cambio.
Gracias sumercé. Todo es culpa de lo que pasó en Sogamoso (Boyacá). Allá la platica de los trabajadores y pensionados de Acerías Paz del Río se esfumó por cuenta de las tales pirámides.
En marzo de 2007, la empresa brasileña Votorantin se hizo al control de Acerías Paz del Río al adquirir el 52 por ciento de las acciones de la empresa por un valor de 490,7 millones de dólares.
Votorantin pagó 131,42 pesos por cada acción frente a la base fijada en 52 pesos. Los beneficiarios de la venta de la planta industrial, ubicada en Belencito (Boyacá), se jugaron los réditos en pirámides.
La del trueque soltó la carcajada y agregó: “Ese billete se perdió porque los dueños de las captadoras se volaron del país”. La señora dio la espalda y se marchó dichosa por haber podido cambiar un periódico de ayer por un pan.
Si la tramoya vernácula se mantiene habrá que reformar la teología moral, los Diez Mandamientos y el democrático epígrafe del Capitolio Nacional: “Vox populi – vox Dei”, la voz del pueblo es la voz de Dios.
¿Pero cuál es el mandato que hace temblar al decoroso y recatado pudor nacional?
Ninguno. Excepto que los asesores financieros de los narcotraficantes, en un gesto ladino de condescendencia navideña, decidieron socializar la mitad de sus ganancias, producto del lavado de activos, con una muchedumbre ambiciosa y ostentosa.
La colombianada asustó al sistema bancario, única entidad con licencia para la ratería sistemática y el cobro jurídico. Las cuentas de los paupérrimos ahorradores se cerraron para guardar el dinero en la “Pirámide de Tutankamón” que traducido al lenguaje del vandalismo criollo se pronuncia: “Tutanguevón”.
El becerro dorado puso de manifiesto el poder corruptor del excremento del diablo, el oro. Los organismos de control guardaron un silencio infame porque el cohecho los untó de complicidad.
El ternero cebado los corneó. Ahora sí hay inconvenientes porque los banqueros no podrán acumular las millonarias ganancias establecidas por decreto para el año en curso. La riqueza pasó de Suiza a Suesca en un santiamén. Entonces, los patrones del mayordomo telefonearon a la Casa de Nariño para delatar la fuga de capital.
El jefe del inquilinato de Nariño recibió la llamada del hampa bancaria. Al señor Uribe sólo se le ocurrió pedirles, vía consejo comunal, el favor a los timadores para que devolvieran de buena fe lo que se robaron de mala fe. ¿Será que José Obdulio le aumentó la cuota de coscorrones? (Resulta muy ilustrativo que don Antonio Nariño fuera el Precursor del autopréstamo con la Caja de Diezmos (1792). Viva el bicentenario del fraude.
Si Farsolandia fuera una casalote, digna de ser habitada por algún vicio deplorable, no estaría alcahueteando el pago de los bienes hurtados.
El delito sí paga y el Estado ladrón se abalanzó contra la “gran familia, Dinero Mal Ganado (DMG)” para quebrarla. La maniobra a mansalva evitó que la mafia judeo-aurífera entrara a engrosar las cifras de los desempleados. El país de la farsa no permitirá que las lavanderas de dólares pierdan su empleo porque quién enjuagará los fondos de las campañas presidenciales y senatoriales, al estilo Samper-Botero.
Farsolandia, el Imperio de la Fraudulencia, desfalcará a los gremios del atraco clandestino para saciar la caja menor de los bancos y enmudecer las conciencias. El botín será repartido por bultos entre los incorruptibles funcionarios que acallarán el escándalo de la ruina.
Pregunta: ¿Por qué no se aplican las reglas del juego bancario, pero a la inversa? Cuando la banca nacional se quiebra por un autopréstamo a cada colombiano le sacan la sangre para pagar el escamoteo.
Ahora, que el honradísimo constituyente primario le entregó sus millones a las comercializadores ilícitas, ¿por qué los bancos no asumen la deuda y la pagan? Mijito, porque los banqueros tienen el cuello blanco del yuntero y no el cogote sudoroso del buey.
La histórica malversación del erario así lo demuestra. Algunos datos sueltos, sobre el vicio de la corruptela, dejan ver una marcada vocación por el arte de marranear al “caribajito”.
1923. Pedro A. López quebró el banco del mismo nombre. El hueco fiscal lo taparon con los 25 millones de dólares que pagó el Tío Sam por el potrero de Panamá.
1974. La sociedad elitista se enteró de las andanzas de Carlos Alberto Sánchez Rojas, el Conejo Millonario. El cuniculus se dedicó a roerle los bolsillos a la gente que meaba güisqui.
1980. El Campeonato Interno de las Defraudaciones se inició voraz. Los economistas gomelos lo bautizaron con el eufemismo de: “Crisis financiera de los 80”. Farsolandia, bajo la tutela del arriero de Amagá, tuvo que poner a flote a 17 notabilísimas instituciones crediticias que se hundían en el mar de la piratería.
Los dueños de las entidades, con patente de corso, se habían dedicado al autopréstamo, la captación ilegítima de dineros y a la lúdica bursátil para asaltar a una parte del sector empresarial. Los truhanes desvalijaron a más de 82.000 personas por un valor superior a los 10.000 millones de pesos.
El alto mundo de la estafa, para sus fines delictivos, contó con un equipo de ensueño: El Banco Nacional, el águila del Banco de Colombia, el Grupo Grancolombiano, el Banco del Estado, la Corporación Financiera Santa Fe y algunas compañías inmobiliarias que gestaron, con sus falsificaciones, una crisis monetaria digna promotora de un suicidio colectivo.
1982. Hubo otra inusual emergencia económica y el industrial de la estafa, Jaime Michelsen Uribe, fue culpado de inocencia comprobada.
1982. El gobierno de Betancur expidió el decreto 2920 que reglamentaba la captación de recursos públicos y “condenaba” a quienes, sin permiso de la Superbancaria, saquearan con descaro.
1983. Roberto Soto Prieto se robó 13,5 millones de dólares de las cuentas del Chase Manhattan Bank de Londres. El monto, propiedad del Banco de la República, desapareció. El benemérito señor Soto instituyó el atraco bancario por télex. Maniobra que apoyó su cuñado Antonio Cebollero.
1986. El Banco de los Trabajadores fue oficializado por causa de los honestos manejos de su accionista mayor Gilberto Rodríguez Orejuela, el brillante naire (cuidador de elefantes).
1986. Quiebra y nacionalización del Banco de Colombia y Granahorrar o “Granahorcar”.
1987. La Caja Vocacional, entidad promotora de la pastoral de la pobreza, realizó un desfalco de 3.000 millones de pesos entre sus ahorradores. El acto se justificó con las vacaciones de monseñor Abraham Gaitán Mahecha en Alemania.
1998. Granahorrar, quebrada por segunda vez, pasó al Estado.
1999. El gobierno de Andrés Patraña creó, a través de la Ley 510, una comisión para desinformar sobre la extraña crisis del sector financiero estatal. El Banco del Estado, el Banco Andino, el Banco del Pacífico y el Banco Central Hipotecario, entre otras pirámides legalizadas, alardearon de su capacidad para la falsificación, el peculado, los sobregiros y los autopréstamos. El desangre económico lo cauterizaron con lo establecido en el Manual del ordeño para ubres con cuatro por mil.
La bancarrota terminó intervenida y reparada. Al Banco del Pacífico le consignaron el impuesto predial de los bogotanos y las alcancías se rompieron hasta desaparecer en Ecuador.
2007. Farsolandia, el feudo del artificio, se graduó con honores en la Universidad del Salteador. El Gobierno, la Superintendencia Bancaria, los economistas, los jueces, los fiscales, la Policía y hasta el último colombiano fueron oportunamente alertados por los medios masivos de información sobre las captadoras ilegales de dinero, las pirámides.
Durante más de un año, la voluptuosa complacencia de la gran ramera estatal apoyada por la chichería del Jockey Club dejó engordar a la marrana. Al porcino le llegó su Nochebuena y la riqueza de la mafia se feriará entre los bolsillos de la corrupta clase dirigente. El avispado pueblo raso, patrocinador del lavado de activos y la estafa, mirará un chispero.
2008. Noviembre. Farsolandia allanó a las antilegales empresas captadoras de dinero legal porque un patirrajado se convirtió en un magnate internacional, DMG. Y esa vaina está prohibida por los herederos de Antonio Nariño, el Precursor de los petardistas.
Conclusiones:
-La naturaleza, en un acto de sabiduría ecológica, intentó acabar con Farsolandia. Mandó dos temporadas invernales en un semestre, sismos, erupciones volcánicas, desbordamientos de ríos, epidemias y derrumbes, pero nada detuvo el reinado de la silicona en Cartagena. La parranda sin tragedia no es folclórica.
-En diciembre habrá francachela y apareamiento desalmado en las piscinas de Melgar. En enero se sufrirá de amnesia. En febrero se planeará el próximo salteamiento general porque El Dorado no ha muerto, vive para sobornar a los probos políticos colombianos.
-El pueblo esquilmado candidatizó a David Murcia Guzmán (DMG) para presidente de la finca, ministro de Hacienda y asesor para la integración comercial de Latinoamérica. Según los putumayenses, el timo les trajo paz y abundancia material.
-Las gentes del común son dichosas de sentir el acicate en el lomo lacerado. Un ejemplo, ratifica la tesis.
Una señora nerviosa entró al expendio de periódicos a las 7:30 de una lluviosa noche del domingo 16 de noviembre de 2008. No Quería hablar. No sabía cómo expresarlo. Miró hacia los lados.
- Vecino, lo que pasa es que mi hija, la que vive en Sogamoso, me trajo el periódico El Tiempo del sábado.
- Y qué pasa, vecina.
- Usted me lo podría cambiar por mil pesos de pan.
- Sí, señora. Se lo cambio.
Gracias sumercé. Todo es culpa de lo que pasó en Sogamoso (Boyacá). Allá la platica de los trabajadores y pensionados de Acerías Paz del Río se esfumó por cuenta de las tales pirámides.
En marzo de 2007, la empresa brasileña Votorantin se hizo al control de Acerías Paz del Río al adquirir el 52 por ciento de las acciones de la empresa por un valor de 490,7 millones de dólares.
Votorantin pagó 131,42 pesos por cada acción frente a la base fijada en 52 pesos. Los beneficiarios de la venta de la planta industrial, ubicada en Belencito (Boyacá), se jugaron los réditos en pirámides.
La del trueque soltó la carcajada y agregó: “Ese billete se perdió porque los dueños de las captadoras se volaron del país”. La señora dio la espalda y se marchó dichosa por haber podido cambiar un periódico de ayer por un pan.
jueves, 6 de noviembre de 2008
Pifia etno-cromática
El triunfo electoral de Obama en Estados Unidos tenía todos los ingredientes de una tragedia personal. Mis prosas habían escrito los peores adjetivos para pronosticar la caída del Imperio americano en las manos de un negroide.
El arsenal de protestas estaba precedido por un virtuoso comunicado de emergencia que fue enviado por correo electrónico a los abonados. “Amigos: Busco al nieto de Lee Harvey Oswald para entrenarlo en tiro al negro”.
Las negritudes envalentonadas llenaron el buzón con respuestas rencorosas y vulgares pataleos de cimarrones bozales. Me disponía a batirme contra la canalla furibunda cuando llegó una voz de consuelo. El argumento, valioso y contundente, en contra de mi posición arruinó la diversión.
Adiós al restañar del látigo verbal. Un dilecto amigo e ilustre catedrático me devolvió el alma al cuerpo con una brillante tesis sobre la genética de Barack Obama. “Obama no es negro”. A esa postura conceptual me adhiero con la humildad de un naufrago rescatado del mar de la equivocación.
El contertulio redactó una sentencia maravillosa:
“…Apreciado amigo:
Por primera vez en nuestra larga amistad me veo obligado a disentir de tus apreciaciones. Precisamente hoy he sostenido agrias discusiones con algunos de mis colaboradores, -entre ellos un recalcitrante ‘izquierdoso’ de la Nacional- sobre el triunfo del mal llamado candidato afroamericano. Mi tesis es muy simple y se cae de su propio peso: Obama no es negro.
Litros de bilis segregué ayer cuando veía como los representantes de organizaciones defensoras de los negros y otras especies en vías de extinción, pontificaban a través de los medios argumentando que “por fin uno de los suyos” había demostrado que Estados Unidos no era un país blanco y protestante (¡ja!) ¿Cómo es posible que Piedad Córdoba y otros súcubos de la misma laya se sientan representados o, peor aún, reivindicados por un individuo que merced a las ligerezas de su madre, heredó genes de un inmigrante africano (keniano, ni siquiera de Liberia) que al poco tiempo de su alumbramiento desapareció como lo hacen muchos de los mamíferos de las praderas subsaharianas? No nos digamos mentiras, Obama es un mestizo, que nació como blanco, creció como blanco, estudio con los blancos y por las mismas razones llegó a donde llegó.
¿Negro?, negro Martin Luther King, negro Malcolm X, negro el reverendo Jesse Jackson, ¡esos sí son negros y de los peligrosos! Y por eso terminaron como terminaron. Me pregunto ¿cuántas veces ha visitado Obama a Harlem? o mejor ¿Obama conoce Harlem? Obama no es negro ni representa los intereses de ningún negro, afrodescendiente ni afroamericano de Estados Unidos ni del mundo, mucho menos de este infeliz e infecto villorrio.
Mi querido Julio, lamento no acompañarte en tu duelo personal, duelo que por demás entiendo, pero no comparto (mucho menos cuándo el Tío Sam le acaba de conceder a mi primogénito la visa por cinco años, cosa que me permitirá regresar a la gran nación en diciembre). Más bien te invito a disfrutar de cuatro años de un gobierno tan demócrata como el de Bill Clinton, Jimmy Carter o JFK, todos ellos tan blancos como el azúcar y tan americanos como el Lucky Strike.
Un abrazo.
Leonardo Páez Vanegas.
El maestro tiene la razón. Entre otras cosas porque el negro no es color. El negro es la ausencia de todo color. Así como el blanco es la superposición de todos los colores.
Cumplido el ejercicio de limpiar el neuma sólo resta levantar trincheras contra las hordas revanchitas de las negritudes y sus secuaces. Es necesario sentar un firme precedente. Obama, El Mestizo no representa a los costeños del litoral atlántico ni a las mingas caucanas de aborígenes terratenientes ni a los sórdidos intereses políticos de Piñacué y la senadora de sesera abollada.
Barack Obama es un subproducto de los masificados vicios yanquis, un desliz de la democracia angloamericana. Una atracción momentánea de la política internacional. En caso de que el híbrido se tuerza, el país de George Patton tiene razones muy estadounidenses para atender la descompostura. Los tejanos saben que un mandatario mezclado es pieza de reemplazo. La idea tiene un sustento histórico irrefutable.
El general William Henry Harrison asesinó al líder indígena Shawi Tecumseh. (Los hechos ocurrieron en 1813). El aborigen, antes de perecer, maldijo a los presidentes estadounidenses: “…Todos aquellos que sean elegidos en años terminados en cero morirán antes de terminar su período…”.
La imprecación fue conocida como el Factor Cero. William H. Harrison fue presidente en 1840 y murió el 4 de abril de 1841. Abraham Lincoln, elegido en 1860, murió asesinado el 14 de abril de 1865. James Abram Garfield, elegido en 1880, murió por causa de un atentado, el 19 de septiembre de 1881. William McKinley, elegido en 1900, murió por causa de un atentado, el 14 de septiembre de 1901. Franklin Delano Roosevelt, elegido en 1940, murió el 12 de abril de 1945. John F. Kennedy, elegido en 1960, fue asesinado el 22 de noviembre de 1963.
En síntesis, la gentuza afrodescendiente debe aceptar que el hawaiano desteñido es un gran devoto del Ku Klux Klan. El blanquecino electo no necesita un bochinche etno-polinesio que pueda llegar a desencadenar el Factor Obama.
El arsenal de protestas estaba precedido por un virtuoso comunicado de emergencia que fue enviado por correo electrónico a los abonados. “Amigos: Busco al nieto de Lee Harvey Oswald para entrenarlo en tiro al negro”.
Las negritudes envalentonadas llenaron el buzón con respuestas rencorosas y vulgares pataleos de cimarrones bozales. Me disponía a batirme contra la canalla furibunda cuando llegó una voz de consuelo. El argumento, valioso y contundente, en contra de mi posición arruinó la diversión.
Adiós al restañar del látigo verbal. Un dilecto amigo e ilustre catedrático me devolvió el alma al cuerpo con una brillante tesis sobre la genética de Barack Obama. “Obama no es negro”. A esa postura conceptual me adhiero con la humildad de un naufrago rescatado del mar de la equivocación.
El contertulio redactó una sentencia maravillosa:
“…Apreciado amigo:
Por primera vez en nuestra larga amistad me veo obligado a disentir de tus apreciaciones. Precisamente hoy he sostenido agrias discusiones con algunos de mis colaboradores, -entre ellos un recalcitrante ‘izquierdoso’ de la Nacional- sobre el triunfo del mal llamado candidato afroamericano. Mi tesis es muy simple y se cae de su propio peso: Obama no es negro.
Litros de bilis segregué ayer cuando veía como los representantes de organizaciones defensoras de los negros y otras especies en vías de extinción, pontificaban a través de los medios argumentando que “por fin uno de los suyos” había demostrado que Estados Unidos no era un país blanco y protestante (¡ja!) ¿Cómo es posible que Piedad Córdoba y otros súcubos de la misma laya se sientan representados o, peor aún, reivindicados por un individuo que merced a las ligerezas de su madre, heredó genes de un inmigrante africano (keniano, ni siquiera de Liberia) que al poco tiempo de su alumbramiento desapareció como lo hacen muchos de los mamíferos de las praderas subsaharianas? No nos digamos mentiras, Obama es un mestizo, que nació como blanco, creció como blanco, estudio con los blancos y por las mismas razones llegó a donde llegó.
¿Negro?, negro Martin Luther King, negro Malcolm X, negro el reverendo Jesse Jackson, ¡esos sí son negros y de los peligrosos! Y por eso terminaron como terminaron. Me pregunto ¿cuántas veces ha visitado Obama a Harlem? o mejor ¿Obama conoce Harlem? Obama no es negro ni representa los intereses de ningún negro, afrodescendiente ni afroamericano de Estados Unidos ni del mundo, mucho menos de este infeliz e infecto villorrio.
Mi querido Julio, lamento no acompañarte en tu duelo personal, duelo que por demás entiendo, pero no comparto (mucho menos cuándo el Tío Sam le acaba de conceder a mi primogénito la visa por cinco años, cosa que me permitirá regresar a la gran nación en diciembre). Más bien te invito a disfrutar de cuatro años de un gobierno tan demócrata como el de Bill Clinton, Jimmy Carter o JFK, todos ellos tan blancos como el azúcar y tan americanos como el Lucky Strike.
Un abrazo.
Leonardo Páez Vanegas.
El maestro tiene la razón. Entre otras cosas porque el negro no es color. El negro es la ausencia de todo color. Así como el blanco es la superposición de todos los colores.
Cumplido el ejercicio de limpiar el neuma sólo resta levantar trincheras contra las hordas revanchitas de las negritudes y sus secuaces. Es necesario sentar un firme precedente. Obama, El Mestizo no representa a los costeños del litoral atlántico ni a las mingas caucanas de aborígenes terratenientes ni a los sórdidos intereses políticos de Piñacué y la senadora de sesera abollada.
Barack Obama es un subproducto de los masificados vicios yanquis, un desliz de la democracia angloamericana. Una atracción momentánea de la política internacional. En caso de que el híbrido se tuerza, el país de George Patton tiene razones muy estadounidenses para atender la descompostura. Los tejanos saben que un mandatario mezclado es pieza de reemplazo. La idea tiene un sustento histórico irrefutable.
El general William Henry Harrison asesinó al líder indígena Shawi Tecumseh. (Los hechos ocurrieron en 1813). El aborigen, antes de perecer, maldijo a los presidentes estadounidenses: “…Todos aquellos que sean elegidos en años terminados en cero morirán antes de terminar su período…”.
La imprecación fue conocida como el Factor Cero. William H. Harrison fue presidente en 1840 y murió el 4 de abril de 1841. Abraham Lincoln, elegido en 1860, murió asesinado el 14 de abril de 1865. James Abram Garfield, elegido en 1880, murió por causa de un atentado, el 19 de septiembre de 1881. William McKinley, elegido en 1900, murió por causa de un atentado, el 14 de septiembre de 1901. Franklin Delano Roosevelt, elegido en 1940, murió el 12 de abril de 1945. John F. Kennedy, elegido en 1960, fue asesinado el 22 de noviembre de 1963.
En síntesis, la gentuza afrodescendiente debe aceptar que el hawaiano desteñido es un gran devoto del Ku Klux Klan. El blanquecino electo no necesita un bochinche etno-polinesio que pueda llegar a desencadenar el Factor Obama.
martes, 28 de octubre de 2008
Avisos clasificados
Farsolandia, el reino de la ilegalidad, está en oferta. Uribe y José Obdulio buscan socio para financiar el fracaso. Ofrecen recompensas y aplausos para los sicarios. El dúo de la maldad insiste en capturar aves de carroña para que vuelen sobre la patria de las fosas comunes. Gangas.
Las Farc invitan a un curso sobre Seguridad Democrática. Aprenda a conjugar los verbos secuestrar, asesinar, extorsionar, violar y desertar. Podrá reclamar 1.000 millones de pesos y un viaje a París, con manceba incluida, por cuenta de los impuestos pagados por las víctimas.
Compre la Lotería del Meta y reclame la foto de un negro que quiere ser presidente del Ku Klux Klan.
El sindicato de juristas vendió a la rama judicial por una conmoción interior. Feriaron la verdad con moción interior.
Los corteros de la caña de azúcar quieren hacer la marcha de la sal. Paramilitares les ofrecen motosierras de segunda.
Alberto Santofimio Botero ofrece clases gratis de “galantería”.
Alberto Santofimio Botero dictará un cursillo sobre vergüenza penal. El ex parlamentario probó que la Fiscalía es como la coqueta de Oliva. La corteja Brutus y la disfruta Popeye.
El general Jesús Arias Cabrales, el Héroe de la Democracia, busca una ametralladora M-19 para defender su inocencia.
“Nunca es tarde para estudiar”. Los cadáveres de los desaparecidos del Palacio de Justicia están en los laboratorios de la Universidad Nacional, afirmó el coronel Plazas Vega.
Las Farc invitan a un curso sobre Seguridad Democrática. Aprenda a conjugar los verbos secuestrar, asesinar, extorsionar, violar y desertar. Podrá reclamar 1.000 millones de pesos y un viaje a París, con manceba incluida, por cuenta de los impuestos pagados por las víctimas.
Compre la Lotería del Meta y reclame la foto de un negro que quiere ser presidente del Ku Klux Klan.
El sindicato de juristas vendió a la rama judicial por una conmoción interior. Feriaron la verdad con moción interior.
Los corteros de la caña de azúcar quieren hacer la marcha de la sal. Paramilitares les ofrecen motosierras de segunda.
Alberto Santofimio Botero ofrece clases gratis de “galantería”.
Alberto Santofimio Botero dictará un cursillo sobre vergüenza penal. El ex parlamentario probó que la Fiscalía es como la coqueta de Oliva. La corteja Brutus y la disfruta Popeye.
El general Jesús Arias Cabrales, el Héroe de la Democracia, busca una ametralladora M-19 para defender su inocencia.
“Nunca es tarde para estudiar”. Los cadáveres de los desaparecidos del Palacio de Justicia están en los laboratorios de la Universidad Nacional, afirmó el coronel Plazas Vega.
lunes, 13 de octubre de 2008
Convulsión barrial
El aprendiz de tirano declaró la conmoción interior. El paupérrimo concepto constitucional es la consecuencia del desastre normativo escrito en un código legalizado por el soborno.
Farsolandia, el primer error de la Historia, es feliz con el tumulto levantisco en su alma de parcela. El paisito es un yerro garrafal del rezago oscurantista medieval. Es una mancha en la cartografía naviera del siglo XVI. La equivocación de Colón se tradujo en un mote delineado por la burla, Las Indias. A Cristóbal Colón, el juez Francisco de Bobadilla, lo metió preso por la defecada continental de 1492. No era para menos. Sirva la condena de consuelo moral.
Desde la invasión ibérica, el anteproyecto de guarida cavernícola vive en una remoción constante. Pero Uribe no sabe qué es una conmoción. El masón de Palacio aún ignora el uso semántico de la perturbación nacional. Tres casos le pueden ilustrar sobre el significado de la palabreja.
El primero sucedió al principio de un crepúsculo invernal de verano. Un indigente instaló su costal al abrigo de una corporación bancaria ubicada en la esquina de la carrera 13 con calle 64. El sujeto se echó a dormir a pierna suelta en el frío andén. Ni el celador ni la Policía llegaron para convertirlo en balón de fútbol. El milagro traía un presagio cruel.
Pasó una semana. El durmiente privatizó su derecho a la ocupación del asfalto. Un jueves, sobre las 6:30 p.m., roncaba el pobre desgalamido. El rostro, tiznado por una mugre antidiluviana, mostraba una sonrisa amable. La paz onírica fue brutalmente interrumpida por una serie de alaridos histéricos de posesos en exorcismo radiofónico. El lío se desencadenó con furia descuajaringada.
El saqueo visigodo de Roma parecía una piñata sabatina comparada con la trifulca vespertina y chapineruna. Los hechos son cabeza de proceso contra la urbe caída.
Dos señoras, muy emperifolladas, pasaron por el lado del dormilón. Las damas hacían sonar sus carramplones cual potrancas recién herradas. Las minifaldas se meneaban coquetas. La más joven del dúo incrustó el tacón puntilla en el desguarnecido dedo meñique del mendicante roncador.
El sujeto, máquina descompuesta, se incorporó al instante. La mitad de su cuerpo liberó la inercia del resorte. La mugrienta cabeza quedó metida entre la faldita y los glúteos. La agresora saltó, gritó, gimió, lloró, chilló, vociferó y huyó despavorida calle abajo. Su acompañante, ante el ataque por la retaguardia, decidió suicidarse y se lanzó contra el torrente vehicular de la 64. Infortunadamente, por ser la hora del trancón, no pudo ser arrollada. La orate en trance rodó, con sus bragas al aire, por encima del capó de un Jeep. La mujerona buscó ayuda en un taxista.
El chófer la calmó con una frase galante: “Gurre hijueputa, ¿quiere varilla o cigüeñal?”
La secuencia del escándalo creció. El gozque del parqueadero de motocicletas ladró furioso, los chulos del burdel chiflaron, las rameras soltaron la carcajada, el vendedor de arepas sopló el anafe y los cajeros interrumpieron sus transacciones. Los saltitos descontrolados persistían con gritos agudísimos. El semáforo cambió y un grupo de peatones curiosos le preguntó al mendicante despierto: ¿qué pasó? El desconcertado infeliz, sentado sobre una hedionda cobija con olor a tufo de hipopótamo, contestó: “Me despertó una nalgada”.
Las gritonas aceptaron la dimensión del ridículo y desaparecieron.
La otra alharaca ocurrió cuadras y días más lejos.
El tipógrafo de Muequetá compró un hámster Roborovski (Phodopus roborovskii). El pequeño aspirante a gran roedor de la superfamilia de los múridos se mantenía en su jaula sin más fatigas que el rodaje inútil de la bestia encarcelada. El hiperactivo enano, de pelaje color café, creció hasta los cuatro centímetros. Al llegar a esa edad, con altura minúscula, el dueño decidió darle un rato de sol con lluvia.
La salida coincidió con una odiosa visita familiar al taller. La extensa parentela la componían primas, sobrinas, hijas, novias, amigas, mozas y hermanas. El batallón de féminas, en reunión dominguera, se arremolinó contra el hombre. La estridente capacidad oral superaba las veinte voces, los cincuenta chismes y un diálogo perpetuo de formas voluptuosas.
El trabajador, para evitarse el sofoco zalamero, echó el hámster a la calle y detrás le lanzó al gato hambriento. El atigrado saltó del brazo del amo con soltura olímpica. La presa corría atortolada por sobre los zapatos femeninos. Los guargüeros emitían una algarabía de aquelarre. Las hembras desertaron en despavorida desbandada.
Las nenas huían dando corcoveos y aullidos dignos de un neardental enardecido. El lambón de turno, un noviecito novato, intentó impresionar a la suegra. El tontorrón quiso aplastar con su bota al proyecto de ratón. El felino metió la zarpa y salvó al hámster de ser convertido en sanguinolenta papilla. El minino tuvo piedad de su cena y se dedicó a lamerlo con gustosa marrullería. El patrón, ante la alarma del vecindario, rescató al félido de atragantarse con el aterrorizado hamstercillo.
Las faldas desbocadas se estrellaron contra pechos varoniles que las admiraban clandestinos. Las enamoradas produjeron varias protuberancias inocultables en las braguetas.
Las consecuencias de los encontronazos produjeron rubores lascivos. El padrote escuchó la algarabía de su hembraje. Indignado, salió y silenció a la barriada con un eructo de marrano cebado.
El dato de cierre envejece al redactor porque es un acto aberrante, producido por la catalepsia de un Estado deforme. Un sujeto anónimo buscó afanado una casa comercial (compraventa) de la avenida Caracas. El fulano entró en el establecimiento para empeñar un gallo de pelea. El plumífero fue aceptado por el agiotista y amarrado con una cabuya grasienta al manubrio de una bicicleta. Se necesita una patria derrotada para que un gallero empeñe su ave de combate. El fuego que asoló a Sodoma clama por una incineración instantánea.
La solución a este desbarajuste inmoral implora por el regreso al imperio del orden teocrático y a la represión del supremo inquisidor. El fin justifica el medio dictatorial.
El siglo XVIII es el modelo a seguir. Los mayorazgos eran los campos del orden sin progreso en esta sabana de ungulados. La vara del patrón, sobre el lomo del peón, domesticaba la malicia. En aquella época feliz, la ortodoxia conservadora guiaba los pulcros destinos morales sin guachafitas ni idolatrías.
Habrá que volver a las penas severísimas y a la dictadura sangrienta para suprimir las ideas revoltosas. El poder virreinal debe ser reinstaurado para sofocar la febrícula o hipertermia tropical. Hay que extirpar el estribillo pecador de la libertad religiosa, el populismo liberal, la anarquía zurda y cualquier embuste que atente contra el derecho del absolutismo.
Así, el señor mayordomo no tendría que declarar la conmoción interior. Además, la Colombia pordiosera no despertaría de su infame pobreza contra un culo de silicona.
Farsolandia, el primer error de la Historia, es feliz con el tumulto levantisco en su alma de parcela. El paisito es un yerro garrafal del rezago oscurantista medieval. Es una mancha en la cartografía naviera del siglo XVI. La equivocación de Colón se tradujo en un mote delineado por la burla, Las Indias. A Cristóbal Colón, el juez Francisco de Bobadilla, lo metió preso por la defecada continental de 1492. No era para menos. Sirva la condena de consuelo moral.
Desde la invasión ibérica, el anteproyecto de guarida cavernícola vive en una remoción constante. Pero Uribe no sabe qué es una conmoción. El masón de Palacio aún ignora el uso semántico de la perturbación nacional. Tres casos le pueden ilustrar sobre el significado de la palabreja.
El primero sucedió al principio de un crepúsculo invernal de verano. Un indigente instaló su costal al abrigo de una corporación bancaria ubicada en la esquina de la carrera 13 con calle 64. El sujeto se echó a dormir a pierna suelta en el frío andén. Ni el celador ni la Policía llegaron para convertirlo en balón de fútbol. El milagro traía un presagio cruel.
Pasó una semana. El durmiente privatizó su derecho a la ocupación del asfalto. Un jueves, sobre las 6:30 p.m., roncaba el pobre desgalamido. El rostro, tiznado por una mugre antidiluviana, mostraba una sonrisa amable. La paz onírica fue brutalmente interrumpida por una serie de alaridos histéricos de posesos en exorcismo radiofónico. El lío se desencadenó con furia descuajaringada.
El saqueo visigodo de Roma parecía una piñata sabatina comparada con la trifulca vespertina y chapineruna. Los hechos son cabeza de proceso contra la urbe caída.
Dos señoras, muy emperifolladas, pasaron por el lado del dormilón. Las damas hacían sonar sus carramplones cual potrancas recién herradas. Las minifaldas se meneaban coquetas. La más joven del dúo incrustó el tacón puntilla en el desguarnecido dedo meñique del mendicante roncador.
El sujeto, máquina descompuesta, se incorporó al instante. La mitad de su cuerpo liberó la inercia del resorte. La mugrienta cabeza quedó metida entre la faldita y los glúteos. La agresora saltó, gritó, gimió, lloró, chilló, vociferó y huyó despavorida calle abajo. Su acompañante, ante el ataque por la retaguardia, decidió suicidarse y se lanzó contra el torrente vehicular de la 64. Infortunadamente, por ser la hora del trancón, no pudo ser arrollada. La orate en trance rodó, con sus bragas al aire, por encima del capó de un Jeep. La mujerona buscó ayuda en un taxista.
El chófer la calmó con una frase galante: “Gurre hijueputa, ¿quiere varilla o cigüeñal?”
La secuencia del escándalo creció. El gozque del parqueadero de motocicletas ladró furioso, los chulos del burdel chiflaron, las rameras soltaron la carcajada, el vendedor de arepas sopló el anafe y los cajeros interrumpieron sus transacciones. Los saltitos descontrolados persistían con gritos agudísimos. El semáforo cambió y un grupo de peatones curiosos le preguntó al mendicante despierto: ¿qué pasó? El desconcertado infeliz, sentado sobre una hedionda cobija con olor a tufo de hipopótamo, contestó: “Me despertó una nalgada”.
Las gritonas aceptaron la dimensión del ridículo y desaparecieron.
La otra alharaca ocurrió cuadras y días más lejos.
El tipógrafo de Muequetá compró un hámster Roborovski (Phodopus roborovskii). El pequeño aspirante a gran roedor de la superfamilia de los múridos se mantenía en su jaula sin más fatigas que el rodaje inútil de la bestia encarcelada. El hiperactivo enano, de pelaje color café, creció hasta los cuatro centímetros. Al llegar a esa edad, con altura minúscula, el dueño decidió darle un rato de sol con lluvia.
La salida coincidió con una odiosa visita familiar al taller. La extensa parentela la componían primas, sobrinas, hijas, novias, amigas, mozas y hermanas. El batallón de féminas, en reunión dominguera, se arremolinó contra el hombre. La estridente capacidad oral superaba las veinte voces, los cincuenta chismes y un diálogo perpetuo de formas voluptuosas.
El trabajador, para evitarse el sofoco zalamero, echó el hámster a la calle y detrás le lanzó al gato hambriento. El atigrado saltó del brazo del amo con soltura olímpica. La presa corría atortolada por sobre los zapatos femeninos. Los guargüeros emitían una algarabía de aquelarre. Las hembras desertaron en despavorida desbandada.
Las nenas huían dando corcoveos y aullidos dignos de un neardental enardecido. El lambón de turno, un noviecito novato, intentó impresionar a la suegra. El tontorrón quiso aplastar con su bota al proyecto de ratón. El felino metió la zarpa y salvó al hámster de ser convertido en sanguinolenta papilla. El minino tuvo piedad de su cena y se dedicó a lamerlo con gustosa marrullería. El patrón, ante la alarma del vecindario, rescató al félido de atragantarse con el aterrorizado hamstercillo.
Las faldas desbocadas se estrellaron contra pechos varoniles que las admiraban clandestinos. Las enamoradas produjeron varias protuberancias inocultables en las braguetas.
Las consecuencias de los encontronazos produjeron rubores lascivos. El padrote escuchó la algarabía de su hembraje. Indignado, salió y silenció a la barriada con un eructo de marrano cebado.
El dato de cierre envejece al redactor porque es un acto aberrante, producido por la catalepsia de un Estado deforme. Un sujeto anónimo buscó afanado una casa comercial (compraventa) de la avenida Caracas. El fulano entró en el establecimiento para empeñar un gallo de pelea. El plumífero fue aceptado por el agiotista y amarrado con una cabuya grasienta al manubrio de una bicicleta. Se necesita una patria derrotada para que un gallero empeñe su ave de combate. El fuego que asoló a Sodoma clama por una incineración instantánea.
La solución a este desbarajuste inmoral implora por el regreso al imperio del orden teocrático y a la represión del supremo inquisidor. El fin justifica el medio dictatorial.
El siglo XVIII es el modelo a seguir. Los mayorazgos eran los campos del orden sin progreso en esta sabana de ungulados. La vara del patrón, sobre el lomo del peón, domesticaba la malicia. En aquella época feliz, la ortodoxia conservadora guiaba los pulcros destinos morales sin guachafitas ni idolatrías.
Habrá que volver a las penas severísimas y a la dictadura sangrienta para suprimir las ideas revoltosas. El poder virreinal debe ser reinstaurado para sofocar la febrícula o hipertermia tropical. Hay que extirpar el estribillo pecador de la libertad religiosa, el populismo liberal, la anarquía zurda y cualquier embuste que atente contra el derecho del absolutismo.
Así, el señor mayordomo no tendría que declarar la conmoción interior. Además, la Colombia pordiosera no despertaría de su infame pobreza contra un culo de silicona.
miércoles, 24 de septiembre de 2008
¿Farsolandia o Farsalandia?
El título del blog ha sido cuestionado por un lector que sugiere volver a la cordura semántica y decir: “Farsalandia”.
El buen consejero, aparentemente, tiene la razón. Sin embargo, se olvida de que en Colombia la mentira es víctima de una falsificación desmejorada. La calumnia se mistifica con el insulto y el axioma muere.
En ese pueblo de mitómanos, embrujados por los desahumerios de Regina 11, la impostura es la costumbre del perjurio. La cotidianidad lo confirma. ¿Entonces cómo se hace para subsistir en un pastizal donde la única verdad es la mentira?
Simple, se cambia la farsa por “la farso”. Dos palabras sin alma.
Al lingüista, atormentado por la ortodoxia gramatical, se le sugiere leer la realidad doméstica porque ella defiende al neologismo. Le basta con escuchar a Uribe, el Culebrero.
El caudillo farsolandés se caracteriza por su idolatría veterotestamentaria por el fraude, el engaño y la falsedad. Los sinónimos, enrazados con el infundio, le sirven para alardear de su virtuosa capacidad para la trácala.
El mandatario tolera y estimula el legalizado “mercado del agáchese”. El problema radica en el paradigma de las relaciones mercantiles adaptadas para injertar el delito en el trabajo.
El ciudadano inope compra, en un puesto callejero, cuchillas para afeitarse. Hasta ahí la infracción institucional es una obra patriótica del contrabando. Lo criminal del asunto es que la máquina desechable, muy bien empacada, sea de segunda y conserve trozos de hirsutos pelambres.
La lista de los oropeles es un himno nacional a la trasgresión. Los discos compactos, los videos, los teléfonos, los relojes y las lociones son adminículos, falsificados en China, que ingresan a Farsolandia para ser devaluados por la tecnología fraudulenta de la sustitución simulada. El mimetismo de los facinerosos hace de la reventa un estercolero para fecundar las políticas del subdesarrollo. (Les prometen legalizar el matute).
Entendido el proceso del artificio no se puede hablar de farsa en términos de significados exactos como: engaño, patraña, ficción, comedia, enredo, fingimiento, tramoya y trampa porque se caería en el vicio de los trapaceros. Sería un sofisma. La mentira nativa debe ser pervertida para que reciba el sello de calidad. El vicio de nulidad dice: “Chiviado en Colombia”.
Esa aldea, con el remoquete de república, es ducha en el plagio. La tarea de los avispados, castrados en su creatividad, es un acto fatídico. El plagiador pertenece a la subespecie engendrada por el comportamiento mediocre de los trapisondistas. El sujeto, un fulano de tal, es fingido y engañador.
El resultado de sus obras legendarias se lee en los diarios. Las noticias, que claman paredón, se pierden en la apática indiferencia precolombina. Las historias forman parte del concepto de la civilización de los tugurios.
La realidad asombra a la farsa:
Junio 30 de 2008.
En San José del Guaviare construyeron una urbanización compuesta por 180 casas de interés social. Las edificaciones, de tres pisos, no tienen escaleras.
Julio. En Manizales. Dos putas, menores de edad, ingresaron a un CAI móvil de la Policía para fornicar con un vago.
14 de julio. A un conductor le impusieron un comparendo por pasarse una luz en rojo. Los hechos ocurrieron en la Avenida Boyacá con calle 68 donde no hay semáforo. Hay puente vial.
Los autores de estos atropellos a la creación son expertos en adulterar, desnaturalizar, corromper, contrahacer, torcer y descomponer. Aman el disimulo y la falsía. Sobreviven para alterar, en detrimento del embrollo, los chanchullos amañados.
Son teguas sofísticos, adventicios, ficticios, fingidos, falaces, desleales felones, perjuros, pérfidos, simuladores, inexactos, artificiales, desfigurados, apócrifos, equivocados y subrepticios. Son la colombianada, supuesta y variada, para uso del mal.
Nada, en esa aberrante dehesa de matachines estrambóticos, sucede bajo el imperio de una lógica saludable. El genoma perdido la condena. La trifulca biológica señala un derrotero pródigo en descalabros. El infausto delictivo tiene su fondo científico irrefutable. Las herencias atávicas del español saqueador, el marrullero resabio del negro cimarrón y la malicia postdiluviana del indígena taimado crearon al reptil político.
El lagarto, de coraza facsímile, convierte la falacia en el sosiego elemental del atentado. La conducta del embuste es idéntica a su portador. No importa si se apoda Horacio, Obdulio, Álvaro, Hugo, Evo o Rafael la tragedia contumaz se aproxima con sus inundaciones de babaza.
En conclusión, Farsolandia es una farsa adulterada, maquillada, falaz, artera y ponzoñosa. Farsolandia es una fotocopia espuria de una colombianidad embustera.
El buen consejero, aparentemente, tiene la razón. Sin embargo, se olvida de que en Colombia la mentira es víctima de una falsificación desmejorada. La calumnia se mistifica con el insulto y el axioma muere.
En ese pueblo de mitómanos, embrujados por los desahumerios de Regina 11, la impostura es la costumbre del perjurio. La cotidianidad lo confirma. ¿Entonces cómo se hace para subsistir en un pastizal donde la única verdad es la mentira?
Simple, se cambia la farsa por “la farso”. Dos palabras sin alma.
Al lingüista, atormentado por la ortodoxia gramatical, se le sugiere leer la realidad doméstica porque ella defiende al neologismo. Le basta con escuchar a Uribe, el Culebrero.
El caudillo farsolandés se caracteriza por su idolatría veterotestamentaria por el fraude, el engaño y la falsedad. Los sinónimos, enrazados con el infundio, le sirven para alardear de su virtuosa capacidad para la trácala.
El mandatario tolera y estimula el legalizado “mercado del agáchese”. El problema radica en el paradigma de las relaciones mercantiles adaptadas para injertar el delito en el trabajo.
El ciudadano inope compra, en un puesto callejero, cuchillas para afeitarse. Hasta ahí la infracción institucional es una obra patriótica del contrabando. Lo criminal del asunto es que la máquina desechable, muy bien empacada, sea de segunda y conserve trozos de hirsutos pelambres.
La lista de los oropeles es un himno nacional a la trasgresión. Los discos compactos, los videos, los teléfonos, los relojes y las lociones son adminículos, falsificados en China, que ingresan a Farsolandia para ser devaluados por la tecnología fraudulenta de la sustitución simulada. El mimetismo de los facinerosos hace de la reventa un estercolero para fecundar las políticas del subdesarrollo. (Les prometen legalizar el matute).
Entendido el proceso del artificio no se puede hablar de farsa en términos de significados exactos como: engaño, patraña, ficción, comedia, enredo, fingimiento, tramoya y trampa porque se caería en el vicio de los trapaceros. Sería un sofisma. La mentira nativa debe ser pervertida para que reciba el sello de calidad. El vicio de nulidad dice: “Chiviado en Colombia”.
Esa aldea, con el remoquete de república, es ducha en el plagio. La tarea de los avispados, castrados en su creatividad, es un acto fatídico. El plagiador pertenece a la subespecie engendrada por el comportamiento mediocre de los trapisondistas. El sujeto, un fulano de tal, es fingido y engañador.
El resultado de sus obras legendarias se lee en los diarios. Las noticias, que claman paredón, se pierden en la apática indiferencia precolombina. Las historias forman parte del concepto de la civilización de los tugurios.
La realidad asombra a la farsa:
Junio 30 de 2008.
En San José del Guaviare construyeron una urbanización compuesta por 180 casas de interés social. Las edificaciones, de tres pisos, no tienen escaleras.
Julio. En Manizales. Dos putas, menores de edad, ingresaron a un CAI móvil de la Policía para fornicar con un vago.
14 de julio. A un conductor le impusieron un comparendo por pasarse una luz en rojo. Los hechos ocurrieron en la Avenida Boyacá con calle 68 donde no hay semáforo. Hay puente vial.
Los autores de estos atropellos a la creación son expertos en adulterar, desnaturalizar, corromper, contrahacer, torcer y descomponer. Aman el disimulo y la falsía. Sobreviven para alterar, en detrimento del embrollo, los chanchullos amañados.
Son teguas sofísticos, adventicios, ficticios, fingidos, falaces, desleales felones, perjuros, pérfidos, simuladores, inexactos, artificiales, desfigurados, apócrifos, equivocados y subrepticios. Son la colombianada, supuesta y variada, para uso del mal.
Nada, en esa aberrante dehesa de matachines estrambóticos, sucede bajo el imperio de una lógica saludable. El genoma perdido la condena. La trifulca biológica señala un derrotero pródigo en descalabros. El infausto delictivo tiene su fondo científico irrefutable. Las herencias atávicas del español saqueador, el marrullero resabio del negro cimarrón y la malicia postdiluviana del indígena taimado crearon al reptil político.
El lagarto, de coraza facsímile, convierte la falacia en el sosiego elemental del atentado. La conducta del embuste es idéntica a su portador. No importa si se apoda Horacio, Obdulio, Álvaro, Hugo, Evo o Rafael la tragedia contumaz se aproxima con sus inundaciones de babaza.
En conclusión, Farsolandia es una farsa adulterada, maquillada, falaz, artera y ponzoñosa. Farsolandia es una fotocopia espuria de una colombianidad embustera.
lunes, 8 de septiembre de 2008
sin la razón y con la fuerza
La copera destapó una cerveza y gritó: “Este es un antipatriótico”. La hembra se preparó para un duelo a pico de botella.
El eco llegó lejos y alertó a la guacherna.
El noviecito sabatino le soltó la mano a la nena (un animalito de paso fino) y salió corriendo detrás de un taxista bocón para romperle los vidrios al vehículo. El sujeto lanzó su morral a la calle y alcanzó al supuesto agresor en el trancón. La montonera chifló y se arremolinó en grosera justa de patanes. La novia y sus amigas emitieron gritos histéricos de colegialas sorprendidas en el baño para hombres de un convento.
Segundos más tarde, un gomelo atropelló a una bicicleta de cross tirada en la calle frente a la venta de perros calientes. La llanta machucó y patinó sobre el maltrecho artefacto. El conductor aceleró y estuvo apunto de realizar una tarea de geopolítica nazi cuando embistió furioso a un montón de costeños que intentaban colarse en un bar. El andén angosto los albergó a todos en la milimétrica posición de firmes y asustados.
La deportista, un muérgano de pedigrí, reestructuró el pedazo de velocípedo y salió en feroz persecución. El truhán vociferaba: “Esa gorronea me las paga, lo bajo a pata. La madre que sí.”
Los pensionados, encopetados y lagartos, que bajaban del Club de la FAC gritaban: “Vaya, demándelo”. En la cara estaba ese gesto porfiado y azuzador. La complacencia de la sonrisa marrullera era digna de un dipsómano cachaco.
La furrusca tenía todos los ingredientes nacionales para incrementar el pago de obituarios en los periódicos capitalinos.
La Policía Metropolitana apareció de milagro. Dos agentes motorizados llegaron para amonestar a los conductores parqueados sobre la angosta callejuela. Ocho uniformados más ingresaron al tumulto a pie.
El ensayo del Harmagedón se desencadenó en la frontera cultural de Chapinero, un reducido pasadizo que comunica dos mundos distintos, el tugurio y el láit. La estrecha curva de la calle 63, entre carreras novena y décima, sirve de punto de encuentro a la bohemia, el arte, los anticuarios y la gaminería.
El conato de revuelta urbano sucedió el pasado 6 de septiembre a las nueve de la noche. Los desalentados y hambrientos hinchas de la selección fracaso de fútbol calmaban su hambre de triunfo con las deliciosas salchichas hervidas del sector. La derrota, uno por cero, en el Estadio el Campín los tenía con el rabo entre las piernas y las fauces abiertas.
¿Qué desencadenó esa atroz dinámica de las brutales fuerzas atrabiliarias? La respuesta es un grito fenomenal de este redactor: ¡Viva Uruguay!
De puras vainas su cuero cabelludo sigue en el puesto habitual. El humor negro, el aguardiente y la frustración no son una buena mezcla, pero resulta divertido.
El episodio se calmó con la llegada providencial de los uniformados. Es increíble que la juerga los obnubile hasta el punto de no comprender que al mundial de Sudáfrica 2010 sólo deben ir jugadores profesionales y no vulgares aprendices que corcovean en los potreros. Además, en el próximo partido, hay que apoyar a Chile por la virtuosa enseña de su Escudo Nacional: “Por la razón o la fuerza”.
El eco llegó lejos y alertó a la guacherna.
El noviecito sabatino le soltó la mano a la nena (un animalito de paso fino) y salió corriendo detrás de un taxista bocón para romperle los vidrios al vehículo. El sujeto lanzó su morral a la calle y alcanzó al supuesto agresor en el trancón. La montonera chifló y se arremolinó en grosera justa de patanes. La novia y sus amigas emitieron gritos histéricos de colegialas sorprendidas en el baño para hombres de un convento.
Segundos más tarde, un gomelo atropelló a una bicicleta de cross tirada en la calle frente a la venta de perros calientes. La llanta machucó y patinó sobre el maltrecho artefacto. El conductor aceleró y estuvo apunto de realizar una tarea de geopolítica nazi cuando embistió furioso a un montón de costeños que intentaban colarse en un bar. El andén angosto los albergó a todos en la milimétrica posición de firmes y asustados.
La deportista, un muérgano de pedigrí, reestructuró el pedazo de velocípedo y salió en feroz persecución. El truhán vociferaba: “Esa gorronea me las paga, lo bajo a pata. La madre que sí.”
Los pensionados, encopetados y lagartos, que bajaban del Club de la FAC gritaban: “Vaya, demándelo”. En la cara estaba ese gesto porfiado y azuzador. La complacencia de la sonrisa marrullera era digna de un dipsómano cachaco.
La furrusca tenía todos los ingredientes nacionales para incrementar el pago de obituarios en los periódicos capitalinos.
La Policía Metropolitana apareció de milagro. Dos agentes motorizados llegaron para amonestar a los conductores parqueados sobre la angosta callejuela. Ocho uniformados más ingresaron al tumulto a pie.
El ensayo del Harmagedón se desencadenó en la frontera cultural de Chapinero, un reducido pasadizo que comunica dos mundos distintos, el tugurio y el láit. La estrecha curva de la calle 63, entre carreras novena y décima, sirve de punto de encuentro a la bohemia, el arte, los anticuarios y la gaminería.
El conato de revuelta urbano sucedió el pasado 6 de septiembre a las nueve de la noche. Los desalentados y hambrientos hinchas de la selección fracaso de fútbol calmaban su hambre de triunfo con las deliciosas salchichas hervidas del sector. La derrota, uno por cero, en el Estadio el Campín los tenía con el rabo entre las piernas y las fauces abiertas.
¿Qué desencadenó esa atroz dinámica de las brutales fuerzas atrabiliarias? La respuesta es un grito fenomenal de este redactor: ¡Viva Uruguay!
De puras vainas su cuero cabelludo sigue en el puesto habitual. El humor negro, el aguardiente y la frustración no son una buena mezcla, pero resulta divertido.
El episodio se calmó con la llegada providencial de los uniformados. Es increíble que la juerga los obnubile hasta el punto de no comprender que al mundial de Sudáfrica 2010 sólo deben ir jugadores profesionales y no vulgares aprendices que corcovean en los potreros. Además, en el próximo partido, hay que apoyar a Chile por la virtuosa enseña de su Escudo Nacional: “Por la razón o la fuerza”.
lunes, 25 de agosto de 2008
La victoria del fracaso
Farsolandia celebra sus derrotas.
El ridículo, lo grotesco, lo risible, lo incongruente, el esperpento, lo mezquino y lo insignificante son piezas fundamentales del chauvinismo muisca que se echó con las petacas.
Colombia anda de fiesta ante la avalancha derrotista que la identifica como el país perdedor por excelencia. El rumbo del descalabro la tiene vitoreando los reveces en los Juegos Olímpicos de Beijing (Pekín).
El amo de la mediocridad, el presentador deportivo del canal molusco gasterópodo, dedicó el noticiero a promover el evento de la infamia. La ciudad se convirtió en el bazar de los idiotas y beatificó a una deidad miserable. El quebranto enfermizo la poseyó con el delirio de un aquelarre pagano. La celebración, por perder el oro, dispuso la francachela de un desventurado carnaval.
El reportero, en un exceso de fantochería rocambolesca, entrevistó a la humilde madre del aniquilado. El televisor se apagó en un acto de dignidad porque no quería transmitir el cuestionario de la miseria: “¿Señora, qué sintió cuando vio a su hijo colgarse la medalla de plata?” “¿Cambiaría la casa de bahareque por una fiada…?”
Es increíble, pero la comarca lucha por descender del tercermundismo corruptor hacia el inframundo banal, lugar de las almas tristes. Lamentablemente esa conducta, de locos posesos, la pagan los profesionales exiliados. Las urbes civilizadas les cobran la algarabía folclórica y los usan para realizar tareas de sirvientas en los bares londinenses.
La opinión acusatoria, púa del engranaje verbal, no debería llegar hasta este reglón porque el paternalismo vernáculo tiene baja tolerancia a la crítica mordaz.
La diatriba encontró motivos para continuar. Durante una reunión informal en el Centro Cultural Rafael Videla una prostituta, voluptuosa e inoportuna, se atrevió a pedirme una editorial sobre las olimpiadas.
La fémina, en una jugarreta despiadada del destino, pasó por alto mi rechazo visceral por cualquier actividad hedionda a comunista asiático. La magdalena solicitó un rapapolvo para el rufianismo deportivo. Ella insistió en detrimento de la Ley Sálica… y nobleza obliga.
Ante tan hercúlea tarea recurrí al Comité de Normas y Ornatos para Damas y Señoritas. Allí encontré a Blanca, Carmelita, Clara, Violeta, Oliva, Alba, Pura y Celeste. La negra Hidelgunda servía el tradicional chocolate santafereño. Tuve la sensación de estar metido dentro de una palestra de Miró.
Saludé y expuse parte de la misión. Las matronas se miraron con aire de circunspección y al unísono contestaron: “Mijito, sumercé adorado es un querubín. No te preocupes por esas frivolidades”. Desde que dejaste de escribir para el periódico liberal eres la luz de nuestros ojos. Las directivas, de tan benemérita institución, son la percepción hecha razón.
-¿En qué te podemos servir?
-Necesito complacer a una ramera.
El preinfarto fue múltiple. Los anatemas, los juramentos y las penitencias con el Deán de la Catedral Primada no tardaron. Se acordó realizar una entrevista redactada.
La bella tarea, usada por los diarios del siglo pasado, tiende a hacia la literatura. Ante el imperativo conceptual se optó por lo simple, formular una pregunta y copiar la respuesta. Esto permitirá que los denuestos tengan un destino distinto al redactor.
El tema: ¿Qué opina de la participación de Farsolandia en los Juegos Olímpicos de Pekín?
Doña Blanca:
“-Esa ralea de patinchados y desgalamidos, además de fullera es ofensiva. A quién se le ocurrió el disparate de mandar chivatas desnutridas a que hicieran el papelón con el primer aplauso. Se atortolaron porque vieron a unos ojirasgados más taimados que la comitiva patria.
“Los aficionados a malbaratar el erario se colaron en el Interdepartamental de Turmequé y creyeron estar listos para descrestar a los anfitriones con sus corroscas vueltiadas. El resultado fue un desastre que se debatió entre la humillación y la fatalidad. Los aborígenes montaraces apenas son aptos para ir a competir en las luchas interveredales del Festival de Huitaca. Los patirrajados están acostumbrados a participar en clubes gallísticos de dudosa reputación y punto.
“Y ni hablar de la avejentada de la bicicleta. Duró tres años achajuanada y gimiendo para que le devolvieran un deplorable adminículo de bronce. Los jueces, cansados del lloriqueo montañero, le mandaron por correo la presea. Llegó a Pekín, fracasó y salió radiante a divulgarlo por los medios. Y amenazó con ir a los próximos juegos… ¿Qué tal la conchuda?
“Hermeregilda, tráigame la gotas de valeriana…”.
Doña Carmelita:
-Mi sol, ¿dónde piensas publicar esta denuncia?
-Mi buena señora en www.farsolandia.blogspot.com donde los adjetivos se atreven en contra de la malvada colombianada.
-“Por un momento pensé que eras del periódico de don Fidel donde engañan más que mitómano electorero. A propósito: ¿cómo así que la opinión es noticia? Si es así robaron a mi bisnieta en la universidad. El eslogan publicitario contradice más de dos centurias de periodismo profesional. El bello oficio no le pertenece a las casas editoriales. El arte de la palabra es la causa de los hombres libres.
“La opinión es un juicio que puede ser verdadero o falso. Para Platón la opinión (doxa) se opone al saber (episteme) y el proceso del conocimiento atraviesa estos campos. Sin embargo, ese conocimiento, basado en la apariencia y en el lenguaje debe superarse por el razonamiento y la intuición”.
-Misia, es una pena interrumpirle su disertación, pero el tema es sobre los Juegos Olímpicos.
-“¿Acaso no es lo mismo? Aquí juegan olímpicamente con los lectores. La opinión pública se debate entre el horóscopo y el escándalo presidencial del roscograma. El periódico lo venden para madurar los aguacates porque sus editoriales zurdas son como el estadio Nido de Pájaro, paja y mierda…”.
-Mi dulce damisela, la diferencia es que unos escriben, otros sudan y el resto aplaude.
-Varón epónimo, mi opinión no es noticia es un axioma.
-“Es el colmo de la lobería. Los badulaques salieron a la gachapanda a tomarse fotos con los esclavos de un sistema de harapientos. De cuándo acá los zarrapastrosos se gastan los viáticos en ir a rochelear junto a la Gran Muralla. Se parecían a los perros de Pávlov, babeaban cuando les mostraban las medallas… Los deberían multar por andar boquiabiertos.
“Posaron para la cámara cual domésticas endomingadas en el parque de la Independencia. Horror de los horrores… Mejor le doy la palabra a la directora porque la opinión de la gente de bien es un dogma”.
Doña Clara:
“-Mire, mi querido filipichín, particularmente no veo a los chocantes mequetrefes de la televisora porque son los motivadores de la calamidad. Ellos, cual provincianos de alpargate, quedaron boquiabiertos con el ‘cuento chino’. El paso de los oropeles, la bruma, la pólvora y el polvorete les obnubiló la conciencia atosigada por el hambre.
“Las trapisondas, en el festejo inaugural, son una muestra del uso excesivo del opio dentro del comunismo-capitalista. La mímica escondió el talento. La niña cantora fue desplazada por la imagen y las ‘huellas de luces’ son la síntesis de la tramoya oriental. Amigo, bastión de la cristiandad indivisa, copia mis quejas porque los rojos están sangripesados.
“Los bolcheviques me tienen espalda contra la pared. Esa perversa caterva de forajidos anda de fiesta y humareda. La horda de los impíos no cesa en su clamor criminal por vitorear la acción delictiva de la República Populachera China. Las arengas subversivas, pasión de las turbas, me produjeron otitis.
“Los parias no quieren admitir que los despreciables cómplices de la Banda de los Cuatro hicieron trampa. Los esteroides, los sobornos, los plagios y las tenebrosas maniobras para ofender la razón de las justas son parte de sus logros dorados. En fin, estoy haciendo una colecta para financiar la gimnasia local con:
“a). Un cuaderno de ferrocarril para que hagan planas: ‘El fracaso rotundo no es un logro de la contagiosa malicia indígena’.
“b). La donación del Manual de urbanidad y buenas maneras para uso de la juventud de ambos sexos en el cual se encuentran las principales reglas de civilidad y etiqueta que deben observarse en las diversas situaciones sociales, precedido de un breve tratado sobre los deberes morales del hombre para que no ofendan a la humanidad con las mañas de los desgualetados.
Doña Violeta:
“-Señor cronista, si quiere ser bienvenido en esta noble morada no me hable de la medallita de plata otorgada a la fuerza bruta del hombre bestia, el aporte del atleta criollo. Además, los Juegos Olímpicos son para las sociedades amantes del espíritu helénico donde las derrotas se sufren y no se celebran. Lo insoportable del asunto es que recibirán a los traidores con vítores y no con mastines hambrientos”.
Las nobilísimas matronas Oliva Alba, Purita y Celeste sentenciaron: “Una entrevista encargada por una vulgar ramera no es digna de ser respondida por unas santas comadres”.
-Señoronas, la meretriz de Muequetá pidió ser la presidenta del Comité Olímpico de Farsolandia para que sus hijos aprendan a triunfar con “horrores prefiriendo a pérfida salud”.
El ridículo, lo grotesco, lo risible, lo incongruente, el esperpento, lo mezquino y lo insignificante son piezas fundamentales del chauvinismo muisca que se echó con las petacas.
Colombia anda de fiesta ante la avalancha derrotista que la identifica como el país perdedor por excelencia. El rumbo del descalabro la tiene vitoreando los reveces en los Juegos Olímpicos de Beijing (Pekín).
El amo de la mediocridad, el presentador deportivo del canal molusco gasterópodo, dedicó el noticiero a promover el evento de la infamia. La ciudad se convirtió en el bazar de los idiotas y beatificó a una deidad miserable. El quebranto enfermizo la poseyó con el delirio de un aquelarre pagano. La celebración, por perder el oro, dispuso la francachela de un desventurado carnaval.
El reportero, en un exceso de fantochería rocambolesca, entrevistó a la humilde madre del aniquilado. El televisor se apagó en un acto de dignidad porque no quería transmitir el cuestionario de la miseria: “¿Señora, qué sintió cuando vio a su hijo colgarse la medalla de plata?” “¿Cambiaría la casa de bahareque por una fiada…?”
Es increíble, pero la comarca lucha por descender del tercermundismo corruptor hacia el inframundo banal, lugar de las almas tristes. Lamentablemente esa conducta, de locos posesos, la pagan los profesionales exiliados. Las urbes civilizadas les cobran la algarabía folclórica y los usan para realizar tareas de sirvientas en los bares londinenses.
La opinión acusatoria, púa del engranaje verbal, no debería llegar hasta este reglón porque el paternalismo vernáculo tiene baja tolerancia a la crítica mordaz.
La diatriba encontró motivos para continuar. Durante una reunión informal en el Centro Cultural Rafael Videla una prostituta, voluptuosa e inoportuna, se atrevió a pedirme una editorial sobre las olimpiadas.
La fémina, en una jugarreta despiadada del destino, pasó por alto mi rechazo visceral por cualquier actividad hedionda a comunista asiático. La magdalena solicitó un rapapolvo para el rufianismo deportivo. Ella insistió en detrimento de la Ley Sálica… y nobleza obliga.
Ante tan hercúlea tarea recurrí al Comité de Normas y Ornatos para Damas y Señoritas. Allí encontré a Blanca, Carmelita, Clara, Violeta, Oliva, Alba, Pura y Celeste. La negra Hidelgunda servía el tradicional chocolate santafereño. Tuve la sensación de estar metido dentro de una palestra de Miró.
Saludé y expuse parte de la misión. Las matronas se miraron con aire de circunspección y al unísono contestaron: “Mijito, sumercé adorado es un querubín. No te preocupes por esas frivolidades”. Desde que dejaste de escribir para el periódico liberal eres la luz de nuestros ojos. Las directivas, de tan benemérita institución, son la percepción hecha razón.
-¿En qué te podemos servir?
-Necesito complacer a una ramera.
El preinfarto fue múltiple. Los anatemas, los juramentos y las penitencias con el Deán de la Catedral Primada no tardaron. Se acordó realizar una entrevista redactada.
La bella tarea, usada por los diarios del siglo pasado, tiende a hacia la literatura. Ante el imperativo conceptual se optó por lo simple, formular una pregunta y copiar la respuesta. Esto permitirá que los denuestos tengan un destino distinto al redactor.
El tema: ¿Qué opina de la participación de Farsolandia en los Juegos Olímpicos de Pekín?
Doña Blanca:
“-Esa ralea de patinchados y desgalamidos, además de fullera es ofensiva. A quién se le ocurrió el disparate de mandar chivatas desnutridas a que hicieran el papelón con el primer aplauso. Se atortolaron porque vieron a unos ojirasgados más taimados que la comitiva patria.
“Los aficionados a malbaratar el erario se colaron en el Interdepartamental de Turmequé y creyeron estar listos para descrestar a los anfitriones con sus corroscas vueltiadas. El resultado fue un desastre que se debatió entre la humillación y la fatalidad. Los aborígenes montaraces apenas son aptos para ir a competir en las luchas interveredales del Festival de Huitaca. Los patirrajados están acostumbrados a participar en clubes gallísticos de dudosa reputación y punto.
“Y ni hablar de la avejentada de la bicicleta. Duró tres años achajuanada y gimiendo para que le devolvieran un deplorable adminículo de bronce. Los jueces, cansados del lloriqueo montañero, le mandaron por correo la presea. Llegó a Pekín, fracasó y salió radiante a divulgarlo por los medios. Y amenazó con ir a los próximos juegos… ¿Qué tal la conchuda?
“Hermeregilda, tráigame la gotas de valeriana…”.
Doña Carmelita:
-Mi sol, ¿dónde piensas publicar esta denuncia?
-Mi buena señora en www.farsolandia.blogspot.com donde los adjetivos se atreven en contra de la malvada colombianada.
-“Por un momento pensé que eras del periódico de don Fidel donde engañan más que mitómano electorero. A propósito: ¿cómo así que la opinión es noticia? Si es así robaron a mi bisnieta en la universidad. El eslogan publicitario contradice más de dos centurias de periodismo profesional. El bello oficio no le pertenece a las casas editoriales. El arte de la palabra es la causa de los hombres libres.
“La opinión es un juicio que puede ser verdadero o falso. Para Platón la opinión (doxa) se opone al saber (episteme) y el proceso del conocimiento atraviesa estos campos. Sin embargo, ese conocimiento, basado en la apariencia y en el lenguaje debe superarse por el razonamiento y la intuición”.
-Misia, es una pena interrumpirle su disertación, pero el tema es sobre los Juegos Olímpicos.
-“¿Acaso no es lo mismo? Aquí juegan olímpicamente con los lectores. La opinión pública se debate entre el horóscopo y el escándalo presidencial del roscograma. El periódico lo venden para madurar los aguacates porque sus editoriales zurdas son como el estadio Nido de Pájaro, paja y mierda…”.
-Mi dulce damisela, la diferencia es que unos escriben, otros sudan y el resto aplaude.
-Varón epónimo, mi opinión no es noticia es un axioma.
-“Es el colmo de la lobería. Los badulaques salieron a la gachapanda a tomarse fotos con los esclavos de un sistema de harapientos. De cuándo acá los zarrapastrosos se gastan los viáticos en ir a rochelear junto a la Gran Muralla. Se parecían a los perros de Pávlov, babeaban cuando les mostraban las medallas… Los deberían multar por andar boquiabiertos.
“Posaron para la cámara cual domésticas endomingadas en el parque de la Independencia. Horror de los horrores… Mejor le doy la palabra a la directora porque la opinión de la gente de bien es un dogma”.
Doña Clara:
“-Mire, mi querido filipichín, particularmente no veo a los chocantes mequetrefes de la televisora porque son los motivadores de la calamidad. Ellos, cual provincianos de alpargate, quedaron boquiabiertos con el ‘cuento chino’. El paso de los oropeles, la bruma, la pólvora y el polvorete les obnubiló la conciencia atosigada por el hambre.
“Las trapisondas, en el festejo inaugural, son una muestra del uso excesivo del opio dentro del comunismo-capitalista. La mímica escondió el talento. La niña cantora fue desplazada por la imagen y las ‘huellas de luces’ son la síntesis de la tramoya oriental. Amigo, bastión de la cristiandad indivisa, copia mis quejas porque los rojos están sangripesados.
“Los bolcheviques me tienen espalda contra la pared. Esa perversa caterva de forajidos anda de fiesta y humareda. La horda de los impíos no cesa en su clamor criminal por vitorear la acción delictiva de la República Populachera China. Las arengas subversivas, pasión de las turbas, me produjeron otitis.
“Los parias no quieren admitir que los despreciables cómplices de la Banda de los Cuatro hicieron trampa. Los esteroides, los sobornos, los plagios y las tenebrosas maniobras para ofender la razón de las justas son parte de sus logros dorados. En fin, estoy haciendo una colecta para financiar la gimnasia local con:
“a). Un cuaderno de ferrocarril para que hagan planas: ‘El fracaso rotundo no es un logro de la contagiosa malicia indígena’.
“b). La donación del Manual de urbanidad y buenas maneras para uso de la juventud de ambos sexos en el cual se encuentran las principales reglas de civilidad y etiqueta que deben observarse en las diversas situaciones sociales, precedido de un breve tratado sobre los deberes morales del hombre para que no ofendan a la humanidad con las mañas de los desgualetados.
Doña Violeta:
“-Señor cronista, si quiere ser bienvenido en esta noble morada no me hable de la medallita de plata otorgada a la fuerza bruta del hombre bestia, el aporte del atleta criollo. Además, los Juegos Olímpicos son para las sociedades amantes del espíritu helénico donde las derrotas se sufren y no se celebran. Lo insoportable del asunto es que recibirán a los traidores con vítores y no con mastines hambrientos”.
Las nobilísimas matronas Oliva Alba, Purita y Celeste sentenciaron: “Una entrevista encargada por una vulgar ramera no es digna de ser respondida por unas santas comadres”.
-Señoronas, la meretriz de Muequetá pidió ser la presidenta del Comité Olímpico de Farsolandia para que sus hijos aprendan a triunfar con “horrores prefiriendo a pérfida salud”.
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